Licitaciones desiertas… todos pierden

Declarar desiertas las licitaciones provoca fuertes pérdidas económicas en la industria; el resultado son constructoras ociosas y desempleo.
Los concursos desiertos provocan graves rezagos en la constr  (Foto: )
Fernando Ortega Pizarro

Suministros Industriales Carrizales es contratista de Pemex desde 1984. Nunca como ahora había atravesado por una situación tan crítica, porque la competencia le reduce sus oportunidades de trabajo. Opera en Campeche y se especializa en obras electromecánicas y automatización de sistemas de seguridad. Sin embargo, no tiene otra opción más que seguir concursando, aunque si pierde, “se irá a la basura lo invertido para preparar la oferta que varía según la obra, pero pueden ser 500,000 pesos”, expresa su dueño, el diputado panista Jorge Nordhausen.

En 2007 Pemex convocó a 966 licitaciones, 21% de ellas —con valor de 2,000 millones de dólares (mdd)— se declararon desiertas provocando serios costos para los contratistas, porque preparar una oferta para obras como la reconfiguración de una refinería o la construcción de una planta de combustibles limpios cuesta hasta 700,000 dólares; en obras más sencillas el costo varía de 5,000 a 100,000 dólares.

La paraestatal también pierde lo que invierte en los gastos inherentes al procedimiento de licitación, pero lo más grave es que los proyectos se tienen que diferir. Así que si el proceso de licitación de una planta —que tarda de cuatro o seis meses— se repite porque se declara desierto el concurso, ese rezago se traspasa a la operación de la planta y el costo financiero aumenta sólo por la inflación. Con una tasa interna de retorno anual de 12% con respecto al valor de la planta, un aplazamiento de cuatro meses representa el 4% de su valor: 4 mdd si la planta vale 100. Esto provoca que la creación de infraestructura se rezague.

En la licitación para construir la ampliación de una planta de óxido de etileno en el Complejo Petroquímico Morelos, en Coatzacoalcos, Veracruz, 17 empresas compraron las bases de licitación pero ninguna concursó. Cuatro de ellas mandaron a la paraestatal una carta en la que explicaban que no participarían porque ninguna contaba con la experiencia que exigía la paraestatal: haber construido plantas similares o superiores en los últimos tres a cuatro años. Ésta fue la primera vez que Pemex abría un concurso de ese tipo. La licitación se declaró desierta en enero de este año, lo que impidió incrementar la producción de materia prima para hacer plásticos.

“A medida que vamos especializando el tipo de trabajo y se va incrementando el monto, se requieren capitales de trabajo, de maquinaria y de tecnología que no todas las empresas tienen; entonces el grupo se va reduciendo y llega un momento en que para algunas obras son dos o tres contratistas. A veces la forma de contratar y los requisitos no les resultan atractivos y prefieren abstenerse de participar”, explica un alto funcionario de la Dirección Corporativa de Ingeniería y Desarrollo de Proyectos de Pemex, que pidió no ser citado.

Además, al declararse desiertas las licitaciones de las grandes obras, se dejan de subcontratar empresas locales; tan sólo entre Tuxpan y Tampico existen 10 patios especializados en plataformas.

Para los mercados especializados, con pocos actores, funcionan mejor los concursos por invitación o precalificación, conocidos como “a libro abierto”, porque se puede negociar con las empresas. Las licitaciones públicas no tienen capacidad de negociación, sobre todo cuando son sólo dos competidores, porque ellos negocian dar ‘ajustes’ al perdedor, revela el funcionario de la paraestatal.

Pemex impulsa la modificación de la Ley de Obra Pública para flexibilizar los procesos de licitación para que se permitan los concursos por invitación en las obras altamente especializadas y de cuantiosos recursos, como lo hacen las grandes petroleras internacionales como Shell, Exxon o BP.

Bajo este esquema, las empresas con capacidad y experiencia precalifican, se negocian con ellas las ofertas y se adjudica el contrato a la mejor opción.

La Ley ya contempla los concursos por invitación a compañías confiables. “Pero la rigidez de esta modalidad es la misma que la de una licitación pública abierta a cualquier empresa. No se puede negociar ninguno de los términos de la oferta. Y si la oferta no cumple con los requisitos, tiene que ser desechada”, explica el funcionario.

Otro problema que se genera con la actual Ley de Obras es que establece contratos a precio alzado —una cantidad fija por el total del proyecto— que no permite modificar ni el monto ni el plazo. “El contratista: o invierte mucho en la oferta para que esté muy apegada a lo que va suceder o se cubre de cualquier riesgo hipotético, incrementando el precio. Esto último sale muy caro a Pemex”.

Y al buscar la cotización más baja se corre el riesgo de quedarse con la tecnología más obsoleta o no garantizar que el proyecto se termine a tiempo.

El problema en el origen
En Pemex hasta las licitaciones de los trabajos poco complicados como la limpieza se declaran desiertas. Esto sucedió en la licitación de los trabajos para el “control de maleza en derechos de vía y cuadros de pozos en la zona de Burgos”. Las empresas que participaron se tuvieron que salir del concurso por no cumplir con los requisitos de experiencia técnica que se les pidió pues tenían que “precisar empresas, montos, lugares y descripción de las obras similares realizadas”. Además debían demostrar el capital contable —que se fijó en 477,500 pesos— con la última declaración fiscal anual incluida ante la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) o mediante sus estados financieros actualizados y auditados.

Para Netzahualcóyotl Salvatierra, empresario y expresidente de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC), si las licitaciones se declaran desiertas porque no se pueden cumplir los requisitos, es porque su estructura está mal, porque hay inequidad o que las condiciones no son atractivas. “Si el requisito para participar en una presa es haber construido cuatro iguales durante los últimos cuatro años, no hay una sola empresa que los pueda cumplir, porque en los últimos 30 años nada más hemos construido una, que es El Cajón”, ejemplifica.

También la fragmentación de los concursos, la concentración de obras de muy diversa especialidad y la integración de un componente financiero hace a las licitaciones menos atractivas. Habría que promover una oferta más amplia y dar facilidades a quien demuestre la capacidad instalada que tiene, tanto técnica como de maquinaria, señala Salvatierra, quien propone crear un padrón de contratistas que los clasifique por especialidades técnicas y capacidades de contratación para o estar sujeto a la discreción de un funcionario.

Cuando se convoca a cinco empresas, cada una realiza su proyecto de ingeniería; al ganar sólo una, cuatro compañías desperdician sus horas-hombre de ingenieros, que en México oscilan entre 22 y 26 dólares. Salvatierra propone que sólo uno de los participantes realice el proyecto de ingeniería y que los demás hagan una oferta con base en él. El dueño del proyecto tendría derecho a revirar una vez, para ganar la licitación. Pero si se le asigna la obra a otro, éste tendría qué pagar la ingeniería que desarrolló el primero, explica.

Arrendadora y Construcciones del Trópico y Tecnología Especializada de Control Ambiental han perdido varias licitaciones. Han trabajado como subcontratistas de grandes compañías trasnacionales como Schlumberger. Ahora se han unido para ganar varios concursos de Pemex Exploración y Producción y buscan entrar a Pemex Petroquímica. Ya ganaron un contrato para restaurar los suelos afectados por actividades petroleras en Ébano y otros campos en Poza Rica y Altamira, por un poco más de 47 millones de pesos. Según Antelmo Argüelles, administrador de Tecnología Especializada de Control cada vez les cuesta más trabajo ganar licitaciones porque hay mucha competencia de empresas inexpertas que ofrecen precios incluso por debajo del presupuesto de la paraestatal. Con esas empresas “vienen luego problemas de sacar el trabajo, de andar negociando a última hora los tiempos, los precios y la supervisión”, dice. Ya han perdido varios concursos por el precio. Según Arguelles los principales contratos de Pemex se los llevan las trasnacionales; a las empresas medianas sólo les queda subcontratar. El 2008 va ser triste porque Pemex nos está restringiendo. Se supone que en febrero saldrían las licitaciones. Quien sabe qué va a pasar. “El dueño de la empresa es quien anda como loco, consiguiendo por aquí, por allá, porque (Pemex) nos retrasa los pagos de obra ya ejecutada y nos descapitaliza”, dice.

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