JPMorgan y sus empleados impunes

La acusación por la Ballena de Londres señala a varios operadores por ocultar pérdidas de 6,000 mdd; sin embargo, sólo dos de ellos podrían ir a la cárcel y el banco recibió una amonestación menor.
dimon1  (Foto: Getty)
Stephen Gandel
FORTUNE -

Larga vida a la Ballena.Lo más fascinante de la acusación del Gobierno estadounidense de que empleados de JPMorgan Chase cometieron fraude en relación con la pérdida por trading de 6,000 millones de dólares del banco no es a quién se está acusando, sino a quién no.

La longeva jefa de la oficina de la inversión, y la persona que presionó al banco a asumir más riesgos y que estaba muy consciente de las operaciones, Ina Drewno, no está acusada de ningún delito. (¿Por qué no acusarla de falta de supervisión?)

Tampoco será castigado el presidente ejecutivo de JPMorgan, Jamie Dimon, quien dijo a los inversores que el asunto de la Ballena de Londres era "una tormenta en un vaso de agua", incluso después de haber sido alertado de la magnitud de la operación, si no es que de un preciso panorama de las pérdidas.

Dimon también firmó la incorrecta contabilidad de JPMorgan, que finalmente tuvo que ser actualizada, algo por lo cual supuestamente serían responsabilizados los ejecutivos, según la ley Sarbanes Oxley.

Tampoco fueron acusados ninguno de los numerosos agentes de riesgo del banco que aprobaron el cambio al modelo de riesgo que permitió que la funesta operación de la Ballena de Londres se hiciera más grande, incluso a medida que los registros contables parecían mostrar que JPMorgan estaba reduciendo sus riesgos por trading.

Quien también quedó mayormente impune fue JPMorgan. La Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC, por sus siglas en inglés) dice que su investigación continúa. Los reguladores ya han ordenado al banco mejorar sus controles de riesgo, pero parece que esta entidad recibirá solo una amonestación menor.

¿Y recuerdas a la propia Ballena, Bruno Iksil, el verdadero arquitecto de las operaciones malogradas? Sí, está libre de castigo también.

Los casos de la SEC y del Departamento de Justicia de Estados Unidos en contra de Javier Martin-Artajo y Julien Grout, los dos acusados, abren una increíble ventana hacia lo que es ser un operador de Wall Street en estos días, en especial aquellos responsables de carteras multimillonarias conformadas por las cosas más riesgosas del mercado. Martin-Artajo era el jefe directo de Iksil. Grout trabajaba bajo las órdenes de este último, y era responsable de valorar la cartera de Iksil, calculando las ganancias o pérdidas.

La ocultación

Las conversaciones detalladas en las denuncias del Gobierno no son lo que esperarías de tres chicos ante la presión del mercado, enfrentando la operación más difícil de sus carreras.

A principios de 2012, cuando las pérdidas parecían ir en aumento, no hubo una discusión por parte de ninguno de los tres acerca de los bonos o derivados que podrían vender o comprar para minimizar sus pérdidas, lo cual se conoce también como trading.

De hecho, Martin-Artajo parece estar impulsado por el deseo de mantener la cartera sintética -que para entonces había crecido hasta tener un valor nominal de 157,000  mdd- de la forma en que estaba durante el tiempo que fuera posible. Eso no es hacer trading.

Según los documentos judiciales, los tres operadores pasaban mucho tiempo (¿todo su tiempo?) hablando sobre las valoraciones y las marcas y sobre cuánto valen las operaciones que tienen y cómo pueden hacer que las pérdidas recibidas luzcan lo más pequeño posible. Todo comienza con unos ajustes menores. Al final, Grout llevaba una hoja de cálculo que mostraba que las pérdidas reales de los operadores eran hasta 800 mdd mayores de lo que estaban reportando a sus superiores.

En un momento contundente, en el último día del primer trimestre, Martin-Artajo dice a Grout que quiere mostrar una pérdida diaria de solo 200 mdd, a pesar de que es probable que la cartera se hubiera hundido ese solo día mucho más que eso. Cuando Grout hace eso, Martin-Artajo responde y le pregunta si puede reducir la cifra de pérdidas a 150 mdd. La pérdida diaria que terminaron reportando fue de 138 mdd.

Un agente de riesgo de JPMorgan se reúne con Martin-Artajo y le pide que explique la forma en que la cartera está marcada, a lo que Artajo responde básicamente: "Oye, no soy ningún contador". Y sabemos que esa es una excusa muy graciosa porque lo que todos estos chicos parecen estar haciendo es llevar una contabilidad, aunque realmente no de forma legal.

En algún punto del camino Iksil deja el barco. De acuerdo con la acusación del Gobierno, rompió con Martin-Artajo y comenzó a reportar pérdidas más grandes de las que este quería reconocer ante los demás en el banco. Y le dijo a los otros dos operadores que era hora de decir la verdad. Eso, junto con el hecho de que Iksil está cooperando con las autoridades, parece ser la razón por la cual no está siendo acusado.

Irónicamente, Grout fue el primero de los tres en advertir que las operaciones con derivados de Iksil podrían producir enormes pérdidas. A principios de enero, Grout elaboró un plan para que el banco saliera de estas operaciones, pero que terminaría creando una pérdida de 500 mdd. Ambos le dijeron: "No, gracias".

El caso del Gobierno se trata de operadores que ocultan sus pérdidas. A finales de 2011, eso es exactamente lo que hizo Iksil. Tenía una cartera de apuestas encaminadas, por lo menos en nombre, a proteger la cartera crediticia del banco, las cuales iban a pagar si un montón de compañías caían en impago. Pero la economía estadounidense estaba mejorando y eso no estaba sucediendo. Por lo tanto, las operaciones de Iksil se volvieron costosas para la entidad.

Así que a este personaje se le ocurrió una manera de mantener la operación, haciéndola mágicamente rentable. Lo hizo adoptando una enorme cantidad de apuestas compensatorias en un índice ligeramente diferente para convertir su operación con pérdidas lentas en una que era tuviera un flujo de caja positivo, pero que potencialmente también pagara si de pronto las empresas dejaban de pagar sus préstamos y la economía estallaba.

Pese a todas las críticas que Iksil ha recibido en el último año y medio por el error de 6,000 mdd, la operación en sí era en cierto modo brillante, pero también expuso al banco a mucho más riesgo.

No debió haber sido permitida, pero sus superiores -incluyendo a Drew y en parte a Dimon- aprobaron nuevos modelos de riesgo que no solo hicieron inaceptable la cartera mucho más grande, sino que la hicieron parecer como una apuesta más pequeña, o por lo menos una con un riesgo prudente.

La investigación del Senado sobre la pérdida por trading criticó a JPMorgan por no decirle a los inversores que había cambiado su modelo de riesgo, y no realmente por cambiarlo. Este y otros bancos cambian sus modelos todo el tiempo, pues está permitido.

La diferencia aquí es que Iksil, Drew y otros en la institución escondieron las pérdidas en la cartera del banco de una manera que cumplía con las regulaciones. Martin-Artajo y Grout, en cambio, lo hicieron de una manera mentirosa. El resultado final de ambas técnicas fue el mismo: los inversores y los reguladores fueron engañados en cuanto al tamaño de las pérdidas potenciales de JPMorgan.

Habrá algunas quejas sobre por qué Iksil y los otros no fueron acusados también. Pero eso no es culpa del Departamento de Justicia o de la SEC. Y realmente tampoco de Iksil. Él sabía que sus colegas habían pasado de romper las leyes del mercado a romper las leyes del país, y él no estaba dispuesto a seguir. Eso no es del todo recto, pero no está mal tampoco.

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El verdadero culpable es la normativa financiera estadounidense que es todavía excesivamente complicada, llena de lagunas legales que permiten a los bancos ocultar los enormes riesgos que corren todo el tiempo y que están subvencionados por el Gobierno y que los contribuyentes tendrían que cubrir si las cosas salen colosalmente mal.

Al final, el mensaje de Jamie y la Ballena para Wall Street podría ser, lamentablemente, que todavía es posible hacer eso y librar la cárcel, siempre y cuando seas astuto al hacerlo.

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