Evolución en condominio cerca del DF

Espacios con estructura solvente ante sismos y vientos, apariencia eficiente y mutable; en el área conurbada de la Ciudad de México, un edificio que obedece a la Era de las Torres.
Los 38 departamentos de Da Vinci ocupan 19 de los 23 niveles  (Foto: )
Alain de J. Prieto Soldevilla

“Es tiempo en que debiéramos repudiar el trazo existente de nuestras ciudades, en donde la congestión de edificios se hace mayor. Entrelazados por angostas calles llenas de ruido, fumarolas y polvo…”. Esto plasmó Le Corbusier en su libro Hacia una arquitectura (1923), y 85 años después se aplica a la perfección a la Zona Metropolitana del Valle de México en pleno 2008.

Ya por aquella época Auguste Perret y Le Corbusier habían ideado la Ciudad de las Torres —nombre acuñado por Perret— que basaba las superestructuras en concreto armado y acero, los cimientos en pilotes y que permitía fachadas de cristal con vistas ininterrumpidas. En su profética publicación, Le Corbusier clama: “Estas torres […] se ensamblarán trayendo eficiencia y economía de tiempo y esfuerzo, y como resultado natural, la paz mental que es tan necesaria”.

Visiones utópicas como ésta suelen quedar en buenas intenciones, pero cuando en el entorno urbano aparecen edificios como el Da Vinci, de Pascal Arquitectos, retorna el optimismo. Ubicado en la colonia Hacienda de las Palmas, en Huixquilucan, Estado de México, está rodeado por condominios recientes de aspecto convencional en una zona inmersa en un proceso de alta saturación del suelo aprovechable, en donde incluso son invadidas las laderas de las barrancas, desbordando arbitrariamente la densidad de construcción.

Gerard Pascal no cree que los análisis para distritos de condominios en la Ciudad de México se planifiquen profesionalmente ni que se piense en las consecuencias viales y urbanas que tendrán. En el pasado, Carlos (1956) y Gerard (1954), hermanos y fundadores de este despacho, han diseñado edificios habitacionales de gran hechura que atrajeron la atención de los inversionistas quienes financiaron esta obra.

Cuestión de estilo
Los 38 departamentos del Da Vinci ocupan 19 de los 23 niveles en concreto armado vestidos de rojo, blanco, rosa y azul, y con líneas rectas en vertical y horizontal construyen un cuerpo de muchos ángulos, de facetas escalonadas, de relieves que responden a un plan: provocar arquitectura de excelencia en un mercado inmerso en los desarrollos comerciales.

Para los condóminos de esta torre, la plusvalía buscada en un ámbito aspiracional es asegurada por elementos de diferenciación surgidos del diseño, de la calidad y de una imagen distinguible. Por ello, la búsqueda de materiales distintos, y que luzcan bien a la vez, es intencional.

“No saber a dónde vamos a llegar es parte del proceso de experimentación. El look también cuenta”, comenta Gerard. Su filosofía no está alineada al uso específico de ningún material, color o tecnología. “Cuando comenzamos a diseñar y el cliente nos pregunta cómo va a quedar su obra, ni nosotros mismos lo sabemos, ya que es el resultado de un proceso de eliminación en el cual sabemos sólo lo que la obra no va a ser. Nada, ni el más pequeño tornillo y su ubicación suceden por accidente”, sostiene Carlos.

Sabedores que de acuerdo con el usuario vienen las necesidades, los arquitectos parten de que cada inquilino busca un espacio propio. Ya que la estandarización se impone por las características de las construcciones verticales de plantas tipo, buscaron una media lo más común al posible usuario y evitaron rasgos muy vanguardistas y grandes compromisos formales.

Con áreas de casi 300 metros cuadrados construidos por departamento, no se dejó fuera ninguna comodidad deseable: estancia familiar; sala y comedor con terraza y baño para visitas; tres recámaras con baño y vestidor cada una; sala familiar; cocina integral con despensa; patio y cuarto de servicio, y dos accesos (el formal y el de servicio).

Y no sólo se aprecia el generoso planteamiento programático, sino la luz natural que penetra copiosamente en las habitaciones, reforzada por una altura de piso a techo de 2.80 m, los acabados, la disposición misma de los espacios, los muebles de baño y el diseño de cancelería e iluminación.

En cuanto a las comunicaciones verticales que ligan a los 23 niveles, se dispuso una escalera, dos elevadores principales y un elevador de servicio que desembarcan en la azotea. Un cuerpo cúbico que contiene el cuarto de máquinas y sobrepasos de los ascensores sirve de cabecera a la piscina, al área de asoleaderos y al bar.

A los Pascal no les gusta denominar los edificios que proyectan —de hecho, el nombre fue elegido por los clientes— para conferirles una personalidad implícita, sino que la persiguen a través del valor agregado de su diseño arquitectónico; buscaban algo no visto y no hecho en México en cuanto a tecnología y materiales, pero principalmente querían lograr algo único que no se pareciese a nada.

Afuera es adentro
Creyentes de que la interacción entre el edificio y su contexto debe ser mutuamente beneficiosa, este condominio no tiene bardas que lo confinen; no hay una barrera física que separe sus espacios públicos y la calle.

El estacionamiento para visitas —con el que pocas propiedades cuentan— incorpora 12 cajones dimensionados para personas de capacidades diferentes. Por su amplitud visual y remetimiento se transforma en una extensión hacia la avenida, brindando amplitud visual; además, el carril de nado cubierto —ubicado a la derecha del acceso— le sirve de faro por las noches.

La entrada principal recibe al caminante con una marquesina de policarbonato apoyada en un bastidor sobre columnas de acero inoxidable que brotan de un espejo de agua. El puente-andador define la jerarquía de esta puerta valiéndose de su ortogonalidad y de la duela que infieren la bienvenida para quienes ingresan. “Todo este juego que parece tan ligero y transparente está pensado de manera que físicamente proponga un acceso controlado al edificio, pero cuidando que no se vea como una fortaleza inaccesible”, describe Carlos.

Las zonas comunes del Da Vinci son todo un proyecto integral en sí mismo. Desde el lobby es posible percibir que no sólo es un espacio de transición sino que cumple también con su uso vestibular y como anfitrión estático. De ahí, conectándose a los pasillos públicos y traspasando otra puerta, puede llegarse al gimnasio y spa, al carril de nado (lap pool), y al salón de eventos.

En la parte posterior del edificio, más comodidades aguardan. Se proyectó un salón de juegos para adultos —a cubierto— y, por medio de una terraza, puede accederse al área recreativa al aire libre donde se encuentran prados verdes, la cascada artificial, la cancha de paddle tennis, los juegos infantiles, el arenero para niños y la pista para caminar. Al fondo colinda con zona federal por donde corre un riachuelo, lo que condicionó el desplante de la obra de acuerdo con la restricción correspondiente.

Arriba, abajo y atrás
El proyecto en sí puede lograr la supresión de molestias comunes en condominios tales como ruidos de muebles, tacones, voces y descargas sanitarias. La forma en que se concibió esta obra permite que cada quien tenga su propio piso, a diferencia de otras viviendas donde las instalaciones sanitarias corren por las losas.

Trabajando en este aspecto, el proyecto contempló que todos los baños (salvo visitas y servicio que evacuan hacia ductos interiores) dieran al exterior, y los muebles vaciaran hacia paño de fachada.

Para cumplir esta condición fueron utilizados escusados de descarga trasera, y coladeras de pretil en las regaderas. De ahí que no se escucha cuando el vecino acciona el inodoro. Las reparaciones pueden realizarse por fuera desmontando las piezas como si se tratara de un enorme ducto, evitando romper elementos interiores. Si ocurre una descompostura mayor, no hay manera de que afecte el interior de los departamentos ni provoque goteras al piso de abajo. Todas las instalaciones corren perimetralmente ocultas por los prefabricados de fachada que fueron sujetos con tornillería para permitir su remoción, ya sea por causa de  estas reparaciones o por cambios futuros meramente estéticos.

Los revestimientos modulares de mármol de 30 mm y de Prodema Baq+ de 8 mm— un panel de alta densidad con alma de fibra de celulosa y superficie de madera protegida con resinas acrílicas—, cierran las fachadas mediante un sistema de perfiles suspendidos desarmables que, anclados a la estructura de concreto, se separan hasta 20 cm. En locales sanitarios, este vacío forma una cámara plena que aloja el desfogue de bajantes de aguas negras y tubos ventiladores.

En cuanto al manejo de aguas residuales, Da Vinci opera con una planta de tratamiento cuyos excedentes son vertidos hacia la cañada posterior. Una parte del producto, es utilizada para riego de los jardines.

Los sistemas de seguridad y especiales comprenden: planta de emergencia; rociadores contra incendio; automatización y monitoreo de equipos; telecomunicaciones; control de accesos; circuito cerrado de televisión, así como preparaciones para aire acondicionado.

Cinco fachadas
A semejanza de un dado, en esta obra todos los lados juegan por efecto de la distribución funcional de los departamentos y por la propia plusvalía que se recorta sensiblemente cuando se acercan demasiado las construcciones.

“No son cuatro fachadas, son cinco si tomamos en cuenta la azotea. Estamos en contra de los edificios con fachadas laterales sin terminar; buscamos, cuando se puede, que se separen y dejen aire a los costados aun cuando los reglamentos no lo requieran. Esto es una desventaja competitiva para los vecinos que no invierten tanto”, destaca Carlos Pascal. Esta postura queda de manifiesto al observar la cara posterior prolongada en vertical (17 m por debajo del frente del edificio) aprovechando la barranca en que se inserta. Los cuerpos de estacionamiento que flanquean a la torre, independientes y simétricos, adquieren gran importancia plástica dado que su estructura aparente muestra las rampas en espiral ascendente que hacen de esta portada —tantas y tantas veces subdiseñada— uno de los atractivos mejor logrados del condominio.

Le Corbusier escribió: “Al pie de las torres se extenderán los parques: árboles cubriendo la ciudad entera. El exterior de las torres formará imponentes avenidas; ahí realmente habrá una arquitectura digna de nuestro tiempo”. Si bien el Da Vinci cumple con traer ‘el bosque’ a los pies mismos del edificio, definitivamente no hay imponentes avenidas en las inmediaciones y la arquitectura “digna de nuestro tiempo” está reservada a especímenes aislados, como este edificio que produce un impacto urbano mutuo con respecto al contexto en que se halla inmerso.

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