El Banco Santander está en problemas

El mayor banco español se queda corto en las ambiciosas metas fijadas por su presidente; la estrategia de expansión de Emilio Botín empieza a fallar y enfrenta una difícil sucesión.
santander banco  (Foto: CNN)
Stephen Gandel

A principios de diciembre, Banco Santander gastó 650 millones de dólares en comprar una participación de 8% en el Bank of Shanghai. Para Santander, el banco más grande de España, el acuerdo pareció ser un nuevo caso de un lugar  y un momento equivocados.

También es el último ejemplo de la prolongada estrategia de crecimiento del enérgico presidente de Santander, Emilio Botín. Botín ha perseguido adquisiciones que llevaron al alguna vez aletargado banco español, del cual tomó la dirección de manos de su padre en 1986, mucho más allá de su mercado nacional. Esa estrategia empezó a fallar.

A principios de 2012, Botín, de 79 años, se sentó con Fortune para una entrevista - la primera entrevista importante con una publicación estadounidense-. Botín previó que en los próximos dos años las ganancias de su banco aumentarían en 50%. Hizo una promesa similar a los analistas e inversores en una reunión pocos meses antes.

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Casi dos años después, Botín lamentablemente falló en su objetivo. Lejos de aumentar en 50%, es previsible que el balance general de Santander en 2013 sea 13% menor que en 2011. En total, las ganancias de Santander han caído casi 50% desde 2009, cuando sus ingresos alcanzaron un pico impulsado por los préstamos agresivos en España que ahora acosan al banco.

Todo esto llega en un momento en que Botín perdió al que fue su mano derecha desde hace mucho tiempo. En abril, el veterano presidente ejecutivo de Santander, Alfredo Sáenz, de 70 años, renunció por alegatos de hacer falsas acusaciones en un caso que involucró a Banesto, un banco español rival que Saenz dirigió hasta que Santander lo adquirió en 1994. Junto con Botín, Sáenz lideró al banco durante su periodo de expansión. Botín respaldó a Saenz hasta el final.

Para ocupar su lugar, Botín designó a un ejecutivo relativamente inexperto, Javier Marín, de 47 años, que solía dirigir el banco privado de la firma. Algunos han conclulido que Marín es sólo un reemplazo temporal para eventualmente dar sitio a Ana Botín, de 52 años, hija de Emilio, quien dirige la división en Reino Unido del banco. Pero no está claro si los accionistas apoyarían otra sucesión familiar, sobre todo en un momento en el que el banco parece tener problemas.

Un agujero de ganancias cada vez más profundo

La incapacidad de Botín para llegar a su objetivo ha minado su decreciente credibilidad entre los inversionistas. Las acciones de la compañía cayeron 12% en los últimos tres años, a pesar de los mercados de renta variable generalmente buenos. Peor aún, los analistas bancarios abandonaron casi por completo la acción, y más de la mitad no recomiendan comprar acciones de Santander.

Y es difícil ver cómo el banco puede volver a una senda para mejorar sus ganancias. Por mucho que Santander ha tratado de expandirse en el extranjero, es aún un banco español. Y en un mundo de entidades 'demasiado grandes para quebrar', donde las calificaciones de crédito y las tasas de interés pasivas de los grandes bancos están estrechamente vinculadas a su país de origen, los problemas financieros de España significan que Santander no puede pedir prestado tan barato como Deutsche Bank o como sus rivales estadounidenses que buscan ganar participación de mercado en Europa, a medida que el continente repunta.

Además de eso, el empuje de Santander en Brasil y en otras partes podría ser un riesgo en el futuro cercano. El aumento de las tasas de interés y la desaceleración del crecimiento ponen nerviosos a muchos estrategas respecto de los mercados emergentes.

Emilio Botín no quiso hacer comentarios para este artículo. El director financiero de Santander, José Antonio Álvarez, dice que la crisis de la deuda soberana de Europa y el problema económico de España se convirtieron en un contratiempo mayor que Botín y otros en el banco habían anticipado. Como resultado, el banco tuvo más pérdidas de las esperadas en préstamos españoles. Y Álvarez, al igual que otros ejecutivos del banco, dice que las tasas de interés han sido un lastre para las ganancias.

Álvarez admite que Santander tiene que pagar más por tomar prestado que sus rivales internacionales. Pero también sostiene que Santander es mucho menos dependiente de la deuda tradicional que sus rivales. El banco obtiene la mayor parte de su financiamiento de los depósitos de los consumidores. Es más, después de ser un lastre durante los últimos años, los decrecientes problemas económicos de España deberían comenzar a servir como un viento a favor para el banco.

"Casi todos los mercados en que operamos estarán mejor en 2014 que en 2013", dice Álvarez.

De hecho, algunas de las operaciones de Santander dan frutos, sobre todo en Estados Unidos. En 2006, Santander pagó 636 millones de dólares por el prestamista automotriz con sede en Dallas, Drive Financial. El banco vendió el 25% de la unidad, Santander Consumer USA, en 2011 a dos firmas de capital privado, recaudando 1,000 millones de dólares. El año pasado, Santander presentó una solicitud para volver pública a Santander Consumer. Se espera que la salida a Bolsa valore a la unidad en 6,000 millones de dólares y haga que la participación restante de 65% de Santander tenga un valor de 3,900 millones de dólares.

Santander ha tenido buenos resultados con el banco minorista estadounidense Sovereign, cuya mayor parte compró en 2009, durante lo peor de la crisis financiera, por 2,000 millones de dólares. Solamente en los primeros nueve meses de 2013, la división, que fue rebautizada como Santander este año, ganó 772 millones de dólares. Pero los préstamos y depósitos de los consumidores han decaído.

Sin embargo, nada de eso libra a Botin de la responsabilidad. Los problemas de deuda de Europa eran bien conocidos a finales de 2011 y 2012, cuando Botín hacía optimistas predicciones de crecimiento. Y aunque las pérdidas por préstamos están retrocediendo, esos préstamos con problemas se hicieron bajo la gestión de Botín y, más importante aún, bajo la gestión de su hija y potencial sucesora, que estuvo a cargo de las operaciones de la banca española de Santander durante gran parte de la década de 2000.

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Y Santander podría llegar a un límite respecto a cuánto puede expandirse con base en los depósitos. Santander tiene una proporción de préstamo-depósito del 108%, lo que significa que ha prestado más dinero del que tiene en sus cuentas. Esa proporción se ha reducido significativamente desde hace cinco años, cuando era de 150%. Pero eso era cuando los reguladores eran mucho más indulgentes. Y es mucho más alta que la de sus rivales estadounidenses, cuyas proporciones de préstamo-depósito son cercanas al 70%, lo cual les facilita incrementar los préstamos.

"Pero por supuesto que era imposible producir el tipo de crecimiento que Botín prometió", dice Robert Tornabell, profesor de banca minorista en la escuela de negocios ESADE, en Barcelona, que ha seguido la carrera de Botín de cerca y ha asesorado al banco. "Él debería haberlo sabido".

Y si bien la expansión de Santander en los mercados emergentes tiene sentido como estrategia de crecimiento, Botín podría haber colocado erróneamente sus apuestas. Santander genera una cuarta parte de sus ganancias en Brasil, que se espera que experimente un crecimiento económico de poco más del 2% este año. Eso es mucho más lento que el de otros mercados emergentes, e incluso que el de Estados Unidos.

Santander podría repetir sus errores. El banco se apresura a entrar a China en un momento en que sus rivales internacionales venden por temores de una desaceleración económica y una posible crisis bancaria. El principal rival español de Santander, BBVA, recientemente redujo su participación en CITIC Bank Corp de China. Goldman abandonó su participación en International and Commercial Bank of China (ICBC) en 2013 también.

Además de los 650 millones de dólares de inversión de Santander en Bank of Shanghai, Santander tiene una participación del 20% en la subsidiaria de financiamiento al consumo de Bank of Beijing. También es propietaria de la mitad de una compañía de financiamiento automotriz, una empresa conjunta con la compañía automotriz china Anhui Jianghuai Automobile.

El acuerdo de Santander valora a Bank of Shanghai, uno de los bancos minoristas corporativos de China, en aproximadamente 6.5 veces las ganancias del banco en 2012, según los últimos estados financieros disponibles. Eso es aproximadamente la misma valoración de las acciones de ICBC.

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El crecimiento económico de China se desacelera. Y varios estrategas e inversionistas prominentes han advertido que su economía puede estar excesivamente apalancada. Recientemente, el banco central de China ha bombeado dinero a su sistema financiero para evitar una crisis de liquidez.

Nada de eso parece detener a Santander y a Botín. "Él es un hombre arriesgado", dice Tornabell. "A Botín le gusta el peligro". Y parece que lo ha encontrado.

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