¿Debo sacrificar mi vida por mi trabajo?

La calidad de vida es en ocasiones mermada ante las exigencias laborales, recuerda Laura García; la experta indica que muchas empresas han aumentado la carga de trabajo a raíz de la crisis.
empleado-preocupado-JI.jpg  (Foto: Jupiter Images)
Laura García Rubio*
CIUDAD DE MÉXICO -

Por todos es conocido el impacto que esta crisis económica ha tenido en México y en el mundo. Sus efectos son percibidos en: mayores tasas de desempleo, subempleo e informalidad; caída en ingresos de empresas y de individuos; cierre de negocios por un lado y apertura de microempresas por otro; y en general, un clima de incertidumbre.

Pero más allá de las señales macro o microeconómicas, ¿qué es lo que sucede con el trabajador que continúa laborando de cara a esta realidad? ¿Qué tipo de cambios ha experimentado en su ambiente de trabajo y qué consecuencias puede ello originar?

Algunas de las transformaciones que actualmente son percibidas dentro de los espacios de trabajo y que debieran ser atendidas con especial atención por parte de los empleadores para evitar perder el talento de sus organizaciones y por ende competitividad, son las siguientes:

1.      Recortes de personal

En sectores como manufactura o construcción, las terminaciones laborales masivas fueron frecuentes como resultado de la baja en la demanda. De igual forma, firmas editoriales y de entretenimiento se vieron impactadas ante el requerimiento de control de costos y la necesidad de reestructuraciones que hicieran más eficientes sus procesos. Estas medidas repercutieron (y lo continúan haciendo en compañías públicas y privadas que aún siguen realizando ajustes a la baja en sus plantillas de personal) en el personal que continuó laborando enfrentando una carga mayor de trabajo. Afortunadamente, algunas medidas tomadas por empresas visionarias, lograron contener e incluso evitar los despidos al buscar formas alternas de reducción en costos. Y en los casos en que el recorte de personal fue la única alternativa, buscaron la forma de continuar contando con el talento pero a través de otros esquemas como: apertura de plazas temporales o por medio de contrataciones por proyecto.

2.       Aumento en las horas de trabajo

Aumento debido no sólo a la necesidad de cubrir el trabajo de personal que fue cesado dentro de la organización sino también originado por una mayor presión por parte de los trabajadores para brindar un mayor valor a su actividad. En este punto, la recomendación a los trabajadores y a los expertos en gestión de talento es considerar hasta qué punto las horas adicionales de trabajo aumentan la productividad laboral y tener en mente que la salud es ahora más que nunca, un activo que hay que cuidar y promover.

3.      Sensación de inestabilidad

Esta es quizá una de las consecuencias de la crisis que más dañan la productividad laboral, ya que empleado que no tiene la certeza mínima de su permanencia en el trabajo, difícilmente podrá concentrarse en realizar sus actividades y menos aún, tendrá la posibilidad de otorgar un "extra" a su labor.

4.      Hacer más con menos

En tiempos de crisis, las oportunidades pueden descubrirse para responder a la necesidad de "hacer más con menos"; siempre y cuando se cuente con la creatividad y la apertura por parte de empresas y empleadores para fomentar y aceptar la generación de nuevas ideas. Y siempre que el trabajador tenga los elementos base necesarios para poder aportar y descubrir formas diferentes de lograr mejores resultados. La teoría de la jerarquía de necesidades del psicólogo estadounidense, Abraham Maslow, es muy precisa en este punto. Mucho antes de llegar a cubrir las necesidades de autorrealización, el ser humano requiere tener satisfechas las necesidades de seguridad que le brinden protección y estabilidad.

5.      Beneficios mermados

Algunas organizaciones se han visto forzadas a disminuir los beneficios que brindaban a sus trabajadores; sin embargo, para evitar afectar la motivación del personal, pudieran buscar otro tipo de ventajas que sean valoradas por los empleados y que no necesariamente impliquen grandes desembolsos, tales como: tardes libres, permisos para atender cuestiones personales y/o flexibilidad para trabajar desde casa si el tipo de trabajo lo permite.

Ante estos escenarios, no resulta extraño notar el surgimiento de una tendencia -que aunque mínima en número de casos, es ya notoria- seguida por algunos trabajadores que tras esta crisis se han replanteado no sólo sus vidas profesionales sino personales.

Podría parecer increíble que en Estados Unidos, el origen de esta crisis global y uno de los países más severamente afectados en términos de empleo, se estén dando casos de personas que deciden renunciar a una posición laboral estable donde han desarrollado grandes trayectorias. Y todo a raíz de que la crisis les ha permitido hacer un alto en sus vidas y analizar cuestiones como las siguientes (señaladas en primera persona porque pertenecen a comentarios reales):

1.       Tengo la esposa que siempre quise tener pero desde que nos casamos, sólo la veo un par de horas antes de dormir.

2.       He estado trabajando incansablemente pero no he tenido oportunidad de disfrutar lo que he logrado.

3.       ¿Dónde quedaron mis sueños de viajar? Por algunos años he estado ahorrando y ahora he decidido que es el momento de hacerlo.

4.       Mi salud se ha visto afectada ante jornadas de trabajo cada vez más exigentes.

5.       ¿En qué momento mis hijos se convirtieron en adolescentes? Hace algunos años no los veía por estar trabajando y ahora porque su prioridad son sus amigos.

6.       Tomaré un empleo de menor sueldo que el que percibo actualmente pero en el que no tendré que trabajar en fines de semana.

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Detrás de todos estos cuestionamientos se encuentra la interrogante ¿hasta dónde sacrificar la calidad de vida en aras de mantener el trabajo? Y la respuesta puede depender del tipo de personalidad, de las condiciones económicas actuales del trabajador, de las responsabilidades familiares enfrentadas, de las escasas oportunidades laborales enfrentadas y de muchos factores más. Pero lo que realmente importa es que el trabajador esté consciente de que el balance de vida-trabajo es imprescindible para poder tener éxito a largo plazo en un entorno cada vez más competitivo y complejo.

*La autora es vocera de la Asociación Mexicana de Empresas de Capital Humano (AMECH)  y Gerente de Asuntos Corporativos de Manpower.

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