Cuidado con la euforia económica

Instituciones afirman que México crecerá casi 3%, pero la inversión no aumenta, dice Ramón Lecuona; la encuesta de Banxico y el índice de confianza del INEGI muestran que aún hay dudas en el mercado.
escalera-dinero-crecimiento-dedos  (Foto: Jupiter Images)
Ramón Lecuona*

El 2010 empieza con la percepción generalizada de que la economía mexicana se reactivará hasta alcanzar, por lo menos, la tasa de crecimiento que en promedio registró entre 1985 y 2008.  Los pronósticos más moderados prevén una expansión real del PIB de por lo menos 3% durante este año. Así, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) pronostica una cifra de 3% y la última encuesta que el Banco de México (Banxico) realizó entre grupos de análisis económico del sector privado arrojó una previsión media de 3.3%; en tanto que la estimación del Banco Mundial (BM) es de 3.5%.  Incluso, hay quienes proyectan que esta cifra podría llegar al 4%, como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y Banxico que la ubica entre 3.2 y 4.2%.

Sin embargo, a pesar de la coincidencia de pronósticos sobre la recuperación del crecimiento, la confianza de los agentes económicos aún es frágil.  De esta forma, cuando el Banco Central preguntó en enero a los grupos privados de análisis y consultoría, si consideraban que el clima de negocios mejoraría en los siguientes seis meses, la respuesta fue positiva en 71% de los casos.

- Cuando se preguntó al mismo grupo si pensaba que la situación económica mejoraría en los siguientes seis meses, las respuestas afirmativas fueron de 100%.

- Pero estas expectativas favorables mostraron su fragilidad cuando casi la mitad respondió que no sabía si era un buen momento para invertir o no.

- En el caso de los consumidores pasó algo semejante. La información sobre percepciones del consumidor que publicó el INEGI para enero indica que, durante el último cuatrimestre, hubo una sensible mejoría en las expectativas sobre la condición económica que el país guardará dentro de doce meses.  No obstante, el incremento en la confianza del consumidor, en el mismo periodo, fue mucho menor.

Esta frágil confianza contrasta con los pronósticos de crecimiento antes mencionados. La razón de esta discrepancia, que no es solamente mexicana, está en los riesgos que enfrenta la economía global en su proceso de recuperación, y los consecuentes efectos que tendría en México una recaída de la actividad productiva internacional, especialmente de los Estados Unidos.

Entre estos riesgos se encuentra la posibilidad de que la demanda de los consumidores y de las empresas en los países desarrollados no aumente tan sólida y sostenidamente como para consolidar la recuperación moderada que se espera. También hay temores sobre los efectos que el reciente endeudamiento público, asociado a los programas de estímulo fiscal aplicados en buena parte del mundo durante los últimos meses, tendrá sobre los costos futuros del financiamiento, la inversión y el crecimiento global.

La potencial complicación del saneamiento y regulación eficiente de los sistemas financieros más importantes del mundo es otra amenaza. Igualmente, se perciben riesgos en sentido contrario, pues la generación de excesivo entusiasmo por el inicio de la recuperación, podría desencadenar nuevos flujos financieros que darían lugar a otras burbujas, con sus consecuentes efectos sobre el sector real, principalmente en los países de mercados emergentes.

Estos son, tan sólo, algunos de los riesgos vigentes. Así, aunque el panorama mundial es mucho mejor que hace unos meses, no deja de ser preocupante, además de afectar a la confianza de empresarios y consumidores, no sólo en nuestro país, sino a nivel mundial.

En este contexto, sería muy importante apuntalar la confianza en México avanzando en la resolución de algunos de los numerosos pendientes que tiene el país en materia de reformas estructurales. México es uno de los mercados más importantes del mundo, por su privilegiada ubicación geográfica y su demografía, pero está muy lejos de aprovechar cabalmente su potencial.

Independientemente del estímulo exterior que reciba nuestro mercado, éste depende más de lo que puede hacer por sí mismo para ampliar sus capacidades productivas y de generación de bienestar para la población.

Avanzar en materia fiscal y laboral fortalecería la confianza, al dar una plataforma superior para el crecimiento de largo plazo y, desde luego, contribuiría a la realización de los pronósticos más optimistas en el corto plazo.

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Alguien en la reunión del Foro Económico Mundial de Davos afirmó que estamos pasando en el mundo de una fase de riesgo económico a otra de riesgo político. En México, uno de los riesgos más importantes, es que la política mantenga la inmovilidad que frena la competitividad del país.

*El autor es director de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Anáhuac, México Norte. Realizó estudios de Licenciatura en Economía en la Universidad Anáhuac en México y de Maestría y de Doctorado en Teoría Económica, Econometría y Demografía Matemática, en la Universidad de Cornell en los Estados Unidos. Fue asesor de Citibank para el área Latinoamericana, también como asesor en la Secretaría de Programación y Presupuesto, y en la oficina de la Presidencia de la República.

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