Infraestructura, 40 años de abandono

Para Celina Yamashiro la inversión en infraestructura no fue una prioridad en Latinoamérica; a raíz de las crisis las constructoras rezagaron su tecnología, opina la experta en infraestructura
Celina Yanashiro  (Foto: Patricia Aridjis)
Celina Yamashiro*

Frente al rezago en materia de infraestructura, me vino a la mente una cita del poeta francés Paul Valéry: "Las obras no se acaban, se abandonan". Y no es que pretenda referirme al amor, sino a las razones del porqué México cayó en picada y no ha podido retomar el vuelo.

En los últimos 40 años, la inversión productiva en infraestructura no fue una prioridad para la mayoría de las economías latinoamericanas que buscaban, a toda costa, mantener la estabilidad macroeconómica, pero sin lograr crecimiento alguno. A pesar de ello, en la década de los 70 y de los 80, nuestro país tenía claro que la infraestructura era el motor que aceleraba el crecimiento del mercado interno, generaba empleos y producía mayores tasas de crecimiento.

La industria nacional se distinguía por su alto nivel tecnológico: alrededor de 70% de los servicios de ingeniería eran desarrollados por empresas mexicanas, había capacidad de gestión, ejecución, integración y crecimiento de las mismas.

Pero en los 90, un error puso en jaque la industria: nadie olvida el fantasma del ‘rescate carretero', derivado de proyectos mal presupuestados en costos, tráfico y financiamiento, que llevaron a la desaparición de grandes constructoras, como Bufete Industrial.

A partir de esta crisis, las constructoras mexicanas buscaron sobrevivir, pero rezagaron su tecnología y su ingeniería, para convertirse en subcontratistas, en condiciones desfavorables, y sin que absorbieran el uso de la tecnología ni el aprendizaje para evolucionar.

Como consecuencia, hoy en día, el panorama no es nada promisorio para la construcción, aunque el gobierno se dio a la tarea de encontrar nuevos esquemas de concesión, como los Proyectos de Prestación de Servicios, y la mejora de condiciones de financiamiento y del marco regulatorio.

La industria calcula que las empresas foráneas realizan 70% de los servicios de ingeniería en contratos públicos, lo que inhibe el desarrollo tecnológico y empresarial del país. Por otro lado, el Plan Nacional de Infraestructura no se ejecuta conforme a lo planeado, pues basta modificar el proyecto ejecutivo, no tener la liberación de tierras o no coordinar a los actores involucrados, para abortar o retrasar cualquier proyecto de infraestructura.

En los últimos tres años se han concursado y adjudicado alrededor de 38 proyectos de infraestructura, sin considerar los proyectos otorgados bajo esquemas de contratos de Obra Pública. Entre las obras destacan la Línea 12 del metro, el Túnel Emisor Oriente y la autopista Mazatlán-Durango, todas afectadas por retrasos y sobrecostos.

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Siempre ha estado presente la oportunidad de generar riqueza a través del rezago en infraestructura. Acabar las obras y no abandonarlas no sólo depende del gobierno, sino de la participación conjunta de éste con la iniciativa privada y la banca comercial. Erradiquemos el estado de confort y de conveniencia, y comencemos por restituir la ingeniería nacional.

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