Pemex y Repsol: del amor al odio

Su relación llegó al clímax en 2003 cuando la española ganó el mayor contrato que ha dado Pemex; pero tras varias fricciones, y un fallido ‘golpe de estado’, Pemex venderá casi todas sus acciones.
repsol sacyr pemex  (Foto: CNN)
Edgar Sigler /
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

Las petroleras Pemex y Repsol llegaron al clímax de una relación de casi 30 años en 2003, cuando la española ganó el mayor contrato que ha dado la paraestatal mexicana, pero con el tiempo hubo varias fricciones y un fallido ‘golpe de estado’. Ahora, la petrolera mexicana vendió casi todas las acciones de su exsocia.

Pemex vendió una participación del 7.86% en la compañía española por 2,900 millones de dólares.

Con esta operación dejó de ser el segundo mayor accionista de Repsol, pues se colocaba sólo por debajo del banco español CaixaBank (11.82% de participación accionaria) y arriba de Sacyr-Vallehermoso (9.23%) y Temasek (6.26%), según el reporte anual 2013 de Repsol.

Aunque con esta decisión parecería que la paraestatal culmina una relación de odio, la realidad es que el trato entre ambas petroleras no siempre fue tan áspero.

El primer gran encuentro se dio a finales del 2003, cuando Pemex otorgó a Repsol el mayor contrato que ha ofrecido a una firma privada para tener servicios en la Cuenca de Burgos, en el bloque Reynosa-Monterrey, por casi 27,000 millones de pesos (mdp), según datos de Pemex.

Es un gran contrato si se compara con los casi 160 contratos que ganó Oceanografía, la firma acusada de estafar a Banamex, entre 1999 y 2013, que suman juntos cerca de 31,000 mdp.

“El contrato de Servicios (de Repsol) con Pemex finalizó el 8 de enero de 2014 y se procedió a la entrega de las instalaciones a Pemex”, explicó Repsol en su reporte anual.

Antes de 2011, la paraestatal tenía cerca de 58 millones de acciones, equivalentes a alrededor del 5% del capital de Repsol, a través de varios instrumentos, pero no detalla el valor de la adquisición, según una revisión de los estados financieros anuales de Pemex a la Comisión de Valores de Estados Unidos (SEC por sus siglas en inglés).

Pero en 2011, Pemex, que en ese entonces era dirigida por Juan José Suárez Coppel, aumentó su participación al comprar cerca de 57 millones de acciones, lo que representaban casi el 4.8% de Repsol, elevando a 9.8% su tenencia total.

La adquisición la respaldó la constructora Sacyr-Vallehermoso, con quien Pemex firmó un convenio para votar de manera conjunta en decisiones dentro del Consejo de Administración de Repsol, para sustituir al presidente de la compañía, Antonio Brufau, lo que provocó la mayor fricción con la gerencia de la empresa.

Sin embargo, la constructora rompió el acuerdo, lo que orilló a Pemex a firmar una “alianza estratégica” para compartir tecnología, pero además para prometer que iba a mantener una participación en la española de entre el 10% y 5%.

“¿Por qué se metió a Repsol? Era para tener acceso a nueva tecnología, a formas de hacer los negocios, y prácticas competitivas. Pero al final nada de esto se cumplió”, señaló el presidente de la consultora especializada en el sector energético GMEC, Gonzalo Monroy.

Lo que parecía una gran inversión y un acuerdo tecnológico se vio afectado cuando el Gobierno argentino nacionalizó en 2012 a la petrolera Repsol-YPF, uno de los mayores activos que la española tenía en ese país. La incertidumbre que generó la expropiación propició una fuerte caída de Repsol en la Bolsa, que llegó a recortar a casi la mitad el valor de la participación de Pemex en esa empresa.

En sólo un año, los títulos de la mexicana en Repsol perdieron aproximadamente 36% de su valor, al pasar de 24,655 millones de pesos (mdp) en 2011, a 15,771 mdp al cierre de 2012.

Finalmente ayer martes, Pemex solicitó a los bancos Citigroup y Deutsche Bank la venta del 7.86% de su participación.

“Al parecer van a aprovechar el alza en la Bolsa de una compañía que en general ha venido a la baja”, dijo Monroy.

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El analista añadió que la venta de las acciones también puede deberse a que Pemex quiere evitar tener un conflicto de interés con un participante privado ante la apertura del sector energía a la inversión de petroleras extranjeras.

La reforma constitucional permitirá que Pemex pueda aliarse con firmas privadas a través de contratos de utilidad y producción compartida en la explotación de yacimientos de hidrocarburos, aunque faltan por definirse estas sociedades dentro de las leyes secundarias que aún se discuten en el Congreso.

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