Caso JPMorgan no justifica regla Volcker

Pese a la pérdida del banco, el dinero de los contribuyentes no está en riesgo, según Allan Sloan; el experto en negocios dice que la norma que busca regular la banca puede tener vacíos.
JPMorgan  (Foto: AP)
Allan Sloan*

Apilarse sobre otros jugadores (‘piling') acarrea penalizaciones en el futbol americano, pero es una popular forma de practicar el periodismo. Por lo tanto, para un veterano crítico de los bancos como yo, es tentador unirse a la multitud que grita que la enorme pérdida registrada por JPMorgan Chase, el mayor banco de Estados Unidos, muestra la urgente necesidad de adoptar la Regla Volcker para prohibir el comercio especulativo en las instituciones que tienen depósitos bancarios asegurados por el Gobierno federal.

Y es especialmente tentador ensañarse con Jamie Dimon, el director ejecutivo del banco, el opositor más destacado de la Regla Volcker. Durante meses Dimon ha hablado acerca de los supuestos peligros de una sobrerregulación de los bancos, y ahora su banco acaba de sufrir un golpe de unos 2,000 millones de dólares. Nos puede invadir el sentimiento ‘Schadenfreude' (el más criollo ‘regodeo' alegrarse de la infelicidad del otro).

Pero si asumimos una mirada desapasionada, veremos que el banco no está en peligro. Avergonzado, sí. En peligro, no. Los accionistas de JPM están sufriendo también las pérdidas, la acción cayó 7% en el momento en que escribí este texto (viernes), pero los contribuyentes no parecen estar ni remotamente en peligro. Dimon dijo el jueves pasado que Morgan espera registrar un beneficio en el trimestre actual, aunque uno muy por debajo de las expectativas anteriores. Incluso si el banco registra una pérdida en el trimestre, su sólida base de capital - 190,000 mdd al 31 de marzo - puede fácilmente absorberla.

Si la compañía de 2.300 billones de dólares no está en peligro, no hay ninguna posibilidad de que los contribuyentes tengan que hacer valer los 608,000 mdd en depósitos asegurados por el Gobierno federal que las filiales de su banco tenían al 31 de diciembre. Si los contribuyentes no peligran dado el pequeño tamaño de la pérdida en relación con el colchón de capital del banco, ¿cómo dicha pérdida justifica la necesidad de una regla Volcker para proteger a los contribuyentes? Respuesta: no la justifica.

No hay duda de que la incompetencia y la codicia por parte de las gigantescas instituciones financieras, especialmente los bancos, provocó la crisis financiera que casi hunde al mundo en 2008 y 2009. Y eso les costó muy caro a los contribuyentes estadounidenses, en una variedad de maneras. Pero las tremendas pérdidas que expusieron a los contribuyentes a enormes riesgos derivaron de las entidades que realizaron préstamos incobrables y se atiborraron de activos (en particular activos asociados a hipotecas) que resultaron ser tóxicos. Las pérdidas de ese entonces no provinieron de operaciones especulativas que los bancos acometieron por su propia cuenta.

Estoy totalmente a favor de regular y limitar a los bancos que tienen depósitos garantizados por el Gobierno federal. Me opuse a la derogación de la ley Glass-Steagall, la legislación de la era de la Depresión que separaba la banca comercial (que involucra depósitos asegurados) de la banca de inversión, que es un negocio mucho más riesgoso. Pero el Congreso, en su sabiduría, anuló la Glass-Steagall para permitir que Citibank y Travelers Insurance pudieran unirse, una fusión que en su mayoría se ha desmontado porque los líderes de lo que se convirtió en Citigroup no tenían idea de cómo manejar una organización tan grande y compleja.  (Dimon fue un hombre importante en Travelers,  pero fue despedido por su jefe y mentor, Sandy Weill, por no hacer un buen equipo con los demás, años antes de que la fusión degenera en un desastre.)

En un mundo ideal, ordenaríamos este lío obligando a las instituciones a reducir su tamaño hasta que ya no fueran demasiado grandes para quebrar (el ‘too big to fail'). Sin embargo, no haremos eso, en cambio, estamos tratando de resolver el problema mediante el establecimiento de una nueva regulación más competente que las anteriores.

La Regla Volcker, nombrada así por su creador Paul Volcker, ex presidente de la Reserva Federal, es un ejemplo del problema que supone regular a las empresas gigantes en un mundo complejo. El principio suena maravilloso y simple: no permitir que los bancos utilicen los depósitos asegurados por el Gobierno federal para las operaciones de riesgo. Pero la implementación está probando ser increíblemente difícil, como los realistas (me incluyo) predijeron que sería. Una vez que los abogados bancarios terminen de encontrar las lagunas en las disposiciones detalladas, la Regla probablemente tendrá poco impacto significativo.

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Así que ensañémonos todo lo que queramos con Morgan por sus pérdidas, siéntanse libres de reírse al ver a Jamie Dimon perder su aplomo y comerse sus errores. Pero no nos confundamos, lo ocurrido con Morgan no abona a la supuesta necesidad de la Regla Volcker, la cual tendrá un impacto simbólico, al aparentar gobernar sobre Wall Street. Pero demostrará ser más útil para darle empleo a los especialistas en lagunas legales que para regular a los bancos.

*El autor experto en negocios es Editor Senior de Fortune.

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