Infraestructura: solución ante la crisis

La inversión en proyectos de energía y transporte podría reactivar a la dañada economía mundial; es necesario que el sector privado involucre más capital en el desarrollo de obras públicas.
INFRAESTRUCTURA-carretera-puente-SX.jpg  (Foto: Cortesía SCX)
Hugo García*
CIUDAD DE MÉXICO -

Como resultado de la crisis mundial que se vive actualmente, la idea de que ya nada en nuestras vidas volverá a ser lo mismo es una opinión muy común.

Sin embargo, eso no es del todo cierto. Algunas cosas permanecen sin sufrir cambio alguno por los estragos de la restricción de liquidez. La necesidad mundial de mejoras e inversión en infraestructura, por ejemplo, sigue ocupando un lugar predominante en las agendas de los gobiernos de muchas naciones.

El problema al que se está enfrentando el sector público es que ahora este asunto se tiene que atender mediante opciones de financiamiento que son incluso más limitadas que antes.

Tomando en cuenta los proyectos de infraestructura que son elementales y que la población necesita tener (como energía, agua, transporte, etc.), estimaciones actuales de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) sugieren que esto equivale a una inversión de 30 a 40 billones (es decir, millones de millones) de dólares que debe hacerse desde ahora y hasta 2030 a nivel mundial.

Se trata de una cantidad enorme que inclusive hace que la inversión de 700,000 millones de dólares por parte del gobierno de Estados Unidos para el rescate del sector de servicios financieros palidezca. Cifras como esas parecen todavía superiores en los tiempos de restricciones económicas actuales, resultando irresistible pensar que inevitablemente se tendrán que detener los programas para mejoras de infraestructura.

Para empezar, muchos de esos proyectos no son exactamente algo que se deba posponer pues son esenciales para la vida misma. Son proyectos con un impacto que perdura muchos años que los gobiernos de las naciones simplemente no se pueden permitir hacer a un lado en espera de que vuelvan tiempos en que la economía esté mejor.

Asociaciones público-privadas

Las condiciones de restricción de financiamiento para el sector público siguen siendo difíciles y se ven agravadas en todo el mundo por los diversos compromisos de los paquetes de rescate que los gobiernos han formado para otros fines. Esta es la razón por la que podríamos ver un alza en el número de proyectos de infraestructura realizados por asociaciones del sector público y del privado (Asociaciones Público Privadas, PPP por sus siglas en inglés), utilizando fondos y recursos del sector privado para proporcionar servicios de infraestructura públicos.

Aunque no totalmente intactos a causa de la crisis crediticia, muchos fondos para infraestructura actualmente se encuentran "reposando" en grandes pilas de efectivo captado antes de que golpeara la crisis crediticia. En términos de oportunidades de inversión, el mercado de fusiones y adquisiciones se encuentra limitado, y la actividad se redujo a una que otra operación.

Una de las grandes ventajas que la infraestructura ofrece es que se puede ver en dónde se ha gastado el dinero y también se pueden predecir mejor los ingresos que se generarán. Con frecuencia las autoridades pactan contratos de largo plazo con la iniciativa privada, predeterminándose los ingresos que recibirá el concesionario privado.

En lugar de participar en activos de infraestructura ya existentes, ¿no se les podría inducir a trabajar con el sector público para proporcionar los activos de infraestructura del mañana? Muchas administradoras de fondos sin duda estarían dispuestas a poner su dinero a trabajar de esa manera.

Los gobiernos de muchas naciones han participado en largos debates políticos e ideológicos sobre cómo debiera involucrarse el sector privado en los servicios del sector público. Muy bien podría ser que la crisis crediticia sirva para resolver este debate al convertirse la necesidad en el factor clave. Dado que las finanzas del sector público se encuentran ahora bajo tensión, no hay tiempo para seguir con esta discusión. Ahora será necesario concentrarse en lograr mayor valor para el dinero y mayor eficiencia en aquellos proyectos de infraestructura que se pongan en marcha.

Estados Unidos se ha comprometido a invertir fondos públicos en infraestructura. El plan de recuperación económico del Presidente Obama puede ser la clase de impulso que el mercado necesita. Será interesante ver si el plan sólo consiste en destinar fondos del sector público a proyectos, o si está concebido de manera inteligente e involucra también al sector privado.

Sin importar lo que suceda, el sector privado y el público deben considerar por igual qué impacto ha tenido la crisis crediticia en el mercado de infraestructura y cómo puede llegar a afectar al modelo tradicional de asociación de ambos sectores. Posteriormente necesitarán entender cómo pueden trabajar conjuntamente.

Enfrentar el reto de la inversión en infraestructura sería mucho más difícil si no hubiera dinero "allá afuera". El dinero está ahí, aunque por el momento habrá una política de reducción de gastos. Será necesario persuadir a la gente que administra los recursos de los fondos que los gobiernos hablan en serio respecto a recurrir a las PPP para la realización de estos proyectos. Aprovechar el limitado dinero público disponible mediante el acceso a los fondos privados permitirá contar con los recursos máximos para infraestructura a nivel mundial.

Es de esperarse que la actual desaceleración del mercado de fusiones y adquisiciones no dure eternamente. Cuando éste empiece a salir de su letargo, la infraestructura podría ser uno de los primeros sectores que se vean beneficiados ya que, para muchos inversionistas, representa primordialmente una inversión física relativamente segura.

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Sin embargo en este punto, el enfoque para esos cuantiosos fondos de inversión podría inevitablemente volver a una actividad más tradicional basada en transacciones. Esto significa que podría decirse que los gobiernos tienen una ventana de oportunidad limitada de convencer a esos fondos para que dejen de ser espectadores y entren en acción. Sin su apoyo, ese objetivo de inversión de 30 billones (millones de millones) de dólares parecerá distante.

*El autor es director de Asesoría de la Práctica de Infraestructura de KPMG en México.

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