Centro acuático de marca mundial

La educación física universitaria recupera terreno en una construcción de perfil internacional.
La Federación Internacional de Natación dio el visto bueno a
Marcos G. Betanzos Correa

Sobre el banco de salida, Elena Sokolova se prepara para la final de los 400 metros nado libre. Su adrenalina es casi hipnótica. Todo está ahí: el azul líquido, las espirales de los carriles, los jueces. A la vez, no hay nada. Escucha su respiración y a un público que percibe lejano, pero está atenta a la señal que marca la salida. Mientras recorre el agua sólo el tiempo ocupa su mente. La piscina olímpica de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) es su espacio vital... por cuatro minutos.

La nadadora rusa, de 17 años, ganó el pasado mes de julio tres medallas de oro en el Segundo Campeonato Mundial Juvenil de Natación que se realizó en Monterrey, NL, en una alberca calificada por los expertos como ‘rápida’. Originalmente, la sede no se planeó como una instalación de parámetros internacionales. Sin embargo, la visión de la UANL por generar talentos deportivos a nivel mundial obligó a que su construcción estuviera a la altura de las circunstancias. Inaugurado en el mes de abril, el Centro Acuático Olímpico Universitario logró obtener su primera encomienda importante al ser sede de este evento, donde participaron 600 nadadores de 66 países.

El sueño
No es posible esconder el orgullo con el que los creadores nos narran el surgimiento de esta obra. Para ellos fue un trabajo muy demandante que con el paso del tiempo se fue asimilando hasta que comenzaron a llegar las satisfacciones, muchas de ellas a cuenta gotas. Obras conversó con el ingeniero José Luis Martínez Cuellar, director general de Construcción y Mantenimiento de la UANL, quien explicó que el sitio donde ahora se observan las nuevas instalaciones —hoy emblemáticas—, es el mismo lugar donde se ubicó la alberca universitaria, una de las primeras construcciones que se realizaron en este campus, junto con la Rectoría y la Facultad de Derecho, en 1958. Cinco décadas más tarde se volvería a dotar de vida con este Centro, coincidiendo con la celebración del 75 aniversario de esta casa de estudios.

El Ing. José Antonio González Treviño, rector de la institución, se mantuvo firme desde el inicio de su gestión en el fortalecimiento de la cultura deportiva entre la comunidad estudiantil y la población en general, por lo que en un principio se pensó en techar la alberca que ya existía y acondicionarla para que pudiera utilizarse todo el año evitando derroches por concepto de mantenimiento. Dentro de las múltiples sesiones de planeación, destacó la idea de convertir este espacio en un verdadero centro acuático que estuviera aprobado por la Federación Internacional de Natación (FINA). Fue entonces que comenzó a recolectarse información para plantear un programa logístico y generar un espacio integral con capacidad de albergar todas las disciplinas deportivas acuáticas como: natación, waterpolo, clavados y nado sincronizado, principalmente.

Al cabo de esta fase, el objetivo fue replanteado: la universidad sería un generador de atletas de alto rendimiento formándolos desde la infancia, abriendo sus puertas a profesionales y amateurs. No fue una sorpresa que con tal aspiración, la Comisión Nacional del Deporte (Conade) se sumara a la causa recomendando a un grupo de especialistas para asesorar el proyecto, ya que debían tomarse en cuenta las técnicas constructivas y el equipamiento específico que debía cumplir este complejo.

El esfuerzo es de todos
Para edificar el Centro fue necesario desmantelar las áreas existentes. Parte de la fosa de clavados tuvo que ser demolida ya que presentaba un número importante de intervenciones realizadas a través de los años. Sin duda, uno de los temores más persistentes era la presencia de fracturas en el concreto de la alberca, ya que las dimensiones originales (50 x 15 m) se ampliaron a 50 x 25 m, de acuerdo a la reglamentación olímpica. Las precauciones se multiplicaron ya que se estaba trabajando con un concreto colado muchas décadas atrás y la precisión de construcción no daba margen a fallas. Se sabía que una vez terminadas las instalaciones el Comité Olímpico Internacional (COI) revisaría con instrumentos láser las cotas físicas, para que cumplieran con las medidas estipuladas en albercas y fosas olímpicas, ya que esto validaría cualquier record establecido sin hacerlo controversial. La tolerancia era de cero milímetros.

El plan había rebasado el ámbito regional y estatal. El Gobierno Federal estaba interesado en aportar recursos económicos que garantizaran el éxito en todos los niveles. Una vez conciliada la participación económica federal, estatal y de la propia universidad, fue estipulado que los porcentajes de actuación serían los siguientes: 50%, 25% y 25%, respectivamente, más el costo extraordinario de partidas no contempladas. La inversión total reportada fue de 118 millones de pesos, que fueron ejercidos a lo largo de casi 30 meses.

El Departamento de Construcción de la Universidad consideró el talento de los alumnos de la Facultad de Arquitectura para que, por medio de su Departamento de Servicios Externos, les fuera solicitado un proyecto arquitectónico con la información recabada y el programa de necesidades definido. El concretar el proyecto y tener la memoria técnica llevó alrededor de cuatro meses; sin embargo, al igual que en dicha fase, durante el proceso constructivo se fueron generando cambios en beneficio del funcionamiento, afirma el ingeniero Martínez Cuellar.

El proyecto fue resuelto dentro en una serie de prismas ortogonales —justificando el máximo aprovechamiento del espacio para áreas de apoyo y circulaciones— que contemplan una zona de acceso claramente enfatizada por un cubierta triangular apoyada en dos segmentos curvos orientada al norte donde se encuentran la cafetería, zona administrativa, tienda de souvenirs, recepción, servicios, etc. En contrapunto se ubican las albercas semiolímpica y olímpica separadas por un andador de poco más de seis metros de ancho; al oriente aparecen los cubículos, el cuarto de cronometraje electrónico, gimnasio de clavados, y frente a ellos los baños vestidores con un cuarto de máquinas independiente. Este bloque define su circulación vertical por medio de una escalera que vincula la zona de gradas fijas con la planta baja. Desde ahí es posible mirar de frente la fosa de clavados con sus plataformas a 0.80, 3, 5, 7 y 10 metros de altura al igual que siete trampolines de uno y tres metros de altura.

A profundidad
Debajo de este escenario, casi imperceptibles, se ubican en un túnel interior que recorre albercas y la fosa a nivel del sótano, las instalaciones hidráulicas: líneas de retorno, limpieza y filtrado que son canalizadas hasta el centro neurálgico del complejo, el cuarto de máquinas, integrado por 27 bombas de calor que generan una temperatura de 26°C para entrenamientos y 25°C en competencias oficiales. Dentro de las características de estos equipos, explica el director del Centro Acuático, René Salgado Méndez, realizaron trabajos con un sistema novedoso de recolección, evitando decantadores tradicionales, con lo cual los excedentes de agua se canalizan a través de rejillas perimetrales para llevarlos hasta la zona de filtros y volver a inyectar por medio de presión el agua limpia vigilando el contenido de cloro según lo indica la FINA. Esto representa a corto plazo un ahorro importante de agua, ya que se trabaja con un total de 6,000 m3, que de otra forma tendrían que ser desperdiciados.

Quizá todo lo mencionado validaría el título del más importante centro acuático de Latinoamérica, equiparado sólo al Simón Bolívar construido en 2005 en Bogotá, Colombia. Pero no es lo único que lo hace destacar. La iluminación artificial está controlada por zonas en todos los puntos de las albercas con registro de 700 luxes, mientras que la techumbre principal se integra en poco más de un tercio por paneles tipo Sky de 3.00 x 1.20 metros sostenidos por una parrilla de aluminio y enchapados con dos caras de acrílico reforzado con fibra de vidrio, con lo cual se garantiza una mejor difusión de la luz natural y una disminución considerable de ganancia térmica al interior. Estos paneles, que no exceden los 12 kg/m2, se sostienen por un par de arcos con cables estructurales, el gesto más audaz del edificio.

Sobre el agua
Para el equipo lo más complicado fue definitivamente la estructura. Escogieron un sistema complejo que la gente en un principio no creía que podría terminarse. “A nivel personal creo que lo importante, como responsable del proyecto, fue visualizar cómo funcionaría y trasmitir esto al equipo que lo construiría. No fue un capricho ya que se realizaron varias propuestas pero se seleccionó ésta en base a la geometría, las condiciones de espacio que se solicitaban y la restricción de obtener el menor número de apoyos intermedios”, señala el ingeniero Martínez Cuellar.

Y es que desde el cálculo las consideraciones comenzaban a complicarse: las secciones de los elementos principales eran más robustas por lo que incrementaban el peso y costo de la obra. Al final se obtuvo mayor esbeltez pero tuvieron que lidiar con las condicionantes del viento, por lo cual se consideraron las fuerzas actuantes para lograr un equilibrio de los componentes principales y especialmente de los esfuerzos en los cables. Aunque ya en la obra hubo desplazamientos pequeños en la alineación de la estructura, se realizó una constante revisión numérica para que todo se mantuviera lo más apegado posible a lo indicado en planos.

Ambos arcos de 95 metros de longitud, un desarrollo de 123.28 metros y una altura máxima de 37 metros, fueron construidos in situ, montados por tramos e izados a una altura de 23 m para ser colocados en su posición final y comenzar a trabajar sosteniendo la techumbre por medio de torones de baja relajación de 5/8” de diámetro con un recubrimiento epóxico para evitar la corrosión. “Las cargas que se presentan hubieran sido factibles resolverlas con un material más común, aunque a la larga tendría una deformación que influiría sobre la estructura principal; de esta forma los esfuerzos que se están presentando en base a la capacidad del tipo de material son bastante bajos”, afirma Daniel Acevedo, de Grupo INPRESA, los proyectistas estructurales.

El primer aplauso
Los halagos fueron unánimes. El evento mundial ocurrió en vísperas del festejo de los 100 años de la FINA, y Mustapha Larfoui, presidente de esta federación, manifestaba que “el puente para el futuro se ha establecido... nuestra juventud dará nuevas razones para celebrar victorias, estrellas y resultados memorables”. Todo mundo aplaudió el excelente desempeño de la obra.

Tras la respuesta favorable, son niños en su mayoría los inscritos a las actividades del Centro; de esta nueva generación de deportistas, ¿cuántos talentos nos representarán en justas internacionales dentro de algunos años? Ha quedado demostrada una gran oportunidad de inversión: la formación académica superior ligada a la cultura física de nivel mundial.

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