Nueva vida para la Biblioteca Central

A 50 años de su construcción, la Biblioteca Central es objeto de una rearquitectura.
La rearquitectura
Isaura González Gottdiener

Diseñada por el arquitecto Juan O’Gorman, en asociación con Gustavo Saavedra y Juan Martínez de Velasco, la Biblioteca Central de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) es uno de los edificios más representativos de la Ciudad de México. A 50 años de su construcción y tras una remodelación iniciada en 2000, se mantiene como el cerebro bibliográfico de la máxima casa de estudios.

Uno de los  edificios más fotografiados de la Ciudad de México toma un nuevo aire gracias a los trabajos de rearquitectura iniciados en 2000. De 2000 a 2006 se han invertido aproximadamente 19 millones 885 mil pesos.

La doctora Silvia González Marín, directora general de Bibliotecas de la UNAM quería readaptar la estructura y el sistema para brindar un mejor servicio: “Revivir la arquitectura para lograr un lugar agradable donde los alumnos puedan trabajar es fundamental, de ahí la importancia del proyecto”.

Autorizada por la Dirección General de Obras de la UNAM, la renovación de la biblioteca más completa de América Latina quedó a cargo del arquitecto Luis Solís Ávila, académico de la Facultad de Arquitectura.

Para Solís ávila era esencial devolver a la estructura la calidad de sus espacios e incorporar nuevas tecnologías de información y comunicación. Así surgió el plan maestro.

El plan maestro
La intervención de la Biblioteca Central parte del concepto de rearquitectura, un término acuñado a finales del siglo XX. No sólo se trata de restaurar o remodelar: al hacer rearquitectura se debe considerar primordialmente el respeto absoluto por el proyecto original, y el elemento tiempo, que modifica muchos de los elementos de origen, como son el uso, el destino y la función.

El plan maestro incluyó el reordenamiento de cada una de las áreas de la superficie de 14,573 m2. A la fecha han sido intervenidas cerca de 8,753 m2, equivalentes a 60% del total del edificio.

La planta principal fue transformada al abrir el acceso a la Facultad de Filosofía y Letras y al patio sur para permitir ventilación cruzada. Asimismo, los accesos norte y sur se despejaron .

El centro de la planta se encuentra el mostrador de atención donde se realizan todos los trámites; aquí se incorporaron computadoras para agilizar el servicio y reducir el tamaño del módulo, eliminando las columnas falsas.

De acuerdo con Elsa Moreno, quien labora desde hace 30 años en la Biblioteca, los cambios han provocado un aumento de usuarios en más de 50%. “Ya era necesario este tipo de remodelación porque las computadoras y catálogos automatizados agilizan el trabajo, era primordial pues en un día normal existen aproximadamente 11 mil usuarios”.

La reordenación recuperó dos circulaciones lineales paralelas que conectan las dos áreas de lectura —poniente y oriente— que rematan con la vista del campus. En el lado sur se colocaron mesas de lectura en  grupo que amplían la capacidad hasta 320 usuarios.

La reubicación de estanterías de libros recupera la vista de los lucernarios con placas de ónix que iluminan cenitalmente la sala de lectura, lo que ha hecho que los vitrales de las ventanas sean nuevamente  protagonistas del espacio. El acervo abierto se ubica en forma lineal al norte para facilitar su consulta, y mejorar el control.

El patio se inaugura como lugar de exposiciones y conciertos, pues la doctora González Marín quería una biblioteca que también fuera un lugar para promover la cultura. Posteriormente se estrena como jardín cibernético, espacio donde los estudiantes tienen conexión inalámbrica a internet.

La fuente de Tláloc se puso nuevamente en funcionamiento. De especial mención es la iluminación exterior del edificio que convierte a la Biblioteca en un verdadero espectáculo nocturno.

En la planta basamento —entrada de proveedores, prestadores de servicios y usuarios del centro de capacitación—, se ubican tres salones de educación a distancia equipados con tecnología de punta.

El área administrativa quedó al sur-poniente y se liberó el mezanine del poniente para incorporarlo a la zona de lectura de la planta principal, para lo cual se colocó una escalera y se eliminó la cancelería existente. Aquí se ubica el servicio de consulta electrónica, que ofrece, entre otras cosas, acceso a la Biblioteca Digital (BIDI).

El primer piso también fue intervenido. Se instalaron lámparas ahorradoras de energía con balastros electrónicos que proporcionan la intensidad de luz adecuada para la lectura. Se colocaron puertas automáticas y equipo de aire acondicionado para proporcionar óptimas condiciones ambientales.

El mobiliario aprovecha al máximo el espacio. En cada mesa se sitúan lámparas y conexiones eléctricas para equipo de cómputo. Los estantes reúnen las especificaciones de calidad y resistencia aprobada por el Instituto de Investigaciones de Materiales de la UNAM.

Los paneles laterales de los estantes de vidrio sandblasteado permiten pasar la luz y brindan un ambiente iluminado y confortable. En la sala oriente se creó una videoteca con una colección de 2,800 videos en formato VHS, CD-ROM y DVD.

El proyecto busca reubicar la Dirección General de Bibliotecas (DGB) en otro edificio para aumentar la capacidad del recinto. Lo anterior permitiría que los  acervos históricos y de consulta cerrada se localizaran en los dos niveles de sótanos, y el resto de los acervos de libros, áreas de lectura, consulta, lectura informal y áreas administrativas en los niveles de basamento, planta principal, entrepiso, planta alta y en los niveles 1 al 5.

Asimismo, en los niveles 6 al 10 se encontrarían las nuevas áreas de biblioteca digital que incluirían consulta electrónica, acervo digital de revistas, videos, libros, educación a distancia y multimedios.

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