La casa del cristal

La residencia del primer premio Pritzker ya está abierta al público.
Marcos G. Betanzos Correa

Philip Johnson (1906-2005) fue un hombre analítico pero sobre todo un arquitecto afortunado: fue testigo-ensayista de la producción y transformación arquitectónica del siglo XX casi en su totalidad. Con tal dicha, su obra se impregnó de estilos e ideologías radicales que en su momento fueron exaltadas tanto por los procedimientos constructivos como por los materiales empleados en ellas. Para el primer Premio Pritzker (1979) uno de los más influyentes materiales resultaría ser el cristal.

Su fascinación por éste orilló al aún joven estudiante de Harvard a proponer su tema de tesis basado en un proyecto personal al que denominó Glass House, (New Canaan, Connecticut, EUA). Esta obra, realizada en 1949, comprendía un programa tradicional para una casa habitación; no obstante, sorprendió en su momento la forma “irreverente” de mostrar con detalle la vida interna en ella: todo era absolutamente visible, cada una de sus paredes permitían saber qué sucedía en cada uno de sus espacios (a excepción de un cilindro de tabique que albergaba las instalaciones), y el uso de la estructura metálica se alejaba de la robustez acostumbrada.

Esto la convirtió en uno de los más valiosos íconos de la modernidad arquitectónica, pero al mismo tiempo puso punto final a la búsqueda de transparencia y flexibilidad por parte de la modernidad europea.
Hoy, el espacio que marcó el nacimiento arquitectónico de un hombre así como su deceso, ha quedado abierto al público en general para conocer y sentir la atmosfera etérea que tanto pregonó su creador. A diferencia de su voluntad en vida, hoy pueden entrar todos los interesados sin invitación escrita por él.

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