Espejismo en el paraíso

El desarrollo hotelero en Peñasco contrasta con las calles sin pavimentar y la falta de viviend
(Carlos Ferrer)  (Foto: )
Hugo Salvatierra Arreguín

A lo largo de la Costera, los trabajadores edifican los hoteles y condominios que serán la punta de lanza del desarrollo de  Puerto Peñasco, Sonora. El verde del campo de golf contrasta con la arena de las dunas de la playa. Los empresarios hablan entusiasmados de acuarios, centros comerciales y hospitales para extranjeros. Todos piensan en un centro turístico de primer nivel.

El paisaje cambia por detrás de Sandy Beach Resorts, Costa Diamante, Sonora Sea, Bella Sirena y Las Palmas, desarrollos en operación en sus primeras etapas. La pavimentación apenas alcanza 17% del municipio; el drenaje, 68%. El agua potable llega a 95% de la gente, pero de acuerdo con Marco David Ángel López, director de Obra Pública del gobierno local, “en una semana pueden surgir otras dos colonias”. Los datos cambian todos los días. Luis Javier Castro, subdirector general de la Comisión Nacional de Vivienda (Conavi), visitó el recinto turístico dos años atrás. “Las residencias eran impresionantes”, comenta, pero en las calles sólo había terracería. “Había cero infraestructura”.

Si esto sucede en las zonas de alto nivel, es fácil imaginar la realidad de las clases medias y bajas. Pueblo de pescadores hace 10 años, Peñasco registra hoy un crecimiento poblacional de 10% anual y demanda con urgencia tierras para vivienda, agua, luz, drenaje, pavimentación, escuelas y centros de salud.

El pavimento termina una calle atrás de la Costera y los edificios en construcción. Detrás de la barda que en un futuro será parte de un desarrollo turístico, Mercedes Ruiz, La Negrita, de 45 años, amasa una mezcla de yeso y agua para dar forma a las estrellas de mar, delfines y demás figurillas que hasta hace unos días vendía en el malecón. El municipio se lo impide hoy.

Ella es protagonista del crecimiento de Puerto Peñasco. Hace 24 años llegó en un automóvil viejo desde Acapulco, Guerrero, después de que su marido regresó de los Estados Unidos tras buscar sin éxito el sueño americano. Un día se acercó un señor con una pistola. Era el vigilante de la colonia. El hombre les dijo que buscaran a Don Pablo para que les diera un terreno. Sin pagar un peso, se hicieron de un predio. Con el paso del tiempo llegaron los servicios básicos e incluso el teléfono. Todo menos pavimento. “Aquí sólo lo hay donde viven los políticos o en las zonas turísticas”, explica La Negrita.

El Gobierno está a punto de terminar de instalar los servicios básicos en la colonia Nuevo Peñasco, donde las calles son de tierra, igual que prácticamente en todo el municipio. A un lado, en la invasión 12 de Octubre, habitan 200 familias sin agua, energía eléctrica, drenaje o pavimento. Pocas casas son de tabique. La mayoría están construidas con bastidores de madera y láminas de cartón o metal.

Los conjuntos habitacionales de interés social, tan extendidos en otros lugares de la República, son una quimera en Puerto Peñasco. Las pocas empresas instaladas en el municipio construyen conjuntos de, cuando mucho, 20 unidades. Banca Hipotecara Bancomer, en tres años, no ha logrado colocar más de 50 créditos para vivienda de entre 250,000 y 500,000 pesos. Isidoro Sánchez Espejel, director general adjunto de Desarrollo de Productos del banco, es escéptico ante la llegada de las grandes desarrolladoras. Para las firmas de mayor tamaño sólo es negocio entrar en plazas donde pueden construir más de 20,000 casas al año y en Peñasco es difícil que se puedan dar más de 400 créditos.

El eterno problema

Aquí los terrenos no se compran, sino que se invaden, explica una lideresa local. Algunos de los primeros pobladores comenzaron a cercar sus terrenos y ahora los venden hasta en 20,000 pesos. Pero ella dice no pertenecer a ningún partido político y niega haber hecho la invasión. “La gente me habló para que la ayudara”, se defiende. Ahora trabaja con el municipio para que se regularicen los terrenos.

El principal problema para los desarrolladores está en los excesivos precios de la tierra. El crecimiento del lugar, enfocado al turismo, hizo que los dueños de los predios especulasen con su valor, explica Castro, de Conavi. Esto lo hace poco atractivo para los desarrolladores de vivienda de interés social, que no pueden subir el precio final de las casas que venden. El metro cuadrado, explica Ángel López, del gobierno local, alcanza los 5,000 pesos cerca de la playa, entre 1,000 y 2,000 en el centro de la ciudad y de 200 a 500 pesos en las afueras.

Además, la tierra está concentrada en pocos dueños, añade Sánchez Espejel, de Banca Hipotecaria Bancomer. “No veo que las autoridades municipales o estatales metan una infra­estructura en serio”, explica, lo que encarece aún más las viviendas.

La falta de infraestructura impactó el negocio de Víctor Gerardo Barajas, director de Nova Promotora Residencial, desarrolladora con sede en Mexicali. Hoy construyen 268 viviendas de 38 m2 y 127 m2 de terreno. Es la primera etapa de Villa de Altar, un conjunto que tendrá 700 unidades en la colonia San Rafael, a 5 km del centro. La firma decidió sacrificar los márgenes, hoy en torno a 20%. Tuvo que invertir en predios de 120 pesos por metro cuadrado pagados al contado y 180 pesos a plazos, instalar 800 metros de tubería para conectar el predio al drenaje y construir 3.6 km de tubería para agua, debido a que las redes están alejadas del lugar. Cada vivienda iba a costar 221,000 pesos, pero las inversiones en infraestructura elevaron el precio a 269,000 pesos. No obstante, hay 400 casas vendidas. “Eso es lo que nos impulsó para sacrificar el margen”, explica Barajas.

Es por esto que las desarrrolladoras no quieren construir en Peñasco, explica Gabriel del Castillo, analista de la consultora Softec. “¿Vas a pagar 500 pesos por metro cuadrado de arena y desierto?”, se pregunta. Sin embargo, Nova tiene planes para extender el conjunto a 5,000 viviendas, con parques, iglesias, escuelas y comercios. Contra el desorden, la administración trabaja en un plan de desarrollo a 25 años. Habrá que hacerlo pronto. “En términos de colores lo pondría en amarillo, no me atrevería a ponerlo en rojo”, dice del Castillo, de Softec.

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