El calvario de la importación

Al importar un producto hay que pensar en la logística, el impacto económico y ecológico.
Marcos G. Betanzos Correa

Traer materiales de otros países para edificar un proyecto puede significar un verdadero viacrucis. Por eso prácticamente sólo las grandes constructoras o los despachos de arquitectura con vínculos globales optan por hacerlo.

“Importar no es algo sencillo, antes de decidirlo habrá que analizar si vale la pena”, advierte Viviane Vives, socia de la firma MJ Neal Architecs, con sede en Austin, Texas.

Y no lo dice por casualidad, sino porque para traer materiales de otros países las empresas tienen que afrontar trámites engorrosos, variaciones en el tipo de cambio y falta de control en los tiempos de entrega.

Afortunadamente haya recomendaciones para quienes deciden afrontar el reto:

Tener personal capaz de planificar con precisión el proyecto y la logística de compra. Además, se debe contar con gente que sepa analizar el costo beneficio, tratar a los proveedores para así garantizar la formalidad de su trabajo y vigilar el proceso de producción desde el origen.

El factor ecológico también pesa en la disyuntiva de importar o no, pues en ocasiones los productos no son sustentables o su transportación (incluso dentro del país) implica “un tremendo gasto negativo de energía”, explica Vives.

 

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Fuente: MJ Neal Architects, Instituto Español de Comercio Exterior (ICEX)


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