El amor frustrado de Le Corbusier

Se asume que era fanático del concreto armado, pero tenía una pasión por las estructuras metálicas.
Antonio Toca Fernández. Arquitecto e investigador de temas d  (Foto: Obras)
Antonio Toca*

Las obras más conocidas del arquitecto Le Corbusier fueron construidas en concreto aparente -beton brut- y han sido copiadas por muchos. Aunque la mayoría de la gente asume que era fanático del concreto armado, la realidad fue muy diferente, tenía una verdadera pasión por las estructuras metálicas.

Nadie duda que el amor es ciego y, si además de ciego, el amor es juvenil, el asunto es más grave, si además se agrega la fuerza de la juventud. Así fue la pasión de Le Corbusier.

En su libro Hacia una arquitectura (1923) publicó fotos de aeroplanos y dibujos de tiendas nómadas y su diseño le cautivó con tal fuerza que intentó repetidamente usarlos en algunas obras.

Hizo un primer intento de aprovechar las ventajas del acero en pequeña escala con los muebles que realizó Charlotte Perriand, con su colaboración (1929). Después construyó el Pavillon des Temps Nouveaux (1937), en París: una estructura de ligeros postes metálicos recubierta con tela.

Con Jean Prouvé proyectó escuelas y casas prefabricadas (1939) con estructuras de acero, y en ese mismo año intentó hacerlo en un pabellón en Lieja. Finalmente tuvo un gran éxito con el Pabellón de Philips (1957), para la Expo Mundial de Bruselas. Esa estructura y su despliegue tecnológico anticiparon tanto las obras de Frank Gehry, como el uso de los audiovisuales.

Aunque sus obras más conocidas, como la Unidad de Habitación en Marsella (1946-1952), tienen una gran cantidad de elementos prefabricados de acero, se asume que fueron construidas con concreto. En el libro Details of Modern Architecture (1996), Edward Ford revela que "por lo menos en su concepción original, no era un monolito de concreto sino un sofisticado ensamble de alta tecnología... aunque hay poca evidencia gráfica, inicialmente la Unidad sería de acero, no de concreto".

La confusión se revela también en la capilla de Ronchamp, que parece una obra de tecnología tradicional, masiva y con una forma que es la antítesis de la industrialización. Lo curioso es que una de las primeras maquetas de la capilla fue hecha con alambres y recubierta con papel.** Los dibujos del proceso constructivo de la capilla muestran que se proyectó con techo y columnas metálicas, que después fueron construidas en concreto. El techo es una catenaria sostenida por siete columnas en el lado norte y por siete contrafuertes de concreto en la pared de acceso, al sur. Sin embargo, esas paredes de piedra ocultan las columnas, y la única que se puede ver es la de la capilla exterior, en el oriente. Le Corbusier dejó un pequeño espacio entre la losa y los muros, que revela que no son de carga.

Un viejo amor no muere y en la última de sus obras, el Pabellón en Zurich (1963-1965), Le Corbusier pudo finalmente cumplir su anhelo: construir todo el edificio con estructura y elementos metálicos prefabricados.

**Frampton K. Le Corbusier. Thames & Hudson, Nueva York 2001.

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