Víctima del huracán hipotecario

Los estragos de la crisis de los créditos de alto riesgo en Estados Unidos se extiende; los segmentos económicamente solventes comienzan a sentir los golpes.
En 2006 el 40% de las ventas de casas que se realizaron en
Marisol Rueda

Cuando la estadounidense Heather Keller, de 50 años, vio por televisión las imágenes de familias enteras desalojando sus hogares debido al huracán Charly que azotó Florida, jamás imaginó que meses más tarde estaría mordiéndose los nudillos por causa de un crédito hipotecario que adquirió hace 14 años.  Lo que empezó como una crisis que impactó directamente a unos dos millones de personas en Estados Unidos ante el riesgo de perder sus viviendas, hoy se ha trasladado a otros segmentos de la población.  Heather, quien por ahora no tiene problemas para solventar el pago mensual de su crédito, es una de ellas.

En 1994, Heather y su esposo compraron una hermosa casa de 200 metros cuadrados para vivir con sus tres pequeños hijos. La propiedad, que costó 170,000 dólares, se localiza en el estado de Florida. La ecuación era sencilla: un enganche de 70,000 dólares y el resto pagado a través de un crédito conyugal de 110,000 dólares, a un plazo de 30 años y una tasa anual del 7%. El sueño americano estaba en plena cúspide: casa, automóvil, empleos bien remunerados, capacidad de crédito y una familia.

Años más tarde la pareja se divorció y, con ello, el crédito tuvo que ser asumido completamente por Heather, quien se dedica a la publicidad. “Tuve que comprar su parte del préstamo y refinanciar el total de la hipoteca”, explica. Su crédito quedó nuevamente en 110,000 dólares, pero con un plazo de 15 años y una tasa anual del 6.5%.  Hoy la mensualidad del préstamo es de 850 dólares, pero a esa cantidad hay que agregarle 650 dólares más por concepto del impuesto predial y del seguro contra daños a la propiedad que el banco exige a todas las hipotecas.

Con la crisis de los créditos de alto riesgo en Estados Unidos, también llegó la contracción de la economía y Heather perdió su empleo a principios de este año y su entrada de 3,000 dólares mensuales. Además del crédito, la publicista paga 1,000 dólares adicionales de gastos de mantenimiento.

“Estoy pagando un dineral por habitar en esta casa. Los impuestos y el seguro son los que me están matando”, explica.

El monto del crédito hipotecario que le resta por pagar, a siete años, es de 69,000 dólares, pero con el último huracán que azotó a Florida,  tuvo que pedir un segundo préstamo para reparar los daños que dejó en su propiedad, mismos que ascendió a 11,000 dólares con una tasa anual de 7.5%. “Gracias a mis ahorros, en este momento tengo recursos para pagar las mensualidades de los próximos cuatro meses del crédito. Si esto se dificulta mucho más, la opción sería vender mi casa en una cantidad muy baja”, explica Heather.

El problema es que en este momento los precios de la vivienda han caído mucho y no hay compradores, pero aún si los hubiera, la propiedad necesita arreglos  o se devaluaría su valor. Así que las opciones serían vender aún más barato o pagar las composturas, para las cuales no hay dinero.

Los hijos de Heather se han ido de casa. Están iniciando sus incipientes carreras profesionales, pagan renta y gastos, y no les quedan recursos para ayudar a su mamá. Según los cálculos de la publicista, su propiedad hoy vale entre 410,000 y 470,000 dólares, pero las autoridades catastrales de Florida la han valuado en 400,000 dólares, a los que todavía habría que descontarle 30,000 dólares por concepto de impuestos de venta y la comisión de un agente, lo que significa que si se logra vender, se haría incluso por debajo del avalúo estatal.“La cuestión es que a estas alturas del partido, nadie sabe cuál es el valor del mercado porque nadie en mi vecindario ha podido vender su casa”, dice Heather, quien en este momento sólo tiene dos deseos: encontrar un empleo y que el mercado se estabilice pronto para vender su propiedad.

Heather puede considerarse afortunada, porque no está en la misma situación que muchos de sus compatriotas. Un estudio presentado en diciembre del 2006 por el Center for Responsible Lending,  un grupo de investigación con sede en Carolina del Norte, concluyó que cerca de 2.2 millones de personas que adquirieron hipotecas de alto riesgo entre 1998 y 2006 están en peligro de perder sus viviendas en los próximos años.

La investigación, basada en datos de la consultora Moody’s Economy.com, examinó más de seis millones de las hipotecas otorgadas entre 1998 y el tercer trimestre de 2006. El pronóstico no ha variado mucho: los últimos reportes oficiales señalan que hasta dos millones de individuos podrían perder sus propiedades como consecuencia de la crisis. La idea inicial de Heather era terminar de pagar el crédito para vender su propiedad a un buen precio para habitar en una casa de menor valor y usar el resto de la inversión para su jubilación. “Contaba con esta casa en mis planes de retiro. Espero no perderla, no me puedo imaginar en esa situación; es mi pesadilla de todos los días”, confiesa.

En Miami muchos inversionistas compraron bienes raíces durante el boom inmobiliario para alquilarlas, pero hoy que no pueden pagarlas, sus inquilinos están siendo desalojados sin ningún miramiento. Mientras tanto, a personas como Heather no les conviene tener un vecino que se declare en impago porque su propiedad se remataría a un valor muy por debajo del mercado y afectaría el valor de todo el vecindario.

Los reportes oficiales de principios de año, que cifraban la exposición del sector financiero estadounidense a las hipotecas de alto riesgo y otros préstamos similares en 400,000 millones de dólares, han quedado obsoletos durante el primer trimestre de 2008. Muchos analistas advierten que hoy es aventurado medir el impacto real.*

*A petición de la fuente se usó un pseudónimo.

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