Mujeres a la obra

Gracias a la tecnología y a las crisis económicas, la participación laboral de las mujeres avanza; la industria de la construcción, actividad considerada para hombres, no es la excepción.
Mujeres y Ollas.  (Foto: Gunther Sahagún)

Jessica se mira al espejo. Se arregla un poco. Satisfecha piensa: “Al fin, día de paga”. Lleva un mes como colocadora de tablaroca a destajo, para complementar su salario con un ingreso extra. Al recoger su caja de herramientas, no queda más que el olor a yeso y a sudor. Su patrón desapareció con su pago y sus instrumentos de trabajo.

La escena no es extraña para muchas mujeres de la construcción, a las que se les ‘cobra’ un mayor ‘derecho de piso’ que a los hombres para ascender en la escala laboral de la industria.

Hoy, Jessica García, madre de cuatro hijos y con estudios de secundaria, es ya operadora de revolvedoras en la compañía Concretos Moctezuma en la Ciudad de México y se siente muy satisfecha. “He derribado muchas barreras para colocarme como operadora”, relata.

La aplicación de tecnologías avanzadas fue lo que le valió el ascenso. A sus 26 años, ella es parte del 3% de mujeres que trabajan en la industria de la construcción.

La cifra aunque mínima es significativa, ya que entre 2004 y 2009, la tasa de participación laboral femenina se mantuvo en alrededor de 104,000 mujeres, en promedio, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI.

De hecho, durante el primer trimestre de 2009, la participación femenina fue de 3.7%.

En los últimos 40 años, los avances tecnológicos en la actividad productiva cambiaron el mercado laboral nacional. La población económicamente activa (PEA) femenina se duplicó entre 1970 y 2008, de 18 a 36%, según el Reporte de Competitividad 2008-2009, que publica el Foro Económico Mundial (o WEF, por sus siglas en inglés).

Construyendo camino
El reporte del WEF revela el rezago local en ocupación femenina: de 134 naciones, México tiene la posición 115.Este ranking muestra la capacidad de las 134 economías para promover altos niveles de prosperidad para sus ciudadanos.

“La situación actual es difícil. El mercado es muy competitivo y, en ocasiones, me enfrento a la competencia desleal y fricciones con algunos compañeros”, confiesa Jessica.

El arribo de las mujeres a las filas de la industria de la construcción está vinculado con las crisis económicas, el desempleo, la capacidad de absorción de mano de obra intensiva y la movilidad de los trabajadores excluidos en otras ramas económicas.

“Se les permite el acceso en puestos de poca responsabilidad, deplorables condiciones de seguridad y mal remunerados”, indica el estudio Conciliación vida y trabajo: compromiso de la política para la igualdad laboral en México, publicado por la subsecretaría de Inclusión Laboral de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS).

La brecha de sexos comienza a ceder. Las mujeres se empiezan a colar en algunas labores de la construcción, por ejemplo, 95% de ellas son clasificadas como obreras y ayudante de obrera, en la clasificación de la ENOE.

Las mujeres se ocupan de cualquier actividad que desechan los varones en pie de obra. Este sector es la última opción para aquellas que necesitan de un salario para sobrevivir, con pocos o nulos estudios y experiencia, escribe María Luisa González Marín, en el libro Mitos y realidades del mundo laboral y familiar de las mujeres mexicanas.

Y luego la economía cambió...

En el pasado, la construcción se nutría de aprendices que heredaban el oficio familiar. Ahora, en pos de mayor productividad, se invierte más en innovación, equipos de alta tecnología y nuevos sistemas constructivos, lo que cambia radicalmente el perfil de los trabajadores que la industria demanda.

El sector requiere una plantilla laboral calificada, con formación especializada en cada proceso y etapas de las obras, y se mantiene en permanente capacitación.

Con ello, el nivel de escolaridad se incrementó en los últimos años: 51% cuenta con primaria, 31% cursó secundaria y 9%, bachillerato y/o licenciatura, según la STPS.

Y es justamente eso lo que abre la oportunidad a las mujeres en la construcción.

En el pasado, el trabajo femenino en la construcción era invisible y desvalorizado.

“Llegar a operadora de unidad revolvedora me hace sentir importante, me hace sentir alguien”, confiesa Guillermina Velázquez, de 33 años y quien desde hace dos opera revolvedoras en Concretos Moctezuma.
Guillermina Velázquez y Jessica García son pioneras en este programa.

Las operadoras se suman a otras mujeres que arriban a la industria en puestos especializados y estratégicos y que están cambiando la configuración de los géneros en la construcción.

Las mujeres avanzan con paso firme. “De niña quise aprender electrónica o plomería, que mi padre decía que eran cosas de hombres. Ahora, estoy aquí, en algo que según los hombres les pertenece”, cuenta Jessica.

Las mujeres llegan al mercado laboral con el empuje de la innovación tecnológica acelerada y la correspondiente extensión del trabajo intelectualmente capacitado.

Suman más las mujeres en puestos de desarrollo e investigación científica, como técnicas, administrativas y como personal operativo.

Martha Sánchez es ingeniera civil y gerenta nacional de obra en Concretos Cruz Azul. Ha participado en la construcción y puesta en marcha de una planta cementera y de un centro de investigación en tecnología del concreto.

“Es un trabajo de mucha presión y actualización”, dice Martha. Su meta es lograr estándares de calidad para el uso contractivo del concreto.

Entre las profesiones más demandadas y con mejor remuneración para las mujeres está la ingeniería, donde –según la especialidad, desde la administración hasta la extracción– ocupan ya de 3 a 52%, según la STPS.

Aun así, son indiscutibles las desventajas con respecto a los hombres en términos salariales, de movilidad laboral y segregación en posiciones estratégicas y hasta operativas.

Hacia el futuro
Las perspectivas del empleo en la construcción se presentan positivas para lo que resta del sexenio, debido al Programa Nacional de Infraestructura, al de vivienda y a los planes de licitación para construir la nueva refinería, lo que se traduce en una mayor fuerza laboral.

El reto de las mujeres es aliarse con la tecnología para fortalecer su desarrollo, a fin de insertarse en las condiciones que exige el mercado.

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