El corazón de chocolate de Buffett

See’s Candies fue la primera inversión no financiera del oráculo de Omaha, y la que más disfruta; la compañía de dulces propiedad de Berkshire Hathaway ha florecido en un mercado muy competido.
Warren Buffet chocolate  (Foto: Cortesía Fortune)
Daniel Roberts
NUEVA YORK -

En respuesta a un correo electrónico formal acerca de programar una entrevista larga con Charlie Munger, su asistente simplemente escribió: "Charlie dice que venga mañana a las 8:30".

No era lo que yo esperaba. Y era un poco temprano para mí, siendo nuevo en el tráfico de Los Ángeles y cansado por el largo día anterior recorriendo la planta de See's Candies in LA; era una tarea agotadora, pero algún escritor intrépido tenía que hacerlo.

Debido a que simplemente me dijeron que apareciera en la casa privada de Munger en Los Ángeles esa mañana de miércoles en mayo, la cita se sentía marcadamente informal en comparación con mi encuentro con Warren Buffett, que sería al día siguiente y había sido previsto con mucha antelación. Yo iba a volar a Omaha esa noche.

Me levanté a las siete el miércoles, llené mi bolso, salí del hotel y subí a mi auto rentado, un Mitsubishi Gallant blanco con una disfuncional unidad GPS de Hertz.

El tráfico era malo, pero logré atravesarlo y me estacioné fuera de la dirección de Munger a las 8:31. Su casa es grande, pero no es una mansión, parece una casa estándar de lujo de California, completada con un techo rojo y muchas palmeras alrededor de la entrada. Cuando me acerqué a la puerta, se abrió como por arte de magia. Un mayordomo (o mesero, o tal vez ambas cosas) me llevó a una pequeña sala de lectura donde el abogado Munger, de 88 años de edad y viejo colega y socio de inversión de Buffett, estaba sentado en un sillón usando una gran lupa para leer un libro de tapa dura.

El hombre es un lector voraz. "Charlie ha leído tanto como nadie que conozca", me dijo más tarde Buffett. "Tiene 88 años ahora y cuando tenga 98 va a recordar todo lo que leyó. Ésa es la diferencia. Yo leo y lo disfruto, pero no recuerdo ni una maldita cosa".

Charlie y yo fuimos al comedor de su casa, donde empezamos a hablar inmediatamente sobre See's Candies, la marca que convenció de comprar a Buffett en 1972 por 25 millones de dólares.

El primer detalle inmediatamente evidente sobre Munger es que en los negocios y en todo lo demás conoce a todo el mundo y lo recuerda todo. A cada paso, es capaz de recordar anécdotas específicas y oscuras acerca de las adquisiciones y quiebras que se relacionan de alguna manera con el tema en cuestión.

Habló de cuando Hershey intentó expandirse por primera vez en Canadá. Comentó sobre Kodak: "La gente piensa que fue un fracaso total, pero se olvidan de que Kodak en realidad no fue a la quiebra, porque Eastman Chemical sobrevivió como una empresa próspera y ellos la escindieron"; y acerca de P&G: "Procter & Gamble, acaban de hacer una fortuna con algunos de los productos para el cuerpo. Algunas de estas marcas, quiero decir, si puedes hacer algo que realmente mejore la piel. Eso es lo último a lo que la gente renunciará".

Puede que no posea el sentido de humor obvio y alegre de Buffett, pero Munger tiene la capacidad de hacerte reír incluso cuando está hablando de algo completamente seco y práctico.

Mientras el hombre que me había conducido a la casa servía el desayuno de huevos revueltos, patatas fritas caseras y delicioso tocino, Munger habló de los puntos fuertes de See's a través de los años.

A su juicio, la firma ha tomado las decisiones correctas, antes de que Berkshire llegara y después de eso. "Hay muchas empresas de chocolate empaquetado, es un antiguo deseo humano", dijo. "A la gente le gustan esas pequeñas piezas". Pero See's ha trabajado duro para evitar canibalizar sus propias tiendas, y siempre ha tenido una naturaleza cautelosa que la ha ayudado a tener éxito en el largo plazo, aseguró. "Y, por supuesto, básicamente no la hemos tocado en absoluto", agregó. Señaló la importancia de See's como artículo de regalo. "¿Quién quiere dar un regalo que proclama 'Soy barato'?"

Yo no quería lucir barato en mi siguiente parada ante Buffett, así que en mi bolsa había empacado una caja de paletas de chocolate See's -sus favoritas-, así como un turrón de nuez de la India, una variación del turrón de cacahuate, y un nuevo producto de See's.

Ambos provinieron de Johnnie Woods, quien se encarga de los pedidos en See's; ella me sugirió que los llevara a Omaha. Yo estaba feliz de jugar a ser un repartidor para el Oráculo.

Tomé mi vuelo de Los Ángeles a Omaha más tarde y cuando aterricé esa noche de primavera, fresca y llena de neblina, me sorprendió encontrarme bastante impresionado con Omaha. El centro de la ciudad -aunque es divertido llamarlo así, cuando se viene de Manhattan- era amplio, tranquilo y bonito.

Por la mañana, estaba preocupado por llegar tarde, así que tomé un taxi desde muy temprano hacia el edificio Kiewit, que alberga las oficinas de Berkshire Hathaway en un piso alto.

Berkshire ocupa un modesto rincón con letras de metal en el pasillo como un bufete de abogados. Me sorprendió que no hubiera un letrero de Berkshire Hathaway en ningún lugar en el exterior del edificio, pero por supuesto ése es el estilo de Buffett.

Debo admitir que mientras aterrizaba la noche anterior, casi esperaba ver a un gigantesco letrero de Berkshire Hathaway desde el avión, como el anuncio de 'Witness' de LeBron James visible para todos los que despegan del aeropuerto de Cleveland. No había tal. Sin embargo, hay un gran cartel en el aeropuerto de Omaha que presenta la foto de Buffett del anuario de la Universidad de Nebraska junto con la frase: "¿Mi consejo? Invierte en ti mismo".

Buffett salió a mi encuentro y me llevó de vuelta a su oficina, que también carece de pretensiones, es modesta en tamaño pero adornada, como el pasillo, con decenas de fotografías enmarcadas: Buffett con políticos famosos, atletas, celebridades, y una de él lanzando la primera bola en el Fenway Park, mi favorita como nativo de Boston.

Eventualmente discutimos acerca de Jordan's Furniture, un minorista de Massachusetts creado por dos hermanos que fue vendido a Berkshire en 1999, la compañía patrocina un letrero en Fenway. Por cierto, no hay ninguna computadora en su oficina.

Como todos saben, Buffett tiene una voz poco común, un sentido del humor subido de tono y una risa contagiosa.

Cuando habló de See's tuvo y aprovechó muchas posibilidades para bromear; pero, por lo que sé, él podría encontrar un humor igual en una conversación sobre algo tan poco atractivo como Geico (Government Employees Insurance Company). Cuando hablamos de la planta de See's en Los Ángeles, Buffett dijo que siempre ha amado el nombre de la "sala de envoltura", donde las piezas de chocolate son cubiertas con más chocolate, porque "como que suena a una sala funeraria".

Durante nuestra charla, deduje que See's ha estado más cerca del corazón de Buffett, más que cualquier otra compañía propiedad de Berkshire.

Dijo algo así: "Fue como la primera compañía no de seguros que compramos, o compañía no financiera, y por eso solía pasar mucho tiempo (enfocado en ella). Solía ser capaz de decirte qué números de tiendas eran cuáles. Pero eso es porque no teníamos ninguna otra compañía. Ahora tenemos setenta y tantas empresas".

Encontré que Buffett es una persona muy fácil para sentarse y charlar, tal vez más fácil que Munger, quien era un poco intimidante. Pero aunque sus comportamientos son diferentes, su visión para los negocios coincide en parte, y a menudo remarcaban los mismos puntos. Muchas de las observaciones que Buffett hizo acerca de See's eran tan similares a las declaraciones de Munger que era espeluznante. Por supuesto, tiene sentido, ya que los dos se convirtieron en uno de los duetos de inversión más exitosos del siglo pasado.

Y a pesar de que Buffett tiene un enfoque de no intervención y deja a Brad Kinstler liderar a See's, de todos modos tiene algunas grandes ideas para los productos que más le gustan. Por ejemplo, cree que las paletas podrían ser vendidas en las sucursales de Starbucks.

Me dijo muchas buenas historias en el transcurso de una hora, incluyendo una memorable de cuando See's estaba tratando de expandirse en Japón. Eso se había intentado antes, incluso en Tokyo Disneyland, pero sin una suerte prolongada. En un punto, una mujer japonesa cerró un acuerdo de bienes raíces con Chuck Huggins, el presidente ejecutivo de See's antes de Kinstler.

Cuando la esposa de Huggins murió, la mujer fue a Estados Unidos para asistir al funeral, y en la recepción Buffett la conoció por primera vez. Cuando él se acercó, ella le tendió la mano. "No sabía qué demonios estaba haciendo", recordó. "Así que finalmente la miré y como que... le di una palmada". Resulta que ella estaba pidiéndole su tarjeta de presentación, y en cambio, él había 'chocado esos cinco'. "Prácticamente, había destruido nuestra relación", dijo.

Buffett está contento de haber encontrado a See's. "Es increíble", dijo. "Casi nos lo perdimos. Charlie no se lo hubiera perdido. Yo lo habría perdido, y nunca habría sabido de lo que me perdí".

Yo, mientras tanto, extrañaré a Buffett, e incluso a Omaha. Sentado en un Barnes & Noble con seis horas para matar después de mi entrevista, recibí una llamada de nuestros agentes de reservación de viajes corporativos, que me dijeron que podían conseguirme un vuelo antes.

Había llegado a esa plaza comercial en un autobús público. Tendría que apresurarme para llegar al aeropuerto, el vuelo anterior saldría en una hora. Me levanté y pregunté a la mujer en el mostrador de Starbucks, que parecía de 30 años o menos, si había alguna manera sencilla de ir desde ese Barnes & Noble al aeropuerto, o si mi única opción era llamar un taxi. "No sabría decirle", me dijo amablemente: "Nunca he estado en el aeropuerto". Pensé que se había expresado mal. "¿Así que nunca ha salido de Omaha?", le pregunté. Ella dijo: "¡Exacto!", y se rió. Luego probé con una empleada de Barnes & Noble, que estaba sentada tomando un café. Le hice la importante pregunta sobre el aeropuerto; ella, que era un poco más joven, tal vez de 25 años, nunca había necesitado ir al aeropuerto tampoco. Llamé un taxi.

Este es el tipo de habitantes de Nebraska que, aunque son perfectamente felices, me hacen sentir que el exitoso trotamundos Buffett es aún más impresionante y notable. También son personas que deben sentirse orgullosas de su héroe local. ¿Y quién puede culparlos? Sentarse con él, sobre todo el día después de reunirse con su brillante amigo y socio, fue una experiencia que nunca olvidaré.

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