CCC Tamazunchale I: Generar es la misión

La termoeléctrica más grande de AL combina tecnología europea y nacional mediante procesos limp
La CCC Tamazunchale I combina la tecnología europea con la n
Noé Torres Briseño y Armando Carranco
CIUDAD DE MÉXICO -

Todo estaba listo para instalar el primero de los cuatro generadores de gas con que operaría la termoeléctrica, pero éste no llegaba.

La gigantesca mole de 200 toneladas viajó miles de kilómetros hasta llegar a San Luis Potosí, pero casi al final del recorrido fue retenida por autoridades de poblados aledaños a Tamazunchale preocupados porque las dimensiones del aparato fueran a dañar el asfalto de sus caminos.

“Nos retrasamos más de 15 días gestionando los permisos de paso, era negociar con cada población que cruzaban nuestros camiones. Estaban asustados, la gente jamás había visto máquinas semejantes”, recuerda Isaías Hernández, encargado del proyecto de montajes mecánicos por Kepler Constructora.

Tierra prometida
La historia comenzó en 2003, cuando la Comisión Federal de Electricidad (CFE) lanzó una licitación internacional, bajo el esquema de Productor Externo de Energía, para recibir propuestas de precio por venta de energía mediante una nueva central en este municipio interconectada al Sistema Eléctrico Nacional (SEN).

En 2004 la empresa española Iberdrola ganó su construcción y operación, cuyo costo final ascendió a 480 millones de dólares (mdd). Fue a través de su filial de ingeniería, Iberdrola Ingeniería y Construcción, que encargó las obras a Kepler Constructora —montaje electromecánico—, Grupo Kentech —trabajos eléctricos y de instrumentación—, y Tamoin Power Service (TPS) —montaje de turbinas de vapor.

La obra se llevaría a cabo en una de las demarcaciones más pobres de la huasteca potosina. Su población vive de la agricultura y la ganadería y poco menos de la mitad habla alguna lengua indígena.

En esta región todavía pueden verse especies salvajes como el tigrillo, el venado y el puerco espín. La altitud de la zona sobre el nivel del mar (unos 150 metros) fue un factor determinante para que CFE eligiera estos terrenos —unas tres hectáreas— para la construcción de la termoeléctrica, ya que esa condición maximiza el desempeño  de los equipos.

Además buscó su cercanía con el río Moctezuma —un afluente de más de 500 kilómetros que nace en el Valle de México y desemboca cerca del puerto  de Tampico en el Golfo de México—, del cual aprovecha sus aguas para el enfriamiento de sus condensadores.

Para suministrarle combustible, se requirió la construcción de un ducto de gas natural licuado, alimentado de de la estación receptora de Naranjos, Veracruz, a 130 km de distancia, y que en un futuro podría continuar su vertiente hasta la zona del Bajío.

La central brinda energía eléctrica principalmente a Querétaro, San Luis Potosí y Zacatecas, y forma parte del Programa de Obras e Inversiones del Sector Eléctrico, puesto en marcha la pasada  administración federal.

La complejidad de los trabajos ejecutados, le valió a Kepler Constructora el Premio Lieberman que otorga la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC) a la Mejor Obra de 2007.

Además, es la primera empresa mexicana del sector en haber obtenido la Certificación ISO-9001:2000/NMX-CC-9001-IMNC-2000, por sus estrictos procesos de gestión de calidad y su aplicación en la organización de la obra.

El tamaño importa
Instalada en plena Sierra Madre Oriental, en el sureste de San Luis Potosí, la CCC Tamazunchale I es considerada la planta generadora de energía más grande de América Latina; tiene una capacidad de 1,135 MW, equivalente al consumo de todos los hogares de San Luis Potosí durante 10 años.

Como referencia, la capacidad promedio de centrales de ciclo combinado en México es de 500 MW. En Altamira, Tamaulipas, está la segunda más grande del país con 1,121 MW, mientras que en Medio Oriente, en la localidad de Mesaieed, Qatar, Iberdrola también construye la que será la central de este tipo más grande del mundo, con más de 2,000 MW.

Todos los suministros de la planta fueron producidos por General Electric, quien firmó con Iberdola un contrato de servicio por 25 años, el tiempo que dura la concesión operativa. Con Tamazunchale I, Iberdrola se convirtió en el mayor productor independiente de energía eléctrica en el país.

Las centrales de ciclo combinado mezclan dos tipos de unidades generadoras: turbogás y vapor.

Una vez terminado el ciclo de generación de energía eléctrica en las primeras unidades, los gases desechados a altas temperaturas son utilizados en calderas para evaporar agua; esa producción de vapor genera electricidad adicional.

Por su naturaleza, las centrales de ciclo combinado requieren menos combustible para obtener más energía al hacerlo trabajar en turbinas de vapor; por lo mismo, son menores los costos de operación, además de que disminuye la generación de gases de efecto invernadero.

Así, la producción de bióxido de carbono por cada kilowatt-hora es mucho menor debido a la alta eficiencia y también hay una disminución de la generación de óxidos nitrosos y prácticamente nula producción de óxidos de azufre pues el gas natural no contiene ese elemento o lo presenta en concentraciones muy bajas. Proyecciones sobre el sector proporcionadas por Kepler, indican que a corto plazo continuará el crecimiento acelerado de la construcción de este tipo de plantas y mejorará su eficiencia entre 50% y 75%.

A mediano y largo plazo seguirán utilizándose pero con biocombustibles y combustible producto de la gasificación del carbón, pronostican.

Llueva o queme
En Tamazunchale llueve casi la mitad del año. “Trabajábamos empapados y con las botas encharcadas; a veces lográbamos guarecernos, pero la obra permanecía a merced de los aguaceros”, recuerda Hernández.

En cuanto a la logística interna para afrontar la magnitud de esta obra, Juan Alberto González, gerente de Desarrollo de Nuevos Proyectos de Kepler, detalla: “La importancia de contar con un sistema de control de documentos apoyándose en procedimientos y software para control eficiente es tan importante, que de no hacerse con todo rigor se incurriría en sobrecostos, retrasos, mala imagen por mala calidad y otros inconvenientes”.

Por esos días, la compañía estaba preocupada por entregar el proyecto a tiempo, y para mitigar las repercusiones implementó jornadas de trabajo entre 10 y 12 horas por día, incluyó sábados y domingos e implementó un plan de bonificación para recuperar tiempos perdidos.

Para muchos trabajadores no fue fácil permanecer lejos de casa y decidieron abandonar la obra, además de que las condiciones climatológicas eran terribles. En medio de la sierra, las temperaturas llegan a alcanzar 45 grados centígrados.

Cerca de la central aguardaba siempre una ambulancia a la espera de quienes caían deshidratados. “Había suero y estaciones de agua potable por todos lados”, aun así los días de calor registraron incontables desmayos. Uno de los principales aspectos de motivación, determinante para la permanencia del personal, fue el programa de bonificaciones por buena productividad, percepción que en algunos casos igualó e incluso rebasó el salario nominal obtenido.

Y a pesar de la presión por entregar a tiempo, la seguridad nunca pasó a segundo plano. Hernández recuerda que la primera vez que visitó el sitio donde se levantaría la central, los agentes de seguridad ahí apostados le negaron el acceso. “Pensaron que no llevaba los zapatos adecuados”, recuerda el ingeniero, quien debió someterse a exhaustivas revisiones para demostrar que su vestimenta era la apropiada.

Desde el comienzo de la obra, en enero de 2005, las precauciones de seguridad fueron tan estrictas, que ningún trabajador podía quitarse los guantes siquiera, aunque fuese para secarse el sudor.

De acuerdo con información proporcionada por Kepler, las medidas tomadas en este aspecto les valieron que durante los casi 28 meses de obra no hubiera una sola víctima mortal, en tanto que en otros proyectos de gran dimensiones como la presa El Cajón —considerada la más segura—, las autoridades reportaron seis decesos, y en Chicoasén el número ascendió a 20.

Una pequeña villa
Son las ocho de la noche y por fin terminó otra jornada de trabajo. Un obrero intenta una “volea de revés” en la cancha de tenis, sin saber a bien cómo ejecutarla; mientras, sus compañeros buscan en la televisión algo que los distraiga del agotamiento. Ante lo apartado del enclave, durante los meses de la obra, el sitio también se convirtió en una colonia, un campamento móvil con dormitorios, sanitarios, comedor y canchas deportivas.

Al personal que decidió vivir en el poblado de Tamazunchale le fue otorgado apoyo para renta de vivienda.

El lugar incluyó contenedores adaptados para oficinas de campo y módulos de almacén, un taller para los trabajos de prefabricación de tuberías y soportería, baños portátiles —uno por cada 10 personas— y un área de enfermería.

La central llegó a albergar a más de 4,000 trabajadores provenientes de diversas partes de la República. “Necesitábamos mecánicos, pintores y soldadores certificados para realizar labores en recipientes a presión”, indicó Hernández.

Basta mencionar que eran escasos los trabajadores que se habían enfrentado, por ejemplo, a las grúas de 800 toneladas —que operan con sofisticados sistemas electrónicos de control de movimiento con carga— que fueron utilizadas para montar los módulos de las calderas.

En las maniobras debía tenerse la seguridad incluso del nivel de compactación de la tierra para que las grúas pudieran transitar con los generadores sin problemas.

Se llegaron a invertir hasta 200,000 dólares por mes en la renta de maquinaria.

Conectada al porvenir
Durante el acto inaugural de la central, el presidente de la República, Felipe Calderón, señaló: “No nos interesa sólo generar electricidad sino que nos interesa que México pueda crecer al parejo. Vamos a seguir invirtiendo [...], a fortalecer nuestro sector energético, vamos a darle al país la electricidad, el impulso que necesita, pero [...], sobre todo, la oportunidad de crecer, de desarrollarse y de ser una nación fuerte, competitiva, que progresa con justicia, con libertad, con democracia, con seguridad y con respeto al medio ambiente”.

Y es que si bien es cierto que la tecnología de la central de Tamazunchale I implica avanzados métodos para provechar al máximo su combustible primario, también apuesta a la disminución de impactos ecológicos para generaciones venideras. Después de todo, en la construcción de infraestructura, preservar los ecosistemas también es una misión imperativa. Es parte de la herencia.

No todo es perfecto
Durante su proceso, toda obra tiene imprevistos que la mayoría de las veces nadie en fase de planeación alcanza a advertir, pero que ineludiblemente tienen que superarse. Cualquiera que construye lo sabe. Sin embargo, algunos de esos contratiempos son trascendentales en el desarrollo de la obra, sobre todo cuando se confirma la máxima de los negocios: time is money.

Al inicio del proyecto, los primeros transportes con equipo que llegaron a Tamazunchale no pudieron cruzar el único puente que conectaba con los terrenos de la nueva central. Los ingenieros de Iberdrola temían que el pequeño paso existente para cruzar una barranca no resistiera el peso de los tráileres con pesados materiales y estructuras.

Luego de algunas pruebas quedó confirmado el temible diagnóstico: el puente debía ser reforzado. Por unos días, equipos, estructuras, camiones y choferes fueron espectadores del reforzamiento necesario para poder iniciar la magna obra. Fueron días de obligada paciencia, similar a la espera del banderazo para arrancar una carrera de autos.

Una vez concluidos los trabajos para fortalecer la estructura, uno a uno, los transportistas fueron atravesando los embarques y plataformas para recuperar el tiempo perdido. Literalmente esto fue infraestructura para una obra de infraestructura.

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