Un gobierno con dinero...y sin proyectos

Lo que menos se considera en la repartición de cargos públicos son los perfiles, opina Yamashiro; para la experta en temas de transporte, tampoco se considera el conocimiento de los funcionarios.
Celina Yanashiro  (Foto: Patricia Aridjis)
Celina Yamashiro*

En lo que va del sexenio, el Plan Nacional de Infraestructura 2007-2012 (PNI) registró un penoso subejercicio cercano a 50%. Ninguno de los sectores (carreteras, ferrocarriles, puertos, aeropuertos, telecomunicaciones, agua potable y saneamiento, electricidad e hidrocarburos) alcanzó la mitad de sus objetivos.

Mucho se atribuye a la crisis económica mundial, a la presencia de la influenza y a la burocracia, entre otros factores que disfrazan el tan citado discurso político: “A pesar de todo vamos lento, pero vamos bien”.

Me pregunto cómo se puede ir bien cuando la Unidad de Crédito Público de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) asegura que en México no hay un solo proyecto de infraestructura que no se pueda hacer por falta de financiamiento o de  recursos públicos, pues el problema está en la falta de proyectos bien estructurados para ejecutarse por parte de los tres niveles de gobierno.

Pese a que construir proyectos “no es nada sexy y da mucha flojera”, sí engrandece la imagen de los políticos que publicitan obras de infraestructura, sin tener ni la idea ni el detalle de las mismas, reconoce la dependencia.

La Secretaría de Hacienda está saturada de miles de proyectos sin método para procesar. Entre el vaivén y las devoluciones de lo que está mal estructurado, los gobiernos, a la buena de Dios y como Dios les dio a entender, no cesan de enviar peticiones tan abrumadoras como si fueran cartas a los Reyes Magos.

A dos años de que termine el sexenio y pese al esfuerzo del gobierno federal por crear una agenda de infraestructura que incluye el financiamiento de los mismos, es lamentable que se confiese que hicieron falta los ajustes institucionales necesarios para elevar la capacidad humana, técnica y operativa, porque sin esta condición es imposible ejercer los 233.7 billones de pesos etiquetados en el PNI.

México no carece de talento ni de capacidad humana. El mayor problema es que entre el compadrazgo y el nepotismo, lo que menos se considera en la repartición de cargos públicos es el perfil y el conocimiento de los funcionarios para llevar a cabo cualquier proyecto por buen camino.

Por ello, tiene lógica que el gobierno federal apueste por reordenar, desde y con funcionarios de la SHCP, el mando de las secretarías de Comunicaciones y Transportes (SCT) y de Energía (SE), ambas generadoras de la mayor parte de la infraestructura que requiere el país, para comprometer el gasto, crear fondos y buscar una salida financiera a los proyectos.

Al menos Dionisio Pérez-Jácome, titular de la SCT, tiene experiencia en inversiones en infraestructura, para enfrentar el reto de continuar con la reforma en telecomunicaciones. De la coordinación que logre con Banobras (institución que también sufrió cambios) y de su capacidad para negociar con inversionistas y otros organismos, dependerá que este periodo de gobierno sea reconocido como “el sexenio de la infraestructura”.

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*Desde 1997 cubre los sectores de infraestructura y transporte en diferentes medios de comunicación.

obras@expansion.com.mx

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