Siglo y medio en la faena

Como cada año, la plaza de toros La Petatera demuestra que una estructura de maderos .
La construcción de la plaza de toros se lleva a cabo en tres
Hugo Salvatierra Arreguín

Después de tres horas de oscuridad y encierro el toro está ansioso, camina de un lado a otro en la galera, un espacio de 2 metros cuadrados. Por fuera, un joven se trepa al techo. Cuando le indican que llegó el momento, le quita el seguro a la puerta.

El animal se lanza como un rayo por un callejón que lo conduce al ruedo, donde lo espera un hombre vestido en traje de luces dispuesto a jugarse la vida frente a los 5,000 espectadores que colman La Petatera, una plaza con más de un siglo de historia, soportada por maderos amarrados con mecates.

Mientras la banda toca y el torero ejecuta sus pases, la estructura resiste los embates del animal y el peso de la gente que salta en sus puestos con cada ola. El sistema, flexible por naturaleza —una estructura ideal para una zona sísmica como la deColima— sólo registra ligeros movimientos, como lo hace cada febrero desde hace 150 años, cuando los colimotes decidieron ofrendar a San Felipe de Jesús un festejo charrotaurino.

El gran día se acerca
Falta menos de un mes para que los banderines ondeen en la parte más alta de la plaza a unos 14 metros —que en la década de los treinta tuviera un segundo piso—. Jorge Fernández Cerda “El Ganadero”, administrador general del Patronato de los Festejos Charrotaurinos de Villa de Álvarez, baja de una camioneta y verifica que el terreno está listo para la construcción de La Petatera.

Desiderio Contreras “El Pajarito” —de 74 años y 38 en las obras— designa el punto central donde estará la plaza. Allí clava un trozo de varilla a la que amarra un alambre de 30 metros de largo, que en el otro extremo tiene atado un carrizo de otate que servirá para marcar la circunferencia del ruedo y delimitar el área de la banda musical y los 70 tablados o secciones en que se divide la plaza.

Una vez delimitados los tablados hay que hacer hoyos de un metro de profundidad en la tierra con un barretón, para luego clavar los horcones, troncos en forma de “Y” que soportan toda la estructura. En la parte que da al ruedo se colocan polines para contener los embates del toro.

Las personas asignadas por el patronato comienzan la construcción del tablado. Algunas realizan los trabajos ellas mismas, mientras que otras prefieren pagar 1,300 pesos por el servicio. Sacan de sus casas la madera y petates utilizados los años anteriores —con un costo aproximado de 15 mil pesos— y sólo reponen el material que ya no sirve.

“Todo debe estar encadenado. Conforme van construyendo tienen que meter cuñas que desde el principio voy nivelando de abajo hacia arriba. Le digo a la gente que saque o meta una cuña para que baje o suba el nivel, o que le moche una punta a un polín para que no quede salido”, explica “El Pajarito”.

La construcción de la petatera podría realizarse en una semana, y no en tres y media que realmente toma, pero el sistema constructivo hace que los trabajadores tengan que esperar a que el vecino termine.

Mientras los hombres colocan cada una de las piezas, Efraín Brambila Navarro —de 83 años y 30 en las obras—, revisa el estado de la madera. De su trabajo depende la seguridad de los 5,000 espectadores que saltarán con energía durante las corridas.

“Reviso toda la madera, si está podrida la desecho y utilizamos madera nueva, pero son muchos problemas con la gente porque se resisten a cambiarla. Pero éste es el trabajo que me toca”, dice.

Muy cerca de ahí, Pedro Ponce Pérez —de 70 años y 47 en las obras— tiene en la mano el croquis que todos los años dibuja para construir los corrales que resguardarán a los toros antes de cada corrida. Hace memoria y recuerda a sus maestros:

 “Guadalupe Castillo y Adrián Macías —todavía vivos— me enseñaron, pero como ya están muy acabaditos hace tiempo que me dejaron a cargo. Al lado de ellos aprendí a medir todo con un carrizo de otate de 3 metros, con piedritas para marcar la forma”.

Dentro del ruedo varios hombres forman armazones con carrizos de otate atados con cuerda de ixtle. Luego los cubren con petates. Dependiendo del tamaño, los armazones formarán las sombras —techumbres— o las cubiertas de la parte baja de las gradas, los laterales de las escaleras y el respaldo de la última grada.

Una vez que esté terminada la estructura de la plaza los trabajadores colocarán dos velas —palos de aproximadamente 12.5 metros de largo con un anillo en la punta— frente a cada tablado, en posición vertical. Luego se amarran los armazones de lo más alto de la última grada, para luego atarlos al otro extremo con una cuerda y subirlo con la ayuda de los anillos, como si fuera una polea.

Jinetes nocturnos
Es de noche. Los trabajos terminaron, todo está en su sitio. Hace un par de horas la gente leyó el Bando Solemne de San Felipe de Jesús en el Jardín Núñez de Colima capital.

El pueblo, acompañado de dos mojigangas —enormes muñecos hechos de carrizo  y forrados con papel aglutinado— que representan a un hombre y una mujer ilustres de la zona, más de 2,500 hombres a caballo, 15 bandas y mariachis, carros alegóricos y payasos dan comienzo a una cabalgata nocturna que termina en Villa de Álvarez.

A poco más de 5 kilómetros de la cabecera estatal, la plaza de toros La Petatera espera iluminada. En su interior los músicos están listos para iniciar una “Guerra de Bandas” y hacer bailar y saltar a 5,000 espectadores, que como todos los años demostrarán la resistencia de La Petatera, como lo han hecho desde hace 150 años.

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