Juan Manuel, en el norte su ‘ley’ mandaba

El presidente de la cadena de supermercados Casa Ley, en el norte, murió la tarde de este viernes; el retail no es la única industria donde hizo negocios el ejecutivo mejor conocido como ‘Chino Ley’.
Juan Manuel Ley  (Foto: Cortesía Grupo Ley)
Andrés Villarreal y Javier Valdez Cárdenas
CULIACÁN (CNNExpansión) -

Nota del editor: Esta es una versión actualizada del artículo publicado en la Revista Expansión de octubre de 2014, en el especial Los 100 empresarios más importantes de México.

Tal vez en Sinaloa muchos desconocían su nombre completo, Juan Manuel Ley López, pero no su apodo: todos sabían quién era el Chino Ley, el dueño de Casa Ley, la quinta cadena de autoservicios del país y la principal del noroeste. La empresa está en 10 estados y tiene ventas estimadas en 2,500 millones de dólares.

Los clientes de Ley López lo trataban con esa familiaridad que permitía tutearlo. Pero no así los proveedores, trabajadores y colegas empresarios, que no sobrepasaban la línea de “Don”. Lo mismo pasaba en la política, donde Ley estaba en contacto directo con gobernadores y alcaldes de los lugares donde sus empresas tienen presencia.

Lee: Muere el empresario Juan Manuel Ley, presidente de Casa Ley

El retail no es la única industria donde creció. También hizo negocios de plazas comerciales y bienes raíces, siembra de hortalizas y granos, engorda de ganado y entretenimiento.

Ley López nació en Tayoltita, Durango, hace 81 años. Fue uno de los empresarios más influyentes de Sinaloa y la región. Nunca participó en organismos gremiales ni tuvo puestos gubernamentales que le dieran exposición nacional, pero en el norte era una figura poderosa y no está libre de conflictos, como el que rodeó su proyecto de un nuevo estadio de béisbol en Culiacán para su equipo Los Tomateros.

Su historia empezó hace más de 60 años. Los Ley López, una familia de nueve hijos, llegaron a Culiacán en 1954 a emprender un negocio: una abarrotería a la que llamaron Casa Ley. Juan Lee Fong, el padre de Juan Manuel, había llegado como polizonte de China en 1911 al puerto de Mazatlán. Mientras aprendía español, adoptó el nombre de Juan y convirtió el Lee en Ley.

En los 30, Ley Fong vendía carbón de puerta en puerta, y se movió por la región hasta llegar a Tayoltita, donde formó su familia. En 1954, emigró a Culiacán y allí instaló una tienda, donde trabajaba con todos sus hijos.

María del Rosario Cárdenas, ex empleada de Ley Fong, cuenta que trabajaba jornadas de 12 horas y ganaba 6 pesos diarios. Diez personas operaban la tienda, que vendía frijol, maíz, azúcar, arroz, frutas, verduras, sal y sopas.

Ley Fong y sus hijos empezaban a trabajar todos los días desde las cuatro de la mañana.

El Chino era el brazo derecho de su padre. Acarreaba semilla y productos del campo y los llevaba a la abarrotería”, recuerda Cárdenas. “Tenía más responsabilidades que sus hermanos, porque era el mayor. Ni él ni el padre eran abusivos ni groseros”.

El patriarca Ley Fong murió el 26 de marzo de 1969. Juan Manuel se puso a la cabeza del negocio, que ya tenía sucursales en varias ciudades de Sinaloa. Aquel Culiacán donde el comercio era de tiendas y se hacía en el centro cambió en pocos años. Llegaron los supermercados.

Juan Manuel ya era entonces el Chino. Los clientes lo llamaban así por su origen y sus facciones. El apodo se le quedó.

El nuevo modelo de negocios que inició ya no tenía que ver con los abarrotes, ni con el “toque personal en el servicio”, como decía Ley Fong, sino con un esquema de supermercados. El Chino Ley apenas tenía 36 años cuando abrió el primero.

El empresario conocía, por su padre, a proveedores y empleados, y aplicó nuevos procesos administrativos y de logística, como el transporte de perecederos. Esto le abrió camino a la marca.

“Cuando llegué a Culiacán en 1974, Casa Ley estaba consolidada. (Juan Manuel) la transformó, la hizo más estructurada y organizada. Hubo mucha disciplina en la familia, es una herencia cultural y eso facilitó (el negocio)”, comenta Lauro Meléndrez Parra, presidente de la Cámara de Comercio de Culiacán. “Es un hombre que se admira, se respeta. Ha dejado mucho a los sinaloenses”.

También supo hacer alianzas. México estaba lejos de la apertura comercial, con las fronteras cerradas, cuando Ley, una década después de abrir su primer supermercado, hizo química con Safeway, una cadena que tiene más de 1,600 tiendas en Canadá y el oeste y centro de Estados Unidos.

La historia más difundida cuenta que el Chino conoció a Peter Magowan, dueño de Safeway, en el avión en un viaje a California en 1981. El también dueño de los Gigantes de San Francisco y el propietario de Los Tomateros de Culiacán hicieron amistad, al grado de que Magowan compró 49% de Casa Ley.

La sociedad entre Casa Ley y Safeway aún se mantiene, y los fondos que la estadounidense inyectó en aquel momento sirvieron para la expansión de la cadena mexicana. (Ley no respondió, en 2014, a un pedido de entrevista de Expansión.)

Ley ya tenía presencia en entidades como Nayarit, Sonora, Durango, Coahuila, Colima y Sinaloa. Pero con la llegada de la cadena Walmart, que llegó a Culiacán a principios de los 90, se vio obligado a ajustar su estrategia y replantear sus planes de expansión.

Con Walmart al acecho, Casa Ley eliminó su presencia en algunos estados como Chihuahua. Redujo el número de trabajadores en las tiendas de 22,000 a 18,000. Creó cinco diferentes formatos (Ley, Ley Express, Super Ley, Ley Mayoreo y Super Ley Express), según el tamaño de la comunidad.

El empresario se reacomodó, hizo alianzas con proveedores, compró terrenos, rentó espacios y creció. Hoy tiene más de 230 tiendas, según la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (ANTAD).

Un estudio de la consultora de retail ilacad World Retail reveló que Casa Ley vendió 2.5 mdd en 2012, 18.2% más que el año anterior, lo que la colocaba como la quinta cadena más importante en el ranking de tiendas de autoservicio.

Herencia y disciplina

Ley encabezaba casi todas sus reuniones. Empresarios y directivos que se sentaban con él detallan su fuerte carácter y determinación.

Gustavo Alfaro Rojo fue proveedor suyo. El ex dueño de la empresa La Casa de la Limpieza introdujo un producto llamado Sarroquín en el mercado local, y como quería que se distribuyera en otras regiones del estado y del país, buscó a Ley.

“Fue un trato directo. Exigente con la presentación del producto, pero en apoyo al mercado local”, dice el también ex presidente de Canacintra en Culiacán. “Para los empresarios locales, Casa Ley fue un soporte comercial, y en eso, hay que decirlo, el Chino Ley fue pionero porque tuvo disponibilidad para apoyar a los pequeños industriales”.

Cuando Alfaro estuvo al frente del organismo, dice, Juan Manuel Ley fue uno de los empresarios que más apoyó el programa Hecho en Sinaloa. Muchos industriales empezaron con él, y cuando llegó Walmart renunciaron a ser sus proveedores. Luego volvieron “porque con ellos uno trata con una computadora, con Ley se trata directamente”, explica Rojo.

Alfaro Rojo asegura que el empresario tenía fama de tardar en el pago a proveedores y de “tronar” a micro y pequeñas empresas por la falta de un sistema tecnológico que saldara rápido las cuentas. “Eso es cosa del pasado”, dice. “Ahora hay más eficiencia, orden y rapidez”.

La otra pasión

Juan Manuel Ley compartió con su padre dos cosas: el gusto de ser comerciante y la pasión por el béisbol. El dueño de Los Tomateros -y de Los Saraperos de Saltillo, que vendió hace unos años- explotó las ventajas comerciales de este deporte.

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En tiempos de Ley Fong, el béisbol era el deporte de más arraigo en la región, pero no era negocio.

El Chino incursionó en la venta de espacios a proveedores, la instalación de logos en bardas y uniformes, la venta de peloteros y derechos de transmisión, pero, sobre todo, en lo que significa ser promotor del deporte, que en el noroeste es tan importante como el fútbol en el centro. Y su figura como dueño del club es una de las cosas por las que, sobre todo en su región, más será recordado.

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