El ocaso tecnológico de Japón

Empresas como Apple, IBM y Microsoft alguna vez estuvieron a la sombra de los gigantes japoneses; con el auge de Internet y los teléfonos inteligentes, Sony y Panasonic quedaron rezagadas.
JAPON SONY PANASONIC  (Foto: CNN)
Kevin Kelleher
NUEVA YORK -

"Este país está en guerra y algunas personas lo entienden y algunas personas están del lado del enemigo".

Lo creas o no, alguien escribió alguna vez esas palabras paranoides acerca de las empresas japonesas. Fue hace sólo dos décadas, cuando la gente estaba preocupada -erróneamente, pero provechosamente- por el terrible y certero espectro de que Japón carcomería el crecimiento económico de Estados Unidos.

Encontré esa cita paranoide en Rising Sun, la malísima y poco memorable novela de aeropuerto de 1992 acerca de unos policías estadounidenses que frustran los planes de Japan Inc. con cintas de video (bienes de consumo casi seguramente fabricados por Japan Inc.). Pero Michael Crichton no fue el único que se benefició de dicha hipocondría cultural. Otros Best sellers de no ficción de esa época incluyeron a Enigma of Japanese Power de Karel van Wolferen, Trading Places de Clyde Prestowitz, y Agents of Influence de Pat Choate.

Todos eran malos libros, y la única razón para recordarlos ahora es para medir el límite máximo del poder de innovación que los gigantes electrónicos de Japón alguna vez alcanzaron, aunque sea brevemente, antes de caer nuevamente. Y con fuerza. Hubo un momento en que empresas como Apple, IBM y Microsoft estaban a la sombra de gigantes electrónicos japoneses como Sony, Panasonic, Sharp y Nintendo. Pero ya no.

¿Qué pasó? En Estados Unidos, las inversiones de capital de riesgo en tecnología emergente de Internet cobijaron a nuevas empresas como Google y Facebook y las convirtieron en gigantes. IBM y Apple tomaron medidas audaces para encontrar nuevos mercados; y Microsoft se encuentra en vías de hacer lo mismo. No fue la política comercial de Estados Unidos la que silenció a los 'Nipófobos', fue el auge de Internet en general, y el de la web en particular.

Los conglomerados de electrónica japoneses nunca comprendieron realmente la web, sin importar cuánto lo intentaron. Podían seguir la web, pero nunca, ni por un momento, demostraron que podían conducirla hacia un nuevo territorio. Y el fin de la web es explorar un nuevo territorio.

Así, aunque varios best sellers trataron de advertir sobre el auge de Japón Inc., muy pocos o ninguno explicaron lo que salió mal. Fue la explosión de la burbuja bursátil japonesa, y las subsecuentes dos décadas de deflación.

Fue la tendencia esclerótica de las empresas japonesas que se aferraron obstinadamente -mucho después de que dejó de tener un sentido económico- a las prácticas que las llevaron a su auge: participación accionaria cruzada, una oscura intimidad con los burócratas del Gobierno y la sensación de que la empresa sabía mejor que el consumidor lo que era mejor para él.

Las firmas electrónicas japonesas prosperaron en los años 80 y principios de los 90 debido a una combinación de alta calidad y precios bajos. Sus consumidores domésticos subsidiaron los bajos precios de los productos electrónicos japoneses en el extranjero. Pero una vez que estalló la burbuja bursátil japonesa, sólo se necesitaron unos cuantos años para que Sony, Panasonic y otros recortaran los presupuestos de investigación y desarrollo que eran su flujo vital.

Así que el primer iPod irrumpió frente al Walkman de Sony como el reproductor de audio portátil indispensable (a pesar de la breve y maravillosa vida del discman de Sony), Nintendo y Sega cedieron el dominio de los videojuegos a Electronic Arts y Activision, y más tarde a Zynga y Rovio. Estéreos y televisores fabricados con los nombres de Sony y Panasonic fueron suplantados por marcas oscuras como Vizio, Sonos y Roku.

El daño se puede medir en las acciones de estos titanes de la electrónica. Sony, alguna vez la marca de mayor prestigio en la electrónica de consumo, ha visto a sus ADR perder el 72% de su valor en los últimos cinco años. Sharp ha perdido el 76% de su valor; Panasonic, 66 % y Nintendo, 60%.

A Olympus, que ha estado envuelto en uno de los peores escándalos financieros desde Enron, curiosamente le ha ido mejor. Sus ADR han bajado sólo 59% en los últimos cinco años. Entonces, ¿qué dice eso acerca de sus compañeros con peor rendimiento?

El daño puede ser explicado en términos de los mercados en que estas empresas, alguna vez dominantes, se han enfocado y han evitado. Los que antes eran momentos Kodak están siendo ahora capturados en teléfonos inteligentes, y la cámara independiente se ha convertido en un dispositivo de alta categoría para los aficionados a la fotografía de hueso colorado.

Los equipos de sonido se han bifurcado de manera similar: son lo suficientemente portátiles como para reproducir música en cualquier momento y en cualquier lugar, o son lo suficientemente complejos como para satisfacer a los amantes del audio más devotos.

¿Y los televisores, que fueron durante mucho el pilar principal de los gigantes japoneses? Se están convirtiendo en dispositivos auxiliares, pantallas de alta definición para películas y programas de televisión transmitidos a través de Internet.

Sí, Internet, ese talón de Aquiles de los fabricantes electrónicos japoneses. Los consumidores están satisfechos con ver un juego de futbol en sus computadoras portátiles, o una película en su teléfono mientras esperan en el aeropuerto.

El televisor tradicional en el que Japón alguna vez se especializó debe volverse más grande, más  extravagante y más extremo para poder competir con las pantallas más pequeñas, pero más móviles. Pero la verdadera amenaza es que el video está moviéndose hacia los dispositivos portátiles.

Japón nunca ha tenido fuerza en el sector de smartphones y laptops. Esos mercados pertenecen a Apple y Samsung. E incluso el televisor conectado a Internet parece destinado a ser del dominio de Apple.

Además, está la terminología. Sony, Sharp y demás siempre han sido llamadas firmas de electrónica. Si acaso 'electrónica' era un nombre atractivo para una industria hace 30 o 40 años, ahora suena arcaico: La electricidad es una herramienta, no una novedad. Incluso el Internet o en la web suenan un poco anticuados ahora, por lo cual buscamos nuevos términos como web social o web semántica. O incluso nos preocupamos por la desaparición de Silicon Valley.

¿Y los fabricantes de electrónicos japoneses? Están incluso más atrás. Pero no se debe a ninguna venganza obra del ingenio estadounidense. Como el policía paranoide en Rising Sun de Crichton señaló: Japón ciertamente fue una guerra. Pero durante la última década más o menos, ha sido claro que el peor enemigo de Japón es él mismo.

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