El miedo al trastorno bipolar

En pleno siglo XXI hay gente que decide excluir o recluir a estas personas, dice Rodrigo Peniche; un 4% de la población mundial sufre de esta enfermedad, que afecta su desempeño laboral.
bipolaridad-fotoarte-jorgemarquez  (Foto: FOTOARTE: Jorge Márquez)
Rodrigo Peniche Amante*
CIUDAD DE MÉXICO -

Una de las habilidades que un adulto ha consolidado es tener un control relativo sobre su estado de ánimo, es decir, llevar la rienda de sus propias emociones. Sin embargo, más de 2 millones de mexicanos y alrededor del 4% de la población mundial, padecen trastorno bipolar: experimentan emociones intensas y descontroladas, que van de la alegría y omnipotencia abrumadoras a la tristeza desoladora o la desesperación absoluta. En algunos casos éstos extremos inclusive se experimentan al mismo tiempo. Además de estas variaciones se presentan cambios drásticos en el nivel de actividad, la conducta, los patrones de sueño, sexuales y de alimentación.

El trastorno bipolar puede llegar a deteriorar severamente las relaciones interpersonales, el desempeño escolar y laboral, y en algunos casos extremos, puede conducir al suicidio. Como cualquier fenómeno psíquico, el trastorno bipolar no tiene una sola causa, sino que tiene raíces biológicas (cerebrales), genéticas, en las experiencias de vida, y en el entorno social y familiar del individuo.

Un factor que complica su diagnóstico y el tratamiento, es que puede acompañarse de fenómenos tales como alucinaciones y delirios: durante un episodio maniaco la gente puede tener el delirio de ser famosa, de tener una herencia que le están escondiendo, o de poseer poderes especiales; un episodio depresivo puede agravarse por el delirio de haber quebrado su negocio, o de haber cometido un crimen.

El tratamiento del trastorno bipolar es multidisciplinario: requiere de la intervención de psiquiatras, psicoterapeutas y médicos. Más aún, el involucramiento empático de familiares, la pareja, amigos, vecinos y compañeros de trabajo o escuela significa la diferencia entre retomar una vida funcional o un agravamiento terrible del problema.

La investigación reciente señala que un factor trascendental en conservar la estabilidad emocional depende de construir patrones de vida constantes: horas de sueño estables y rutinas de vida consistentes. Otro hallazgo importante es que cuando los pacientes y sus familias se enfocan más en las soluciones (llevar una vida funcional) que en el problema (los cambios radicales de humos y los trastornos de tipo psicótico), hay una mejoría significativa en la calidad de vida.

¿Qué hacer?

Por paradójico que parezca, en pleno siglo XXI, las personas siguen teniéndole pavor a los trastornos mentales; en ese sentido, la actitud de la gente hacia la enfermedad psíquica no ha avanzado mucho desde Salem: preferimos ocultar a nuestros enfermos, adjudicamos el problema a causas mágicas, hostilizamos y segregamos a las personas que tienen problemas psicológicos.

Lo primero es reconocer el problema y acudir a un especialista para su diagnóstico oportuno. En todos los escenarios de la vida, la prevención y la atención oportunas son más convenientes que la curación. Contar con información oportuna, profesional y actualizada es clave.

Aceptar que no existe actualmente una cura. Es un trastorno que acompañará de por vida al paciente, a sus familiares y a sus amigos.

Aprender a detectar variaciones en los patrones de conducta; reconocer que ante situaciones el paciente se siente más estresado y desarrollar estrategias para afrontarlas más eficientemente o evitarlas; Ser disciplinado sin llegar a ser rígido.

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Aunque puede llegar a ser una enfermedad devastadora, es importante dejar claro que es controlable y que las personas que llevan un tratamiento adecuado, pueden seguir adelante y llevar vidas bastante funcionales.

* El autor tiene la Maestría en Psicoterapia Psicoanalítica por el Instituto en Investigación en Psicología Clínica y Social. Es docente de tiempo completo en Instituto Politécnico Nacional e imparte psicoterapia individual.

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