Bonos de Carbono, indulgencia ambiental

Un mecanismo tecnológico-financiero compensa el exceso de emisiones contaminantes de las empres así, cada año se intercambian 150 millones de Bonos de Carbono a lo largo y ancho del mundo.
China, India y Brasil concentran 70% del mercado de bonos de
Ana Lydia Valdés

Las indulgencias nuevamente cobran vida. Pero esta vez no ofrecen la remisión de penas temporales para ganarse el cielo sino la libertad para contaminar. Se conocen como Bonos de Carbono o Certificaciones de Reducción de Emisiones (CER), un mecanismo internacional para reducir las emisiones contaminantes al medio ambiente —propuesto por los países signatarios del Protocolo de Kyoto— que ofrece incentivos económicos para que las empresas contribuyan a mejorar la calidad ambiental y se regule la contaminación generada por sus procesos productivos.

Empresas o gobiernos pueden certificar las reducciones de contaminantes que llevan a cabo en sus procesos productivos, principalmente las de gases de efecto invernadero (GEI) como el bióxido de carbono (CO2) y el metano. Así pueden emitir Bonos de Carbono, que son comprados por aquellas empresas o gobiernos que buscan compensar el exceso de emisiones contaminantes en sus procesos. Este sistema considera la acción de contaminar como un bien canjeable con un precio de mercado.

“El que quiera contaminar que pague”, dice Sergio Ruiz Olloqui, presidente nacional del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF).

Con los Bonos de Carbono se ha creado un mercado de energías renovables que da una alternativa a las empresas y a los países signatarios del Protocolo de Kyoto para que cumplan con sus compromisos con el medio ambiente; se conoce como Mecanismo para un Desarrollo Limpio (MDL).

Cada año se intercambian 150 millones de Bonos de Carbono en todo el mundo; China, India y Brasil concentran el 70% del mercado. China participa con 65 millones, India con 23 y Brasil con 17. México participa con 6 millones al año, que equivalen 1,500 millones de pesos anuales: el 4% del mercado mundial.

Para las cementeras mexicanas, los Bonos de Carbono son un cheque en blanco por la gran oportunidad  que tienen para reducir la enorme cantidad de CO2 generados en sus procesos productivos. De acuerdo con Luis García Chowell, gerente técnico del Laboratorio del Instituto Mexicano del Cemento y del Concreto (IMCyC) en el país se producen cuando menos 30 millones de toneladas de cemento al año, y por ende 30 millones de toneladas de CO2 cuya reducción pueden ser canjeadas por Bonos.

Cuando los Bonos de Carbono salieron al mercado en 1998 se cotizaban en 3.45 dólares; para octubre del 2007 su valor oscilaba entre 13 y 14 dólares y se espera que para el 2010 lleguen a los 20 dólares, estima Luis Manuel Guerra, fundador y presidente del Instituto Autónomo de Investigaciones Ecológicas (INAINE).

En un futuro cercano la producción mundial de cemento emitirá 9,000 millones de toneladas mensuales de CO2 y se obtendrán 45,000 euros al año por las ventas de Bonos de Carbono, estima Michiel Tijmensen de la Consultoría OneCarbon.

El intercambio de bonos de carbono está creciendo a tal velocidad que hasta el año pasado se valuaba en 30,000 millones de dólares y su perspectiva de crecimiento es de 500,000 millones  y hasta un trillón en el 2020, según datos de la calificadora JP Morgan.

El éxito comercial del MDL es claro pero su eficiencia para proteger al medio ambiente no, cuestiona JP Morgan en su análisis. Toshihiro Oka, autor del artículo “La ilusión del comercio de los créditos del carbón” coincide con la calificadora; sostiene que el concepto de carbón que acredita el comercio es naturalmente contradictorio, y por ende su meta de eficacia es inalcanzable.

Cementeras a la carga
En tanto las dudas se disipan, las cementeras mexicanas ya tienen la emisión de Bonos Carbono en la agenda.
Cemex trabaja en cinco proyectos de reducción de CO2 en México. Uno de ellos es una planta de energía eólica ubicado en Oaxaca, que ya está registrado en el MDL de Naciones Unidas (ONU) y cuatro más ya están en ese proceso. “Cemex reduce la emisión de gases contaminantes, y además compra y vende Bonos de Carbono”, señaló Luis Carranza García, director de Medio Ambiente y Administración del Conocimiento de la cementera.

La casa gana. Cemex México emite Bonos, los vende a Cemex Internacional Financial Company (CIFCO) y después de satisfacer las necesidades de compra de las filiales europeas del grupo los pone a la venta en el mercado global, explica Carranza García.

La meta de Cemex es reducir 25% las emisiones contaminantes para el 2015 (con relación a 1990), un promedio de 500,000 toneladas anuales de emisiones de CO2.

Holcim Apasco mantiene un inventario de sus emisiones de CO2 de acuerdo con el Protocolo de Cálculo propuesto por el Consejo Mundial de las Empresas para el Desarrollo Sustentable.

La empresa optimiza el consumo de energía por tonelada de cemento a través de la sustitución de combustibles fósiles no renovables por combustibles alternos. El coprocesamiento y la adquisición de equipos más eficientes y de tecnología de punta han dado como resultado una reducción de 23.7% en consumo de energía de 1990 al 2006, explica Miguel Ladrón de Guevara García, gerente Ambiental de la empresa.

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Para 2010, Holcim Apasco prevé reducir más de 20% las emisiones de CO2 por tonelada de cemento (tomando como referencia el año 1990), reducir 20% las emisiones de NOx (óxidos de nitrógeno), SO2 (bióxido de azufre) y polvo por tonelada de cemento producida al 2010 con respecto al 2004.

Cruz Azul no tiene proyectos concretos para la emisión de Bonos de Carbono pero desde hace 30 años producen el que llaman cemento ecológico, el cual permite reducir las emisiones de gases con efecto invernadero 10%, aseguró Armando García Moreno, gerente de Ecología de la empresa; su producción anual es de 5.5 millones de toneladas al año.
“Todo el esfuerzo en eficiencia energética ha permitido a la industria cementera mexicana reducir 18% sus emisiones contaminantes de 1990 a 2006, colocándola por encima de la estadounidense”, aseguró Guerra.

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