El desafío financiero del Foro de Davos

El sistema financiero, salvado por los contribuyentes, debe tener más límites, dice José de la Cruz; de no hacerlo, sus instrumentos y prácticas seguirán amenazando el corazón de la economía real.
José Luis de la Cruz*

El 2010 pondrá a prueba la relevancia del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, porque la reciente crisis global hizo evidente que la arquitectura del sistema financiero no fue tan robusta como para impedir que los riesgos tomados por los agentes financieros comprometieran a la estabilidad económica y social del orbe.

La recesión llevó a que los gobiernos de los países desarrollados tuvieran que intervenir de manera decidida a fin de evitar un colapso mayor, situación que paradójicamente permitió a varios grupos financieros reportar ganancias en un año en el cual varios de ellos se encontraban en riesgo de desaparecer.

Dado que el rescate se realizó con dinero proveniente de los impuestos que pagan los contribuyentes, observar la tentación que tuvieron los bancos para pagar bonos a sus directivos, es algo preocupante y que va en contra de las necesidades de las personas que durante el mismo periodo se quedaron sin trabajo,  y que aún no ven los efectos del discreto inicio de la recuperación económica.

En el Foro de Davos se tiene la oportunidad de sentar las bases que impidan un nuevo problema. Aquí se dan cita los principales jefes de Gobierno, empresarios,  financieros y en general, una parte sustancial de la pequeña elite que puede incidir sobre las reglas bajo las cuales  se rige la arquitectura financiera mundial.

Los problemas que enfrenta Davos

Los grandes grupos financieros tienen pocos incentivos para cambiar su comportamiento, ya que aún en época de crisis tienen ganancias. Lo anterior ha sido plausible no sólo por la importancia que sus operaciones tienen en el mundo, sino por la fuerte influencia que ejercen en la esfera política de varios gobiernos, aun en algunos tan poderosos como el de Estados Unidos.

La falta de disposición para seguir una regulación más rígida por parte de los grupos financieros choca con la posición que han expresado personajes tan relevantes como los presidentes Barak Obama y Nicolas Sarkozy,  quienes han debido hacer frente a los efectos de la crisis, cargando con el peso político de los errores del pasado y que en muchas ocasiones se pudieron evitar con el simple hecho de tener una vigilancia más estrecha sobre los riesgos asumidos en el sector financiero.

Pueden existir elementos importantes que deben ser tocados en la reunión: el problema del cambio climático, el apoyo a Haití o mejorar la alimentación, educación y el sistema de salud en los países más pobres.

No obstante la urgencia de redefinir la arquitectura del sistema financiero está en un primer plano, porque el mundo no resistirá una recaída económica. El riesgo de no corregir el rumbo es grande, principalmente porque el universo de los productos financieros no se encuentra respaldado por el crecimiento. Hace varios años que la elevada toma de riesgo y la fuerte especulación llevaron a que la ingeniería de los mercados creara tantos productos exóticos, que hoy la economía real no alcanza a respaldar lo que en derivados financieros circula por el mundo, y sin embargo, se utiliza parte de la riqueza generada por empresarios y trabajadores para resarcir los errores cometidos. 

Bajo dicho contexto parecería obvio, y hasta de sentido común, que en el Suiza se sentaran las bases para resolver dicho problema. Pero los intereses individuales pueden pesar más que el bienestar global. Estos errores los carga la sociedad. La crisis reciente así lo demostró, en tanto que los beneficios de las épocas de bonanza no se transmiten con la misma rapidez y profundidad a la persona promedio.

En este proceso la reunión debe redefinir sus objetivos y alcances, para no únicamente buscar satisfacer los requerimientos de las grandes firmas, especialmente las financieras, sino convertirse en un motor de cambio que tenga un mayor alcance para la población mundial. De no ocurrir esto, el deterioro del foro continuará presentándose, algo que llevaría a plantear la interrogante de sí el mundo no requiere una nueva alternativa para definir las reglas del mundo económico-financiero, pero ahora con un mayor matiz social.

*El autor es profesor del Departamento de Finanzas y Economía del Tecnológico de Monterrey, campus Estado de México. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores y se ha desempeñado laboralmente en los sectores privado, académico y público, en este último como Subdirector de Análisis Macroeconómico en la Secretaria de Hacienda y Crédito Público.

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