Espacio público

El rescate del espacio público es fundamental para devolver a las ciudades lugares abiertos y l
Alejandro Ochoa Vega
Alejandro Ochoa Vega

A raíz de una nota publicada en el periódico Reforma el pasado 12 de febrero, sobre la idea de rescatar las áreas públicas aledañas a las estaciones del metro en la Ciudad de México, surgen estas breves reflexiones. Las urbes contemporáneas latinoamericanas, desde las metrópolis hasta las ciudades medias, tienen más de 20 años con la experiencia viva y cotidiana del comercio informal invadiendo aceras, plazas y jardines donde existe la confluencia masiva de transeúntes, como pasa con las estaciones del Sistema de Transporte Colectivo, pero también a lo largo de vialidades primarias y de edificios simbólicos de gran atracción popular como el entorno de la Basílica de Guadalupe. Así, cualquier iniciativa que permita contrarrestar esa situación es bienvenida, en beneficio de los propios peatones que ahora podrán recuperar un paisaje abierto y limpio, perdido en la memoria de buena parte de la población.

Ciudades como Lima, en Perú, y Morelia, en Michoacán, son ejemplos exitosos de haber podido reubicar a los ambulantes y despejar las áreas centrales para el disfrute y paseo de la población local y foránea. Pero además de reconocer que el fenómeno del comercio informal es estructural y va más allá de una eventual reubicación, lo que me interesa traer a cuento es la pérdida de los espacios urbanos como sitios de encuentro y convivencia social. Es cierto que la ciudad del siglo XXI no volverá a ser nunca la del siglo XIX, en cuanto a su escala doméstica y humana, entonces, la pregunta es: ¿podemos recuperar la ciudad para sus habitantes?

Otro problema es asumir la vocación comercial que todo centro urbano tiene, y lo que implica en el contexto latinoamericano el acceso para una población mayoritaria a productos más baratos que en las tiendas establecidas. Entonces, la proliferación de puestos ambulantes sobre los espacios urbanos para circular, pasear y transbordar de un transporte colectivo a otro son la constante, pero sin ningún ordenamiento que evite estructuras endebles, toldos multicolores, cables colgados del poste más cercano y basura. Está bien que el comercio en la calle en México sea una manifestación cultural propia, y es claro que no somos ni Suiza ni Alemania para pretender una ascepcia urbana, pero no está de más detenernos en el problema y buscar alternativas en beneficio de todos.

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