Fiebre por el acero

Las grandes acereras colocan a México en el mapa del mundo.
Hugo Salvatierra Arreguín

Alfiles, caballos y peones comienzan a moverse por el gran tablero mexicano. Las grandes quieren controlar el mundo y México es fundamental. La estrategia es absorber empresas —incluso a sus competidores— y realizar alianzas. Arcelor Mittal se quedó con Siderúrgica Lázaro Cárdenas (Sicartsa), la ítalo-argentina Ternium con Industrias Monterrey (Grupo Imsa), y Grupo Gerdau, de origen brasileño, compró Aceros Tultitlán. Hoy, alrededor de 50% de la producción está en manos extranjeras, calcula Rafael Pablo, analista de Acciones y Valores Banamex (Accival). Es el primer paso.

Ahora viene la integración y consolidación. Mientras Altos Hornos de México (AHMSA) se mantiene independiente y trabaja en su propia integración, la ola de las grandes compras ha terminado. Los analistas no descartan más operaciones en el largo plazo, pero serán negocios muy puntuales. “Pudieran darse [las compras] hacia abajo, en otro tamaño de empresas”, explica Alberto Moreno, de la calificadora Fitch Ratings, “en la medida en que busquen ampliar el abanico de productos”.

El interés por empresas especializadas en productos específicos tiene más que ver con buscar mercado en otros países como EU, explica Pedro Portilla, director de la Asociación de Distribuidores de Acero (ADIAC), que agrupa a los distribuidores mexicanos. Formar cadenas integradas, explica, “genera un gasto fuerte en el plan de administración, por lo que no sería muy viable económicamente”.

Hoy, el mercado mexicano está compuesto por empresas integradas como AHMSA, Sicartsa, Hylsamex y Tubos de Acero de México (TAMSA), que realizan desde la extracción de los minerales hasta la producción. Esto les permite contribuir con 75% de la producción nacional, cita el portal de negocios www.cnnexpansion.com.

El resto de la industria pertenece a compañías que prácticamente sólo transforman el metal.

México es el décimo quinto productor en el Ranking Mundial del Acero de la Cámara Nacional de la Industria del Hierro y del Acero (Ca­nacero). Está por detrás de países como Brasil, Turquía, Francia, Taiwán o España. Produce 16.3 millones de toneladas al año, según el Colegio de la Frontera Norte (Colef). Según la Canacero exporta 5.6 millones de toneladas, mientras que importa 8.8 millones de toneladas.

Por qué México
Muchos ven en las recientes compras e integraciones el temor a China. Las principales acereras del mundo quieren anticiparse al momento en que las siderúrgicas del país asiático decidan exportar. “Puede ser una medida para anticiparse”, reconoce Moreno, de Fitch Ratings. Chen Haoran, presidente de la Cámara de Comercio de Importación y Exportación de Metales, Minerales y Químicos de China, señaló hace siete meses que de enero a octubre de 2006 las exportaciones de acero de su país alcanzaron 33 millones de toneladas, cifra 92% superior al mismo periodo de 2005. Por primera vez en más de dos décadas las salidas del material sobrepasaron las entradas. Pero el fenómeno no durará mucho, según el funcionario, ya que la nueva legislación reducirá las tasas de devolución de impuestos a la exportación y la producción.

En cualquier caso, el consumo interno seguirá siendo el principal motor. “Eso de que China dejará de consumir va a estar difícil”, afirma Pedro Portilla, de ADIAC. Hay que pensar en las dimensiones del país asiático para imaginar sus necesidades de acero. Tiene un territorio de 9.6 millones de kilómetros cuadrados —una 15a parte del mundo— y una población aproximada de 1,300 millones de habitantes. Su economía está en plena expansión; en 2006, según la agencia nacional de noticias Xinhua, fue la que más creció en el mundo, un 10.7%. Esta dinámica, que empuja al crecimiento de las ciudades, es motivo suficiente para que la demanda interna se mantenga.

En relación con esto aparece otra razón para los últimos movimientos en México: el reparto del mundo de las más grandes. México funciona como una conexión entre EU, China y Sudamérica, donde está Brasil, el segundo productor del continente con 30.9 millones de toneladas en 2006, de acuerdo con la Canacero. Si las empresas tienen aquí sus empresas les resulta más barato trasladar su mercancía a través de los puertos mexicanos.

Y como en tantos otros sectores económicos, el país es interesante por su cercanía con EU y  la preferencia que le da el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). A pesar de ser el tercer productor de acero del mundo (aproximadamente 98.6 millones de toneladas anuales, según Canacero), EU es un gran importador: 25.1 millones de toneladas en 2006, según su Departamento de Comercio. Fundamentalmente compra a la UE, cuyos 27 países le venden en conjunto 5.6 millones de toneladas al año. Le sigue Canadá, con 5.5 millones de toneladas y China con 5.3 millones de toneladas. México aparece en el séptimo lugar, con 1.8 millones de toneladas y Brasil es noveno, con 1.4 millones de toneladas.

En cualquier caso, sea China, la integración regional, o la cercanía con EU, no parece que ninguna de las compras esté motivada por el mercado mexicano en sí. Ninguna de estas operaciones afecta al mercado local, explica Juan Pablo Becerra, analista de Standard & Poor’s. “Si traen planes agresivos de crecimiento ayudarán al país, pero yo diría que todo lo que se amplíe será para exportar”.

Tejes y manejes del pasado
El mercado mexicano ha cambiado mucho en las últimas dos décadas. En los años 80 la actividad acerera era orgullo y prioridad nacional del PRI, el partido en el poder. Sin embargo, la sobreoferta internacional hizo más barato importar que producir, explica Salvador Corrales, investigador del Colef  y especialista en AHMSA. A consecuencia de esto, en 1986 Fundidora Monterrey, uno de los bastiones de la sustitución de importaciones, dejó de ser rentable y cerró. Sicartsa y AHMSA fueron vendidas a principios de los 90.

La producción creció así notablemente. En 1980 el país generaba 7.1 millones de toneladas, cifra que en 1985 ascendió a 7.3 millones de toneladas, en 1990 a 9.7 millones de toneladas, en 1995 a 12.1 millones de toneladas, en 2000 a 15.6 millones de toneladas y a 16.3 millones de toneladas en 2006, indican las estadísticas del libro Redes productivas en la industria acerera. El caso de Altos Hornos de México, S.A. 1982-2000 escrito por Salvador Corrales, investigador del Colef en 2006.

Acostumbradas a un mercado local poco agresivo, para poder sobrevivir, explica Corrales, las compañías que operaban en el territorio nacional tuvieron que modernizarse y bajar los costos de operación. Sin embargo, para muchas esto no fue suficiente. La necesidad de mantener economías de escala para poder competir hizo que muchas pequeñas cerrasen o fuesen absorbidas por sus competidoras. Lo mismo está ocurriendo hoy en la ola de compras desatada por las multinacionales.

La ola parece haber llegado a la orilla. El tablero acerero mexicano se reacomoda y se alista para una nueva partida mundial.

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