AHMSA, aún bajo la sombra de la quiebra

Los fantasmas de la quiebra y una posible venta no dejan en paz a la acerera líder del país.
En México existen cerca de 1,500 fundiciones, de éstas 90% s  (Foto: )
Hugo Salvatierra Arreguín

El gigante del acero mexicano se tambalea. Altos Hornos de México (AHMSA), la última gran acerera en manos nacionales, quiere seguir creciendo para mantenerse como líder. Sin embargo, libra una batalla contra sus acreedores desde 1999, año que presentó suspensión de pagos. La deuda es de 1,900 millones de dólares (mdd), y el acuerdo con los acreedores no llega nunca. La declaración de quiebra parece cerca.

Los rumores de una compra internacional también crecen. Las principales acereras mexicanas han sido absorbidas por las más grandes del mundo, como Arcelor-Mittal, Ternium o Gerdau. Hoy, alrededor de 50% de la producción mexicana de acero (décimo quinto productor mundial de acero) está en manos de extranjeros, calcula Rafael Pablo, analista de Acciones y Valores Banamex (Accival). “Así como está funcionando, tarde o temprano alguien la tiene que comprar”, explica Salvador Corrales, investigador del Colegio de la Frontera Norte (COLEF) y especialista en la empresa. Para Corrales la situación actual es difícilmente sostenible, sobre todo, “porque está trabajando casi a su máxima capacidad”.
La compañía, con sede en Monclova, Coahuila, generó ingresos por 2,425 mdd en 2006. Produjo 3.4 millones de toneladas de acero líquido y 2.9 millones de toneladas de productos terminados de acero, 16% de la producción nacional. Sin embargo, cayó de la posición 7 a la 12 en el listado de los 100 Proveedores de Obras.

Es una de las pocas empresas integradas verticalmente, junto con Hylsamex y Sicartsa. Participan desde la producción del mineral que les sirve de materia prima hasta la comercialización y distribución de sus productos (placa, lámina rolada, hojalata, perfiles estructurales pesados y ligeros), que sirven a la industria de la manufactura, construcción, automotriz, petróleo, empaque y aparatos domésticos. Controla cuatro subsidiarias, tres de ellas (MINOSA, CEMESA y MIMOSA) responsables de las minas que le surten de hierro y carbón. La cuarta, MICARE, produce y vende a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) carbón térmico, materia prima para la generación de energía eléctrica.

Alonso Ancira Elizondo, presidente del Consejo de Administración, es optimista ante la situación de la compañía. El mercado nacional, donde venden 90% de su producción, no ha dejado de crecer en la última década (10% en el último año). Y, a nivel mundial, el precio se mantiene alto desde hace algunos.

Carrera de fondo
Los tiempos difíciles empezaron después de la privatización, a finales de 1991. AHMSA no supo afrontar la creciente competencia global generada por el levantamiento drástico de aranceles a la producción internacional (45% en 1986) durante el sexenio de Salinas. La sobreoferta hizo más barato importar que producir, explica Corrales,  del COLEF.

El cambio afectó a todas. Fundidora Monterrey, uno de los bastiones de la industrialización sustitutiva de importaciones, dejó de ser rentable en 1996 y cerró. Las que sobrevivieron se vieron obligadas a reducir costos drásticamente. Las pequeñas cerraron o fueron vendidas.

AHMSA se arrastró como pudo hasta 1999, cuando presentó suspensión de pagos. Después de varios años de ofertas y contra-ofertas, la primera resolución tuvo lugar en 2005, cuando MICARE, una de las subsidiarias, acordó pagar su deuda en tres años más. Esto animó a continuar el proceso, al punto que AHMSA contrató a un banco (UBS Investment Bank) para las negociaciones con los acreedores. En 2006 se anunció un acuerdo preliminar para financiar la deuda, pero el definitivo nunca se logró.

La acerera explicó en un comunicado en abril de 2007 que las negociaciones se rompieron porque los acreedores cambiaron su postura y pidieron mucho más de lo que habían establecido en el preacuerdo. Esto le pareció “contrario a la ley” y a la viabilidad de la propia compañía en el largo plazo. No descartan declararse en quiebra si sus acreedores continúan en su postura.

Si esto llegase a ocurrir cerraría la acerera más antigua y con más peso en la industria. AHMSA nació en la Segunda Guerra Mundial (1944), explican en su reporte anual de actividades, cuando las importaciones de acero de EU se redujeron drásticamente por el conflicto armado. Su origen fue una coinversión público-privada, pero a finales de los 70 pasó a manos del Gobierno. Durante el sexenio de Carlos Salinas, se decidió que el acero no era estratégico para el país y se vendió la compañía estatal. Así pasó a manos de Alonso Ancira (hoy también presidente de la Cámara Nacional del Hierro y el Acero) y Xavier Autrey, que la llevaron a la Bolsa Mexicana de Valores en 1994 y hoy son sus principales accionistas.

Ancira y Autrey están dispuestos a evitar la quiebra mediante el crecimiento de la producción, por lo que siguen apostándole a nuevos proyectos. El más reciente es Proyecto Fénix, que contempla la inversión de 512 mdd en sus plantas siderúrgicas para su modernización entre 2006 y 2009. Con estas inversiones quieren llegar a los 4.6 millones de toneladas de acero líquido al año, aproximadamente 40% más de lo que producen actualmente.
A pesar de esto, no hay que echar las campanas al vuelo. Hay riesgos latentes que podrían obstaculizar el desempeño de la compañía. Sólo tres de los 10 principales clientes —52% de los ingresos— tienen contrato de compra a largo plazo. Además, cualquier problema laboral, en plantas o minas, puede perjudicar la producción. La navaja está afilada.

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