Es Hotel, un nuevo minimalista en Roma

El proyecto italiano consiste en una intervención urbana discreta y contemporánea; exalta la historia con un diseño respetuosamente protagónico y accesible.
El Es Hotel es uno de los más recientes orgullos de la caden
Marcos G. Betanzos Correa

Diseñado en un estilo minimalista, el Radisson SAS Es Hotel se ha convertido en el lugar ideal para explorar la histórica ciudad de Roma, ya que posee un envidiable marco donde la historia imperial convive armónicamente con los actuales estilos de vivir. Su inquietante pero discreta presencia ha marcado una pauta importante dentro del diseño de alto nivel italiano, siendo además en esta ocasión el resguardo principal de la historia de la ciudad.

El proyecto para el hotel forma parte de un plan urbanístico elaborado por el Ayuntamiento de Roma que comprende rescatar las manzanas sin uso y mejorar los alrededores (Plaza Vittorio Emanuel II, vía o calle Giovanni Giolitti y la Basílica de Santa María la Mayor, a tan sólo dos cuadras), con la ambición de elevar el área en consonancia con su céntrica posición, debido a que en ella se ubica gran parte de las actividades más importantes de comercio, transporte, turismo y servicios. Las autoridades emprendieron acciones para destacar el histórico barrio que contiene un sinnúmero de edificaciones del siglo XIX. Desplazaron un mercado abierto y una plaza; restauraron dos antiguos cuarteles (uno de ellos situado frente al hotel) y se reactivó un teatro que había caído en desuso.

Un predio protagonista
El arquitecto Riccardo Roselli comenta a Obras que el sitio donde se emplaza el hotel se vendió como un lote vacío. El proyecto, que sería construido de inmediato, debía cumplir la doble función de fortalecer el sistema urbano y al mismo tiempo cubrir la demanda de estacionamiento de la zona, un distrito de alta densidad urbana. “Al principio nos pidieron que el trabajo de diseño fuera muy básico pero que sobre todo pusiéramos énfasis en la solución del estacionamiento y no del hotel, algo un poco confuso. Finalmente decidimos materializar lo que nosotros pensamos: la idea de que la arquitectura y el diseño pueden mejorar la vida a todos los niveles”.

Como recuerda Roselli, el proyecto fue muy interesante, porque ya con el terreno despejado dieron inicio las excavaciones para la cimentación y no habían profundizado más de 30 centímetros cuando fueron descubiertos antiguos restos de construcciones romanas. Entonces vino un abrupto fin a la construcción.

Pero no abandonarían el terreno y mucho menos la idea. Mientras que los arqueólogos iniciaron las excavaciones, el equipo de proyecto inició un plan B para no perder la comisión. Todo el proyecto fue replanteado y propusieron uno que preservara los vestigios y al mismo tiempo mantuviera la funcionalidad alojando el programa solicitado. Una exigencia formulada por la comisión de paisaje urbano demandaba hacer las dos actividades completamente separadas (hotel y estacionamiento) en un único bloque de varios pisos. Finalmente la nueva propuesta se integraba por un bloque abierto en forma de “c” con un patio interno; dos volúmenes principales conformados por basamentos a doble altura; tres niveles de estacionamiento; cinco niveles de habitaciones y un roof garden donde se localiza la alberca dividida en dos (adultos y niños) por un puente a ras del agua. La presencia de las ruinas planteó el acceso a éstas desde las zonas públicas a través una serie de curvas en concreto o planos plegados que surgen desde el nivel de los hallazgos, el vestíbulo —con acceso directamente desde la calle—, la sala de conferencias, y a través de las puertas giratorias de la entrada principal en el costado Sur.

Vistas únicas
Una panorámica de la ciudad puede observarse en todas direcciones desde las terrazas. La postal que obsequia la colina de Esquilino (una de las más altas de Roma) hace de esta zona un privilegiado mirador.

Las cubiertas de madera de las terrazas delimitadas por un barandal de acero causan la sensación de estar dentro de un barco en movimiento al interactuar con el ir y venir de los trenes de la estación Termini. Las 238 habitaciones obtienen aislamiento acústico y una atmósfera más serena pero no menos dinámica al abrirse las caras paralelas de la “c” hacia el patio interior e iluminarse cada noche de cinco diferentes colores mediante un sistema oculto en la cancelería. Este mosaico multicolor enfatiza la conexión peatonal que puede generarse desde el interior del edificio hacia un jardín público —producto de la donación que solicitaron a la cadena Radisson— y al teatro que se levanta en éste, ubicados en el lado Oriente, donde también persiste un remanente de acueducto romano, quizá contemporáneo de los vestigios del Es.

Si bien el contraste entre las edificaciones aledañas y el hotel es obvio, generar ciertas evocaciones al contexto aledaño fue prioritario. Por esta razón, se mantuvo un símil del esquema volumétrico original de la zona, se empleó un yeso especial utilizando una mezcla muy tradicional para dar un tono travertino que con el tiempo y la ayuda de la niebla, el humo y el polvo rojizo del ferrocarril se convertirá a nivel visual en parte de la estación ferroviaria, caracterizada por tener en el lado Norte un muro de aproximadamente dos kilómetros con este material.

Otra importante característica es el basamento exterior en la esquina Noreste y el zoclo del mismo material en el lado Suroeste. Ahí se trabajó con una laja grisácea que se amalgama a las aceras de esta zona. Pareciera que el pavimento se desdobla hasta formar una especie de cuña, una solución que oculta las diferencias de elevación resultantes del confinamiento del sitio arqueológico, y de forma secundaria hace inminentes los accesos al hotel. Este basamento pétreo forma una base en torno a un puente sobre las ruinas, ya que la autoridad arqueológica requería un área libre de estructura de soporte para hacer los hallazgos visibles desde el interior. De esta forma, por ser patrimonio italiano, las visitas al sitio están abiertas a todo público.

Diseño, huésped perpetuo
El interior marca una pauta decisiva. Los sistemas estructurales fueron resueltos a base de losas y columnas de concreto armado que no tienen mayor complejidad. El tipo de suelo ayudó considerablemente a que la estructura no se complicara demasiado: “Es evidente que trasladamos lo estructural a lo estilístico. Lo interesante fue que ya no estábamos atados a las limitantes externas por parte de clientes y encargados de la salvaguarda del patrimonio, la seguridad, la higiene, la historia, etc. El interior tenía que ser sumamente seductor”, asegura Roselli.

Un equipo creativo que trabajaba en estrecha colaboración con el desarrollo arquitectónico estudió cada una de las funciones de los espacios. Produjeron maquetas y bocetos para recrear los ambientes buscados sin sacrificar funcionamiento ni confort. Es posible ver, por ejemplo, que en el centro de conferencias fue integrada una secuencia de ‘nubes’ suspendidas que alojan deflectores acústicos, aire acondicionado y sistemas de sonido y proyección. Este local está considerado por la cadena Radisson SAS una “joya arquitectónica”. Puede dividirse en tres áreas independientes equipados con administración interactiva. El centro de conferencias se transforma en un estudio de televisión o de fotografía. Por su parte, en el séptimo y último nivel acaba de abrirse un nuevo salón llamado Conferencia Siete con capacidad para 60 espectadores e isóptica teatral.

Las habitaciones, de las cuales hay al menos 10 tipos diferentes, son variaciones sobre un mismo tema. La premisa fue que el cuarto de hotel, en contra de lo común, no es un hogar lejos del hogar. Para el equipo de diseño era fundamental entender que muchas veces el visitante busca fugar-se y prefiere la abstracción del espacio y sus objetos para percibir nuevos estímulos sensoriales. El baño es quizás el espacio llevado al límite pues con sus variaciones pone a prueba el nivel de intimidad que el huésped desee: la solución más recurrente fue la de encerrarlo en una caja de vidrio traslúcido, que también actúa como una fuente de luz ambiental. También operó la idea de instalar la tina junto a la cama... ¿impensable?, no para King Roselli.

La paleta de materiales empleada es vasta: desde las espumas de PVC para el tacto suave en los muebles, la madera de caoba por su calidez en terrazas y bares, piel color blanco, piedra de río cubierta con resina epóxica, paneles de aluminio, alfombras de lana y lino en diversos colores, etc. “Hemos diseñado las lámparas en las salas de lectura, ganchos, manijas, espejos, cepillos, los sensores de luz, carros de equipaje... ¡Nos gusta el diseño!”, termina contundente Riccardo Roselli.

El Es Hotel es uno de los más recientes orgullos de la cadena transnacional. El edificio, reconocido en toda Europa, más que sumarse a la ciudad permite que aquélla se introduzca en su espacio con gestos urbanos como la exhibición de sus ruinas. Ciencia y arte como equilibrio del tiempo y del espacio; la arquitectura como el mejor anfitrión.

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