Microsoft revive a las firmas olvidadas

El CEO Steve Ballmer sigue la estrategia ‘keiretsu’, que consiste en financiar compañías en crisis; la tecnológica no paga mucho por ellas pero éstas le permiten seguir compitiendo en el sector.
steve ballmer  (Foto: AP)
Kevin Kelleher
NUEVA YORK -

¿Recuerdas las películas ‘The Bad News Bears,' ‘Hoosiers,' ‘Remember the Titans,' ‘Moneyball,' ‘Friday Night Lights'?

Un entrenador, con sus defectos pero capaz, toma a un grupo de inadaptados, los convierte en campeones, y reaviva la pasión en su corazón. Ha sucedido tantas veces en los filmes que a menudo aseguran estar basados en una historia real.

Ha ocurrido a veces en la vida real, ¿cierto? Y puede suceder en un mundo tan surrealista como el de la industria del Internet. Tiene que haber algún gran entrenador que pueda tomar un grupo diverso de inadaptados y los convierta en un equipo de insólitos héroes. Bien, hay un entrenador que puede inspirar a ese grupo heterogéneo de compañías web: Steve Ballmer.

No ese antiguo Ballmer que jugaba el papel de villano frente al carismático Steve Jobs, sino el nuevo Ballmer, el hombre que habla -discreta pero contundentemente- a través de su billetera. El hombre que lleva en su corazón ejecutivo 60,000 millones de dólares, a la espera de la chispa correcta que encienda la llama.

Esta semana, Microsoft invirtió 300 millones de dólares en el lector digital y los productos educativos de la atribulada librería Barnes & Noble. Esta apuesta se da casi un año después de que Microsoft pagara 8,500 mdd por Skype, empresa que puso fin a un difícil matrimonio con eBay y fue objeto de desaire en su debut bursátil.

Unos meses antes de la compra de Skype, Microsoft anunció una alianza con Nokia para que Windows Phone fuera la plataforma principal de sus smartphones. Nokia fue alguna vez el líder mundial en teléfonos móviles, pero su cuota de mercado cayó del 37% al 31% en el año previo a su asociación con Microsoft, el año siguiente su cuota descendió 23%.

Al igual que Nokia, Barnes & Noble, cuyas acciones han perdido más del 75% de su valor desde 2006, ha atravesado tiempos difíciles. Y un patrón está haciéndose evidente:

A pesar de haber realizado pequeñas adquisiciones, como la compra del motor de búsqueda de vídeos VideoSurf por 100 millones de dólares, y gastar alrededor del 14% de sus ingresos en investigación y desarrollo de nuevas tecnologías cada año, Microsoft está invirtiendo lenta pero constantemente para construir una alianza entre los excluidos de la web.

El acuerdo de Barnes & Noble pone de relieve una estrategia web que para Microsoft es peculiar. Por un lado, la compañía sabe que si quiere ser una fuerza en la industria del software, necesita tener una presencia en Internet.

Por otro lado, Microsoft nunca ha ganado tracción allí. Su división de servicios en línea generó un total de 6,900 millones de dólares en ingresos en los últimos tres años fiscales y registró una pérdida operativa de 6,500 millones de dólares.

Abandonar la web no es realmente una opción para Microsoft, así que... ¿por qué no invertir lo menos posible en fortalecer ese músculo? Parece como si la fallida oferta que hizo Microsoft por Yahoo hace cuatro años (una fusión mal concebida que Ballmer de algún modo debió sentirse aliviado por no haberla concretado) le hubiera enseñado al CEO una lección: la feroz competencia se libra entre los líderes del mercado, y cuando tú no eres un líder, tienes que unirte con otros en la periferia, incluso si alguna vez fueron tus enemigos. Pero que estos nuevos amigos te cuesten lo menos posible.

Hay una ironía histórica en todo este asunto. En los años 80 y 90, cuando Microsoft dominaba la industria del software, Silicon Valley (dirigida por la firma de capital de riesgo, Kleiner Perkins) promovió una red de compañías aliadas a la que denominó ‘keiretsu,' un término que aludía a la práctica japonesa donde las compañías se interconectaban en dos aspectos, estrategia y participaciones accionariales cruzadas.

Una empresa que surgió del ‘keiretsu' auspiciado por Kleiner fue Google, que hizo más que cualquier otra compañía para debilitar el dominio de Microsoft en Internet.

Pero después de Google vino Facebook. Y en la era de Facebook, Microsoft parece haber recurrido al antiguo manual de ‘keiretsu' de Kleiner, el mismo que le quitó poder.

Así, Microsoft está construyendo un equipo de excluidos y héroes inverosímiles - unidos por la estrategia o por las participaciones cruzadas, o ambas - para asegurarse de tener un lugar en la mesa, y acaso usurpar el asiento en la cabecera de la mesa.

Independientemente del resultado que dé el equipo de inadaptados que Ballmer está armando, sus inversiones estratégicas en los últimos años se estudiarán en las escuelas de negocios.

Ellas ejemplifican el arte de la socarronería corporativa. El fabricante de Windows se acerca a una empresa a punto de desaparecer en la marea continua de Internet, y le ofrece el vital flujo de capital que ansía. No le ofrece una fusión completa, sólo una alianza amistosa con beneficios mutuos.

Si seguimos con el símil de las historias hollywoodenses del equipo de inadaptados, tiene que haber una estrella menospreciada, un as que nadie vio venir.

Y Microsoft encontró su as en 2007, cuando la compañía invirtió 240 millones de dólares por una participación de 1.6% en Facebook. En ese entonces, nadie (probablemente ni siquiera Microsoft y Facebook) sabía qué sucedería con ese fichaje.

Pero cinco años después, está reportando beneficios inesperados. Lo de menos es que esa inversión de 240 millones de dólares valdrá 1,600 cuando Facebook salga a Bolsa a una valoración de 100,000 mdd.

Esta alianza va mucho más allá. Microsoft puede darle a la red social una presencia en el segmento de las búsquedas, y aumentar su presencia en la publicidad online. Y no sólo eso.

Después de que Yahoo demandara a la red de contacto por violación de patentes, Facebook pagó a Microsoft 550 millones de dólares por patentes que ésta recientemente le compró a AOL. Este es un ‘keiretsu' en acción.

La pregunta ahora es, ¿de quién es este keiretsu? ¿Será Facebook una parte importante del keiretsu que Microsoft ha desplegado, o será al revés? Sí, es probable que sea al revés, pero recordemos que Microsoft tiene ahora una de las principales aplicaciones VoIP del mundo (Skype), una de los mejores aplicaciones para lectores digitales del mundo (Barnes & Noble), un sistema operativo potencialmente viable para tablets y el fácil acceso a un fabricante de teléfonos móviles con alcance global (Nokia). Y Facebook no tiene nada de eso.

El equipo de marginados que Microsoft está construyendo puede, al final, perder. Pero si me permiten recurrir otra vez a la metáfora deportiva, todo lo que un equipo tiene que hacer en una temporada es llegar a los playoffs. Una vez que clasifica, cualquier cosa puede suceder. Microsoft sabe que es poco probable que su estrategia lo convierta en un líder. Sólo quiere mantenerse en el juego a un costo mínimo. No es una mala estrategia, y tal vez le conceda a Microsoft su deseo.

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