¿Para qué le sirven los TLC a México?

El país tiene 12 tratados, pero el 90% de su comercio lo mantiene sólo con EU, recuerda Luis Colín; la petición del Gobierno boliviano para terminar el acuerdo con México reabre esta discusión.
exportaciones  (Foto: AP)
Luis Guillermo Colín Villavicencio*
CIUDAD DE MÉXICO -

A partir del cambio de modelo económico de nuestro país -pasamos de ser una economía cerrada a una extremadamente abierta- se nos ha venido repitiendo constantemente que el motor de nuestra economía deben ser las exportaciones.

Parece haber indicadores para estar de acuerdo con la aseveración anterior. Por ejemplo, el año pasado fue brutal para la economía mexicana al estar vinculadas casi el 90% de nuestras exportaciones al mercado estadounidense y éste -a raíz de la crisis hipotecaría de 2008- haber tenido su primera recesión del siglo XXI. También parece haber indicadores que nos muestran que las exportaciones mexicanas no son el motor de nuestra economía: la actividad de ventas al exterior de nuestras empresas se concentra en un 80% en 500 de ellas y todavía más grave, casi un 50% de estas ventas por solamente 25 empresas (Bimbo, Modelo, Femsa, etc.). Si nos referimos al número de Tratados de Libre Comercio que hemos firmado desde los años noventa, nos encontramos dentro de los cinco países con el mayor número de acuerdos -12 en total-.

El 7 de diciembre pasado, uno de nuestros socios comerciales -Bolivia- nos hizo saber, a través de medios diplomáticos y del derecho internacional, que deseaba dar por terminado el TLC firmado entre ambos países y que había entrado en vigor el primer día de 1995. A pesar de cuál haya sido la reacción de nuestro gobierno, el aún derecho soberano de comprometerse y dejar de hacerlo a través de instrumentos internacionales es aún uno de los últimos resquicios de lo que conocemos como la soberanía tradicional. Para el Gobierno de México esto no fue nuevo: años atrás, a finales de 2006, nuestro entonces socio comercial, Venezuela, dejó de serlo bajo argumentos políticos y económicos dentro del contexto del proyecto nacionalista del Presidente Chávez.

Los argumentos de Bolivia para terminar con su acuerdo con México parecen lo suficientemente claros: derivado de los últimos cambios aprobados a la Constitución Boliviana, los compromisos del TLC eran incompatibles con la carta Magna de ese país. Los cambios en la Constitución Boliviana reforman de manera integral la manera en que la sociedad estaba organizada -con casi un 80% de población indígena- y los derechos que los distintos grupos tenían de facto y de jure.

Entre esos derechos que vigilará ahora el Estado Boliviano de manera más efectiva están los que se refieren al uso de la propiedad privada rural -que ahora debe cumplir con una utilidad social- y al relativo a una nacionalización de los recursos naturales.

La solución es disminuir los compromisos entre México y Bolivia y dejar que el último Acuerdo de Complementación Económica (ACE) -el número 66 y que es una especie de mini TLC- rija las relaciones entre ambos y que éstas se circunscriban a compromisos netamente comerciales.

¿Qué efectos tendrá para México?

Contábamos con un superávit comercial con los bolivianos y teníamos acceso a recursos necesarios para nuestra economía como óxidos de antimonio, plata en bruto, estaño y minerales de cobre. Es muy probable que con el ACE #66 se mantenga el acceso de las empresas mexicanas a estas materias primas bolivianas. La diferencia será el arancel que tendremos que pagar por ellas y que será mayor.

El mayor efecto se observará en las demás actividades que normalmente regulan o dan certidumbre los TLC´s: las reglas para invertir en el otro país, la forma de solucionar las controversias y los compromisos en materia de respeto a la propiedad intelectual, entre otros.

            ¿Qué lecciones debe México aprender?

Parece haber tres grandes lecciones que nuestro país debería por lo menos reflexionar:

1)                  Es urgente que iniciemos un proceso de análisis y reflexión de los efectos -negativos y positivos- que han tenido los TLC´s firmados. Sobre todo a la luz de que 9 de cada 10 productos que exportamos van a uno solo de nuestros 42 socios comerciales: Estados Unidos.

2)                  Es importante renovar nuestros supuestos de interés nacional. ¿Qué preferimos los mexicanos? ¿Proteger nuestros recursos naturales de manera nacionalista o aprovechar las ventajas del capital extranjero para disminuir la brecha entre ricos y pobres en nuestro país?

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3)                  Las instituciones que fomentan nuestras exportaciones en nuestro país -Economía, PROMEXICO y otras-, deben revisar profundamente su efectividad en dicha promoción. El otorgarle un folleto o unas conferencias con duración de un día a un empresario interesado en exportar no bastan para diversificar nuestras exportaciones. Sería interesante mirar el modelo chileno de promoción de exportaciones, entre otras acciones.

*El autor es internacionalista y experto en Derecho Internacional. Es profesor del Departamento de Relaciones Internacionales del Tecnológico de Monterrey, Campus Estado de México. Ha desarrollado una metodología propia para analizar la factibilidad de un proyecto de exportación, enfocándose hacía las PYMES mexicanas.

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