Vida y obra de un ingeniero excepcional

Vida y obra de un ingeniero excepcional Óscar de Buen López de Heredia
—Paola Rosado González

Originario de España, el ingeniero Óscar de Buen llegó a México a los 14 años con su madre y hermanos: "Llegué porque éramos de las familias que perdimos la Guerra Civil de 1936; a mi padre lo mataron durante la guerra". Radicó un tiempo en Morelia y, en 1943, se trasladó a la Ciudad de México para estudiar en la Nacional Preparatoria, donde era alumno del Ing. Javier Barros Sierra, quien en esa época escribía un libro de geometría analítica: "Nos pidió los apuntes porque se iba a quedar con los que más le gustasen para su libro y, a cambio, nos entregaría una copia; se quedó con los míos y no me entregó nada —recuerda—. Años después, cuando yo daba clases en la Facultad y él era director, me dejó un ejemplar de la segunda edición con una dedicatoria: ‘A mi querido amigo y colega en recuerdo de ciertos apuntes que me clavé." Empezó su vida profesional como dibujante en el Departamento del Distrito Federal, siendo todavía estudiante en la Escuela Nacional de Ingenieros y más tarde, en una compañía de estructuras de acero donde participó en lo que fue su primera obra importante y tema de su tesis: el Auditorio Nacional. Cuando la compañía quebró, comenzó a trabajar por su cuenta con su amigo Félix Colinas, "pero casi nos morimos de hambre". Volvió al gobierno, hasta que el trabajo fue tanto que decidieron dejar sus puestos y fundar Colinas de Buen. Ya con su empresa ha participado en obras tan importantes como el Estadio Azteca, la Basílica de Guadalupe, la Torre de Pemex y la remodelación del Auditorio Nacional. Hombre noble y de gran carisma, fue maestro durante 43 años de la Facultad de Ingeniería y fundador de la División de Estudios Superiores. Cuenta que lo que no le gustaba era calificar los exámenes, porque no lo hacía de acuerdo al resultado final sino al procedimiento "y era una lata". Su único libro, Estructuras de Acero. Comportamiento y Diseño, publicado en 1980, se sigue usando como libro de texto y recientemente la editorial le pidió renovar el contrato para volver a publicarlo. Ha recibido incontables reconocimientos como el Premio Nacional de Ingeniería Civil en 1999 y el título de Profesor Emérito de la UNAM: "No sé si me los merezca o no, pero sí es agradable obtenerlos, que se acuerden de uno, que piensen que lo que uno ha hecho ha servido de algo."

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