Refundar el pacto social

El voto nulo pretende poner un número al grado de insatisfacción del electorado; pero ante las crisis institucional y económica que vive México, el castigo pasaría desapercibido.
Elecciones  (Foto: Dreamstime)
José Luis de la Cruz Gallegos*
CIUDAD DE MÉXICO -

Durante los últimos días ha crecido la corriente de opinión sobre la pertinencia de que en la próxima elección los ciudadanos emitan una opinión de castigo para la clase política mediante el llamado voto nulo.

Sin duda, parte de sus argumentos se encuentran justificados por la decepción que el sistema de partidos y los gobiernos emanados de los mismos  han provocado o no han podido solucionar: corrupción, inseguridad, crisis económica, narcotráfico, pederastia, bajo nivel educativo y productivo, sólo por citar algunos ejemplos.

No obstante lo anterior también existe el punto de vista contrario que indica la necesidad de votar por alguna de las opciones, y con ello no desperdiciar la oportunidad de elegir a los representantes que durante los siguientes años se encargarán de elaborar las leyes y de gobernar al país. En el fondo uno de sus razonamientos es que la falta de legitimidad de autoridades electas mediante una baja votación no necesariamente implicaría que busquen cambiar su accionar, y por el contrario podría propiciar que se entregasen a poderes fácticos que se les permitan alcanzar una representatividad mediante la publicidad y el dinero.

En el último aspecto durante los pasados lustros el sistema político ha mostrado que tiene la piel dura, ya que sin importar todos los escándalos que han sacudido al país durante los últimos años, en general ninguno de los  principales partidos ha modificado sustancialmente su relación con la sociedad, y por el contrario, el sistema político se encuentra sumergido en un autismo positivista, en una profunda crisis de identidad, en la negación de su pasado o en la posición de plantear el todo o nada al exigir que la población elija entre lo bueno y lo malo en donde obviamente su propuesta es la salvación del país.

Debe resaltarse algo importante, y es que a pesar de la aparente contradicción de estas dos posturas, en ambos casos el mecanismo que proponen para avanzar en la solución de los problemas de México es el electoral. En otras palabras, el voto nulo lo que intenta es ponerle un número al grado de inconformidad que la sociedad tiene sobre el sistema de partidos, pero aún en este caso trata de actuar mediante la institucionalidad electoral.

Lo preocupante de lo anterior no es únicamente el hecho de que la alta abstención electoral en las elecciones intermedias ya es un indicativo de que la población no está de acuerdo con la oferta de los partidos, y ante lo cual los mismos se han mostrado prácticamente indiferentes.  

En este sentido lo realmente alarmante es el hecho de que el mecanismo electoral no ha sido eficiente para resolver los problemas que aquejan a la sociedad mexicana, por lo que este grito desesperado del voto nulo podría caer en un vació en donde  su eco se diluya.

En el fondo, el país se encuentra en una profunda crisis institucional, situación que no es nueva pero que las autoridades y aún la propia sociedad nos hemos negado a reconocer, ya sea por algún tipo de interés, por miedo, por incapacidad o simplemente por tener la esperanza de que las cosas deben mejorar.

En "México, la crisis social de un modelo económico" (ITACA, 2008) afirmábamos que la élite política debe entender que el desafío a las instituciones no proviene meramente de las inconformidades electorales, sino de la profunda descomposición del proceso social que la historia reciente de nuestro país muestra, y que además sigue avanzando.

La incapacidad política tiene su muestra en la actual coyuntura económica. Ante la dramática caída de 8.2% en el PIB del primer trimestre del año, el aumento del desempleo, la inflación, la severa contracción de la producción automotriz, la ineficiencia y falta de transparencia del gasto de Gobierno, por citar algunos ejemplos, hoy los partidos y el propio gobierno no tienen una estrategia clara para enfrentar la problemática. Como muestra de la contracción tendremos la caída económica que se reportará en próximos días para el mes de abril. La estimación particular es que la contracción oscilará alrededor de un -13%, todo ello antes de los efectos más graves de la influenza y lo cual indica la urgencia de soluciones.

Consecuentemente  podría realizarse una crítica todavía más contundente, en general los tres partidos más grandes tienen más de veinte años, y los dos mayores sobrepasan sin problemas el medio siglo, además de que ya han tenido, o tienen, la responsabilidad de gobernar a este país.

Sin embargo, la crisis actual los ha puesto en el aprieto de presentar propuestas eficientes para solventar la coyuntura, y simplemente no fueron capaces de hacerlo.

Aún más incisivo es el aspecto de que la agenda electoral está centrada en la seguridad, que si bien es un problema a nivel nacional, y también refleja una crisis de instituciones municipales, estatales y federales, no es la única y más apremiante dificultad que enfrentamos. La parte económica simplemente ha quedado eclipsada por un bombardeo del todo o nada en la lucha contra la inseguridad, minimizando con ello las críticas y propuestas de solución a tan lacerante problema que además amenaza el bienestar inmediato de los mexicanos.

A los partidos no les ha convenido (o no han querido o podido) plantear soluciones para enfrentar la crisis, mientras que los programas de gobierno no tenían una correcta planeación, por lo que en general estamos a la deriva.

Por tanto, más que el voto nulo, al final lo que debemos plantearnos es qué haremos como sociedad para evitar que se exacerben los problemas, los políticos difícilmente lo harán por sí solos. Refundar el pacto social es tarea de todos nosotros, no podemos negarlo ya, y lo mejor sería comenzarlo inmediatamente, cuando aún el cauce pueda darse mediante mecanismos de transición que garanticen la estabilidad.

* *El autor es profesor del Departamento de Finanzas y Economía del Tecnológico de Monterrey, campus Estado de México. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores y se ha desempeñado laboralmente en los sectores privado, académico y público, en este último como Subdirector de Análisis Macroeconómico en la Secretaria de Hacienda y Crédito Público.

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