Competitividad, ¿quién la necesita?

Elevar la competitividad de un negocio no implica aprovecharse de los demás, dice Guillermo Aguirre; esta cualidad se relaciona con ofrecer un valor a la sociedad, recuerda el académico del ITESM.
manos-JI  (Foto: Jupiter Images)
Guillermo Aguirre Esponda*
CIUDAD DE MÉXICO -

Cuando empecé a escribir este artículo sobre las medidas que deberían tomarse para mejorar sustancialmente la competitividad, preparé algunas notas sobre  productividad, integración a la economía del conocimiento, creación de negocios basados en la innovación, etc. Sin embargo, conforme fui reflexionando en lo que escribía, me percaté de que en mi experiencia, para muchos de los empresarios con los que tengo contacto, la competitividad parece ser un lujo innecesario y lejano. Ya están haciendo negocios que no son competitivos pero si muy rentables. Tres experiencias recientes ilustran este punto:

Hacía poco mandé mi coche a servicio en la agencia autorizada. Cuando me lo entregaron, el coche estaba limpio y me sentí muy satisfecho. Sin embargo, cuando me percaté que me habían cobrado 170 pesos por eso mi sentimiento fue muy distinto. En otro incidente parecido, poco después de contratar el servicio de Internet ilimitado por 499 pesos al mes, salí de viaje fuera del país y lo utilicé para revisar el correo electrónico. Me sentí feliz de poder usar un sistema nacional en el extranjero. Sin embargo, al regresar a México me encontré con que la empresa había cargado a mi tarjeta de crédito cerca de 44,000 pesos por el servicio de "roaming internacional". Mi orgullo inicial también cambió. Recordé el caso de un empresario dirigente de su gremio, que orgullosamente comentaba hace poco que sus nuevos negocios consisten en haber obtenido la representación de varias empresas extranjeras a las que él ayuda para entrar a nuestro mercado a través las empresas de su agrupación empresarial.

Ante estos hechos me surgió una pregunta, ¿Cuál de estos empresarios necesitaría un artículo sobre la competitividad? Será por ejemplo que lo necesitan los empleados o el propietario de la agencia automotriz que ya hoy cobra 170 pesos por lavar un auto, ¿Tendría alguna relevancia para ellos el leer sobre innovación, productividad, o la economía del conocimiento?. ¿Lo necesita una compañía de telefonía celular que ofrece un servicio acceso ilimitado a Internet pero que usa el acceso ilimitado a la tarjeta de crédito de sus clientes para cobrar cantidades irracionales por sus servicios? ¿Que aspecto de la competitividad sería conveniente resaltar a un dirigente empresarial que aprovecha su puesto para promover negocios de compañías extranjeras? En resumen, me preguntaba ¿quién necesita la competitividad en nuestro país? ¿A qué tipo de empresarios les importará?

Así que antes de avanzar más en el tema, me pareció importante clarificar lo que NO es la competitividad en un negocio: La competitividad NO ES y no está relacionada con aprovecharse de los demás para enriquecerse. Eso es lo contrario a la competitividad, es la depredación de un mercado, es destruir valor, es sembrar desconfianza, es empobrecer el entorno de negocios para todos, a expensas de una ganancia monetaria momentánea.

La competitividad es la expresión tangible de la dignidad humana en un negocio. Es la capacidad de ofrecer valor a la sociedad, de acrecentar el bienestar común, de mejorar las condiciones de vida de todos los involucrados y de hacerlo rentablemente.

¿Quién entonces necesita un articulo sobre competitividad?, Lo necesitamos todos, todos necesitamos empresarios que se comporten con dignidad, con un respeto inquebrantable por los valores de la persona humana, empresarios con una dignidad y una probidad que les impida aprovecharse irresponsablemente de las imperfecciones de nuestro mercado, sino que las subsanen, que les impida tener o hacer negocios que aun cuando sean lícitos, sean indignos, que sean lícitos pero que ultrajan el valor de las personas, que sean lícitos pero que nos empobrecen a todos.

¿Que le falta al país para ser más competitivo? Me pasé varios días haciendo una encuesta al respecto y la primera respuesta que invariablemente me dieron fue que necesitamos cambiarlo todo, empezando por lo más alto: el gobierno, las estructuras, las maneras de trabajar, de relacionarnos, etc. Era una pregunta que despertaba resentimiento entre los que respondieron, por la humillación o indignidad sufrida en este o aquella situación particular, pero que finalmente termina afectándonos a todos.

Para responder a la pregunta, me propuse analizar los patrones que subyacen en la manera de trabajar y organizarnos que normalmente usamos en el país:

En las finanzas, tenemos un sistema bancario que paga un rendimiento ínfimo a los ahorradores y que cobra entre 20 y 30 veces eso por ese mismo dinero. Tenemos un sistema de ahorro para el retiro irracionalmente caro, cuyas ganancias han tenido que ser limitadas por los diputados ya que los empresarios involucrados no se autolimitaban.

En lo político, ahora mismo nos proponemos el implementar una solución para salir de la crisis haciendo al país 3% más caro y para ello aludimos a razones humanitarias, no de competitividad.

En la operación de los grandes sistemas nacionales, incluyendo educación, salud o energía, el patrón que se encuentra es el de aprovecharse de las circunstancias para medrar localmente a costa del resto del país. Por ejemplo, al crear y operar sindicatos que dominan y pervierten el sistema, que literalmente cancelan las opciones del país en el ramo o las hacen incosteables.

¿Porqué lo hacemos? En primer lugar porque no tenemos mejores ejemplos y modelos que seguir, porque vemos que los demás también abusan, porque podemos hacerlo y salirnos con la nuestra, porque no tenemos buenas razones para imponernos límites regidos por nuestro valores, porque no nos importa aprovechar la ganancia del momento en detrimento del futuro.

¿Existe alguna solución? ¿Qué podemos hacer? Volviendo al tema original de este artículo, y dejando a un lado el cambiarlo todo como sugerían mis entrevistados, lo primero es reconocer que en muchas áreas hemos sabido ser competitivos. Existen casos notables de empresarios mexicanos de una estatura, de una probidad y una dignidad excepcionales. Ha habido grandes políticos, maestros, científicos, banqueros, ingenieros, hombres y mujeres que, respetando la dignidad humana, han sido capaces de desarrollar grandes empresas, grandes instituciones, de dejarnos un gran legado. Mexicanos como Eugenio Garza Sada, Manuel Senderos, Lorenzo Servitje, José López Valdivia y Javier Barros Sierra, ejemplos del bien hacer empresarial en el país. Creadores de empresas e instituciones sólidas y trascendentes, basadas en la calidad y en anteponer la dignidad humana y los valores del hombre, a las circunstancias del negocio. 

Una de las primeras cosas que tenemos que hacer para incrementar la competitividad del país es sacar a la luz estos y otros ejemplos, buscarlos tanto en el presente como en el pasado, divulgar sus experiencias, sus decisiones, analizar los valores con los que rigen sus vidas y sus negocios, analizar su comportamiento, crear modelos fáciles de seguir por los jóvenes empresarios que hoy se inician en el mundo de los negocios y puedan contribuir a la creación de un México como el que todos sabemos que podemos ser.

Es para ellos para quienes he escrito este artículo, para que los podamos ver, para que los podamos seguir, para que nos muestren cómo hacer negocios dignos y rentables, que nos ayuden a crear un México competitivo para todos, los necesitamos todos y los necesitamos ya!

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Respecto al paquete que el Secretario de Hacienda ha propuesto, (que la Cámara de Diputados ha aprobado y el Senado discute estos días), sería urgente que considere que además de su responsabilidad para allegarle recursos al gobierno, también tiene la responsabilidad de reactivar las finanzas del país y que en este escenario su propuesta queda corta. El tema de la pobreza no es tema de su Secretaria, el suyo es el de la creación de valor y sus excedentes. Que considerar que la Secretaría a su cargo tiene más cartas con las que jugar este momento, tales como el reactivar los estímulos fiscales a las actividades de repunte empresarial, incluyendo las inversiones en el desarrollo de nuevos productos y nuevos mercados de exportación. Que es posible concebir no solo una Hacienda Recaudadora, sino una Hacienda Promotora y que esta última es la que tiene las mayores probabilidades de sacar al país de este escollo.

* El autor es director del Centro de Innovación del Tecnológico de Monterrey, Campus Ciudad de México. Es doctor por la Universidad de Cambridge. Obtuvo la Maestría en Tecnología del Diseño de la Universidad de Loughborough. Fue director adjunto de Desarrollo Tecnológico y Negocios de Innovación del CONACYT. Es profesor invitado del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) y autor de más de 30 patentes, marcas y modelos de diseño.

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