La medición de la pobreza, con utilidad

Los cambios en la medición oficial de la pobreza en México traerán beneficios, dice Roberto Vélez; las necesidades de la población podrán ser mejor ubicadas, sostiene el investigador.
pobreza en México  (Foto: CNN)
Roberto Vélez Grajales*
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

El 10 de diciembre de 2009 el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) presentó la que será de hoy en adelante la medición oficial de la pobreza en México (el documento sobre la nueva metodología se puede consultar en la página de CONEVAL.

Hasta ahora, la pobreza se había medido utilizando el enfoque del bienestar, es decir, definiendo umbrales de ingreso que establecieran qué porcentaje de la población no contaba con el ingreso suficiente para satisfacer sus necesidades básicas.

Tres eran las líneas de pobreza oficiales: la alimentaria, la de capacidades y la patrimonial.

Sin embargo, a partir de los criterios definidos en la Ley General de Desarrollo Social promulgada en enero de 2004 (ver en: http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/264.pdf), la nueva medición se construye a partir de la combinación del enfoque antes citado y el del enfoque sobre derechos, que para el caso que nos atañe, quedan definidos por los derechos sociales establecidos en la legislación mexicana.

Para el nivel de ingreso se han definido dos líneas de pobreza: la de bienestar y la de bienestar mínimo. La primera se refiere al monto de ingreso suficiente para poder adquirir una canasta de alimentos y bienes y servicios no alimentarios necesarios para llevar una "vida digna".

Por otro lado, la línea de bienestar mínimo está determinada por el monto necesario para adquirir únicamente la canasta de alimentos antes citada.

De esta forma, se pueden encontrar tres tipos de hogares en términos de nivel de ingreso: (1) los pobres extremos, que tienen un ingreso por debajo de la línea de bienestar mínimo; (2) los pobres moderados, que tienen un ingreso por encima de la línea de bienestar mínimo pero por debajo de la línea de bienestar; (3) y los hogares no pobres, que tienen un ingreso por encima de la línea de bienestar.

En cuanto al esfuerzo realizado por el Coneval y el grupo de especialistas involucrados en este ejercicio, hay que resaltar que se ha sustituido la canasta de bienes y servicios que se utilizaba para la medición de la pobreza desde hace varios años por una construida a partir de los patrones de consumo de los hogares mexicanos en la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares (ENIGH) 2006.

En lo que se refiere a los derechos sociales, se ha construido un "índice de privación social", en una escala del 0 al 6, a partir del número de carencias en seis indicadores de derechos sociales: rezago educativo, acceso a servicios de salud, acceso a la seguridad social, calidad y espacios de la vivienda, acceso a los servicios básicos de la vivienda y acceso a la alimentación.

De esta forma, los hogares que no presentan ninguna carencia tienen un índice de privación social igual a 0, mientras que aquéllos que presentan carencias en la totalidad de los indicadores tienen un índice igual a 6.

Para diferenciar entre los hogares con grandes carencias de los que tienen un número moderado de ellas se obtuvo un umbral de privación de derechos, que a partir de un ejercicio que utiliza los criterios definidos en un trabajo de David Gordon (2007), queda establecido en un nivel de 3 (i.e., tres carencias).

De esta forma, al igual que en el caso del ingreso, se definen dos "líneas de pobreza en derechos", la que divide a los que no tienen carencias de los que tienen alguna y la que divide a los hogares con grandes carencias de los que tienen un número moderado de carencias.

Una de las grandes virtudes de la nueva metodología de medición reside en que, a partir de la combinación de las líneas de pobreza en las dimensiones de ingreso y derechos sociales es posible clasificar a los hogares en cinco grandes grupos: (1) pobres extremos (pobres extremos en ingreso y grandes carencias), (2) pobres moderados (pobres moderados en ingreso y número moderado de carencias), (3) no pobres en ingreso pero pobres en derechos sociales, (4) no pobres en derechos pero pobres en ingreso, y (5) no pobres ni en ingreso ni en derechos.

Esto puede ser de gran utilidad en la definición de las estrategias necesarias para combatir la pobreza en México, ya que cuantifica el número de hogares objetivo para las distintas dimensiones del desarrollo social, además de que ayuda a tomar las decisiones pertinentes sobre la combinación óptima de programas universales y focalizados.

Dada la ubicación de los hogares en el mapa de pobreza multidimensional, es posible estimar en términos de costo-beneficio que conviene más: (a) empujar hacia una política social que asegure que la población cuente con todos sus derechos sociales, (b) empujar hacia una política social que facilite que la población supere la pobreza de ingreso, o (c) una combinación de las dos anteriores.

La respuesta a lo anterior radica, en parte, en la diferencia de costo y tiempo requeridos por un hogar promedio para cruzar la línea de pobreza de ingreso (o de derechos) una vez que ha sido impulsado por la política social para superar la línea de pobreza en derechos (o de ingreso).

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Finalmente, hay que hacer notar que la medición de pobreza multidimensional se realizará cada dos años con representatividad a nivel estatal y cada cinco con representatividad a nivel municipal. Lo anterior, permitirá monitorear más de cerca la eficiencia en el uso de los recursos de la política social por parte de los gobiernos estatales y municipales, y de esta forma, se dará un paso muy importante en la rendición de cuentas tan necesaria para estos dos niveles de Gobierno.

*El autor es investigador del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY).

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