Las fallas en GM, ¿de quién es la culpa?

La nueva CEO de GM ha recibido duros ataques por los problemas que han dejado 13 fallecidos; los medios y el Congreso buscan responsables pero deben mirar hacia los verdaderos culpables.
mary barra  (Foto: Reuters)
Allan Sloan
Nueva York -

El tiempo oportuno o inoportuno lo es todo. Considera, si gustas, la historia de Mary Barra, la primera presidenta ejecutiva mujer de General Motors, que en menos de un mes pasó de pionera a saco de boxeo por algo que es claramente la culpa de GM, y de algunos de sus predecesores, pero que claramente no su culpa.

Barra, quien pasó 33 años arañando su camino hacia la cima de GM, se convirtió en su presidenta ejecutiva el 15 de enero, lo cual la convirtió en una especie de ícono. Pero menos de un mes más tarde, GM comenzó a retirar vehículos debido a su tristemente célebre interruptor de encendido defectuoso y mortal. En lugar de ser elogiada por su perseverancia y por romper las barreras profesionales, Barra ahora es un blanco, al ser atacada de manera regular en las audiencias televisadas del Congreso estadounidense, en debates en los medios de comunicación y en otros foros demasiado numerosos para nombrarlos.

Normalmente no simpatizo mucho con los CEO, a quienes se les paga cantidades impactantes de dinero por asumir una gran responsabilidad, incluyendo recibir las críticas cuando la compañía se equivoca. Si recibes cheques de pago de ocho cifras y, por tanto, te beneficias de la labor de todos los que están debajo de ti en la jerarquía corporativa, es justo que seas crucificado por los pecados de tus subordinados, incluso si no sabías nada acerca de ellos. Se supone que el dinero debe ir a parar a alguna parte, y la oficina del CEO es el lugar adecuado.

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Pero atacar a Barra, lo cual satisface la sed de sangre de los políticos de Washington y representa un buen espectáculo y un escándalo masivo, es absurdo. Si el retiro del interruptor de encendido hubiera sucedido el año pasado en lugar de menos de 30 días después de que Barra asumió el cargo este año, Dan Akerson, quien se convirtió en el presidente ejecutivo de GM en 2010, habría sido llamado ante al Congreso para ser torturado estadounidense de un juicio. Si GM o de la Administración Nacional para la Seguridad en la Carretera (NHTSA, por sus siglas en inglés), o ambos, hubieran sido rápidos y competentes, podría haber sido el predecesor de Akerson, Ed Whitacre, el que fuera torturado.

Entiendo totalmente el punto de enfocar la culpa en un individuo que sea identificable, en lugar de distribuirlo a través de una corporación grande e impersonal. Después de todo, ése es el tipo de cosas que he estado haciendo para ganarme la vida desde que aprendí el arte de personalizar empresas durante mis primeros días en la revista Forbes (que no debe confundirse con mi empleador actual Fortune), hace más de 30 años.

Pero si vas a atacar a una persona por el error de una empresa, debes atacar a la persona adecuada; no a la persona que resulta ser la presidenta ejecutiva cuando el problema sale a la superficie.

Tal vez el Congreso debería llamar a Rick Wagoner, el presidente ejecutivo de la empresa desde junio de 2000 hasta que el Gobierno lo obligó a salir en 2009 como el precio de rescatar del colapso las operaciones de la empresa . El problema de encendido parece haber comenzado y sido ignorado en algún momento durante su getsión, a pesar de que yo estaría dispuesto a apostar que Wagoner (a quien conozco poco y más o menos me agrada) sabía poco o nada al respecto. Pero él estaba a cargo entonces.

O podríamos llamar a cualquiera de los dos presidentes ejecutivos que el Gobierno federal impuso: Ed Whitacre (del primero de diciembre de 2009 hasta el primero de septiembre 2010) o el ya mencionado Akerson (del primero de septiembre 2010 al 15 enero de 2014). Hay otros dos que tuvieron gestiones cortas, pero no duraron lo suficiente como para ser considerados responsables.

Sin lugar a dudas—cuatro de las palabras más taimadas del periodismo—, el inujsto ataque que Barra está recibiendo no se acerca a la injusticia que Ed Liddy recibió como presidente de AIG. Barra, después de todo, ha pertenecido a GM de por vida y tiene un gran paquete de remuneración, mientras que Liddy estaba sirviendo por 1 dólar al año para presidir un desastre con el que no tenía nada que ver.

Estoy totalmente a favor de la rendición de cuentas. Y si quieres hacer responsable a Barra del lío de, primero, haber admitido una responsabilidad, y luego, de tratar de utilizar la quiebra de GM de 2009 para escudar a la empresa de la mayoría de las reclamaciones por muerte, pues adelante.

Pero si vamos a atacar a los CEOs por desastres como las apuestas financieras imprudentes de AIG o los interruptores de encendido mortales de GM, ataquemos a las personas que estaban a cargo cuando se cometieron los errores. No a las personas que resultan estar a cargo cuando los problemas salen a la superficie.

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