¿Es México un paraíso fiscal de facto?

El país recauda impuestos al 50% del promedio de los integrantes de la OCDE, destaca José Arellano; de acuerdo con la CEPAL, el nivel de captación de impuestos equivale al 10.9% del PIB mexicano.
mexico-bandera  (Foto: Cortesía SXC)
José Arellano Ramírez*

"Evitar los impuestos es el único esfuerzo intelectual que tiene recompensa", John Maynard Keynes, economista británico (1883-1946)  El pasado 28 de junio, Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) organismo dependiente de la Organización de las Naciones Unidas responsable de promover el desarrollo económico y social de la región, estuvo de visita en nuestro país y declaró que "por su baja recaudación, alta evasión y gran cantidad de exenciones fiscales, México es, de facto, un paraíso fiscal". Asimismo, abundó en que "cuando digo que hay un paraíso fiscal de facto es porque México es un país que tributa muy poco, la carga tributaria no se eleva más allá de 11%".

Las palabras de la secretaria Bárcena, sin lugar a dudas, deben invitarnos a reflexionar a los mexicanos si realmente estamos haciendo bien las cosas en materia de recaudación fiscal.

Según estudios realizados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y la CEPAL, durante 2007 México obtuvo ingresos tributarios con respecto a su Producto Interno Bruto (PIB) muy por debajo del promedio de los países-miembro del primer organismo (club de países ricos al que decidimos pertenecer), e incluso de países latinoamericanos con una economía y condiciones similares a la nuestra tales como Argentina y Brasil. Para muestra, basta la siguiente tabla:

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Fuente: OECD (2009) Revenue Statistics y CEPAL (Brasil, Argentina)

Los porcentajes fueron determinados con base a números de 2007.

Ahora, es importante aclarar que entre los dos organismos citados se pueden detectar algunas diferencias en cuanto a sus números, ya que de acuerdo con la CEPAL, el nivel de recaudación mexicano equivale al 10.9% del PIB, difiriendo con la determinación de la OCDE (18%). Según lo que he podido dilucidar, la mayor diferencia entre las cifras de ambos organismos se debe a que la CEPAL no considera los derechos sobre hidrocarburos que se le cobran a Pemex (equivalentes al 5% del PIB). Asimismo, he podido identificar un diferencial de 2% adicional, el cual se integra por diferentes mediciones en los registros de ingresos provenientes de contribuciones de seguridad social y del Impuesto al Valor Agregado (IVA). Bajo ese contexto, el ingreso tributario mexicano podría ser incluso menor al presentado en la tabla anterior (16% en lugar de 18%). Y comento 16%, ya que desde mi punto de vista, los cobros a PEMEX deberían considerarse como un ingreso tributario.

En lo que se refiere al Impuesto Sobre la Renta (ISR), que es el que grava a las ganancias de las empresas y los individuos, según la OCDE México recauda un total del 5% en relación al PIB. No obstante lo anterior, si le adicionáramos a ese número los derechos cobrados a PEMEX, los cuales sin duda deberían considerarse como un impuesto corporativo -la CEPAL no los incluye y la OCDE los considera en sus estadísticas como un impuesto especial similar al IVA- el ingreso se incrementaría a un 10% del PIB. Este último número realmente no luce negativo a primera vista, de hecho se encontraría muy cercano al promedio incluso de la OCDE (13.2%), sin embargo, visto desde otro ángulo, se debe tener muy presente que el 50% de la recaudación del ISR estaría ligada a una sola empresa (PEMEX), la cual extrae y refina un recurso no renovable.

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Fuente: OECD (2009) Revenue Statistics y CEPAL (Brasil, Argentina)

Los porcentajes fueron determinados con base a números de 2007.

De hecho, en el ISR, puede apreciarse una gran área de oportunidad para México. Según reportes publicados en el 2005 por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) y por investigadores de la CEPAL, la evasión del ISR en el país equivale al 2.4% del PIB. Esta evasión, desde mi perspectiva, se deriva de diversas causas, tales como un sistema complejo de cumplimiento de impuestos, a la corrupción, a un poco eficiente enfoque de revisión por parte de la autoridad hacendaria, y a la poca transparencia en los diversos órdenes de gobierno en el manejo de los recursos recaudados, lo cual crea una imagen de inutilidad respecto al pago de los tributos. Aunado a lo anterior, actualmente existen tratamientos preferenciales no justificados a medianas y grandes empresas dedicadas a la agricultura, ganadería, pesca, silvicultura y autotransporte, los cuales hacen que personas de altos ingresos paguen muy pocos impuestos en proporción a sus ingresos.

Otro aspecto a considerar en este análisis, es que mientras que el promedio de los países miembro de la OCDE recaudan 75% del ISR de los individuos y el 25% de las empresas, en México recaudamos exactamente lo opuesto: 75% a las empresas y 25% a los individuos (similar a los demás países de Latinoamérica). El porqué de esta situación se debe, entre otras razones, a la carencia de una legislación que grave con tasas más elevadas a las personas físicas de ingresos significativamente altos, tal como sucede en la mayoría de los países desarrollados. Para ejemplificar lo anterior, muestro la siguiente tabla de las tarifas máximas aplicables a las personas físicas:

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Fuente: OECD (2009) Revenue Statistics. Los porcentajes fueron determinados con base a números de 2007.

Otra área de oportunidad importante para nuestro país se da en los impuestos a la propiedad, tales como prediales, herencias, impuestos sobre adquisición de inmuebles, etc. -la OCDE clasifica en un mismo rubro a los impuestos a la propiedad y a la transferencia de ésta-, los cuales actualmente aportan ingresos insignificantes para el gobierno, si los comparamos con los obtenidos por otros países europeos e incluso latinoamericanos:

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Fuente: OECD (2009) Revenue Statistics y CEPAL (Brasil, Argentina)

Los porcentajes fueron determinados con base a números de 2007.

Como puede desprenderse de la tabla anterior, es prioritario que se preste la atención adecuada al impuesto predial, el cual actualmente no está siendo bien aplicado y puede llegar a representar una fuente de recursos nada despreciable. Asimismo, desde mi punto de vista, debe analizarse la implementación de un impuesto a las herencias, exclusivamente enfocado a las medianas y grandes fortunas. Es importante recordar que en los Estados Unidos, la tasa máxima de dicho impuesto en el 2009 alcanzó el 45% a partir de bienes superiores a 3.5 millones de dólares -en 2008 según el Wall Street Journal el gobierno recaudó por este tributo $29 billones de dólares-. En un país tan dramáticamente desigual como el nuestro, esta alternativa no sería nada despreciable, y su aplicación sería relativamente simple. Otro gravamen a considerar sería el resultado que en otros países ha tenido el impuesto al patrimonio, a partir de ciertos niveles de riqueza. De hecho, la Secretaría de Hacienda debería empezar a analizar lo que están llevando a cabo otras naciones, con la finalidad de adoptar sus prácticas de recaudación en la materia.

En resumen, México podría incrementar de .3% a 3% del PIB su recaudación de impuestos a la propiedad (igualando a Argentina o Brasil las cuales son economías similares). Cabe hacer mención que dicho incremento superaría por mucho el .5% del PIB que actualmente el gobierno obtiene del polémico Impuesto Empresarial a Tasa Única (IETU) o incluso sería mayor a un posible cobro de IVA generalizado a alimentos y medicinas, el cual se valora en 1.5% del PIB según el Presupuesto de Gastos Fiscales para 2010 elaborado por la Secretaría de Hacienda.

Otro aspecto importante a mejorar, está relacionado con las contribuciones de seguridad social, en las cuales México muestra un rezago abismal respecto a los países miembros de la OCDE y a Brasil y Argentina.

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Fuente: OECD (2009) Revenue Statistics y CEPAL (Brasil, Argentina). Números a 2007.

Es importante aclarar que el auge en el país de figuras jurídicas tales como sociedades cooperativas, empresas integradoras, sociedades civiles y otros esquemas similares, han provocado que un gran número de trabajadores laboren fuera de la protección de los esquemas de seguridad social, evadiendo con ello algunos patrones su compromiso con sus empleados y con el Estado, en el pago de sus cuotas.

Por último, considero necesario presentar los ingresos que en estos momentos obtiene México por concepto de IVA y del Impuesto Especial Sobre Producción y Servicios (IEPS) -este último relacionado con la venta de cerveza, alcohol, gasolina, diesel y cigarros, principalmente-:

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Fuente: OECD (2009) Revenue Statistics y CEPAL (Brasil, Argentina).

Las cifras fueron determinadas con base a números de 2007.

De conformidad con el reporte de la OCDE, se puede dilucidar que México supera a Canadá y a Estados Unidos en su recaudación de IVA y de impuestos especiales. Sin embargo, no hay nada más alejado de la realidad, ya que dicho organismo contempla en esa cifra el 5% del PIB relacionado con los derechos a los hidrocarburos cobrados a PEMEX. Una vez eliminado el 5%, regresamos a la realidad, en donde únicamente obtenemos 4.5% de IVA y de IEPS.

Según reportes del CIDE y la CEPAL, México cada año deja de percibir 2% del PIB por evasión fiscal. Esto aunado a los tratamientos especiales en materia del IVA de ciertos productos que no forman parte de la canasta básica, y de los cuales no necesariamente se benefician las clases menos favorecidas.

A raíz de la simple comparación con Argentina y Brasil, los cuales obtienen entre un 14.9% y 15.5% de su PIB con esta clase de tributos, contra nuestro 4.5%, forzosamente nos debe llevar a replantear lo que estamos dejando de hacer en materia de recaudación de IVA y el IEPS. De hecho, la recaudación del IVA en países como Bolivia y Argentina ha crecido en 5.6 y 5.7% respecto a su PIB en las últimas dos décadas, mientras que México lo ha hecho en .7%, según estudios de la CEPAL.

Como ha podido mostrarse en este breve análisis, México realmente tiene un problema de recaudación fiscal, y muchas áreas de oportunidad respecto a diversas manifestaciones de riqueza que no son objeto de tributación en nuestras leyes. De hecho podría afirmarse que en ciertos sectores, definitivamente nos encontramos ante un paraíso fiscal de facto, por lo que deberán hacerse los ajustes necesarios en las áreas ya comentadas.

Sin embargo, no obstante a las acciones legislativas que se lleven a cabo, creo que el Estado paralelamente deberá reflejar transparencia en el destino de los recursos que percibe, así como mejorar sustancialmente en el combate a la corrupción-según el recién publicado Índice de Percepción de la Corrupción (IPC), elaborado entre otros con datos del Foro Económico Mundial, nuestro país fue calificado con 3.1, en una escala donde 10 es la máxima-, asimismo deberá ampliarse significativamente la base de contribuyentes, trabajar en materia del control de las mercancías de contrabando que ingresan por nuestras fronteras las cuales son vendidas por la economía informal sin el mínimo pago de impuestos, la supervisión a las personas físicas con actividades empresariales, profesionales y de arrendamiento, y llevar a cabo un sustancial cambio en el enfoque de revisión a los contribuyentes, tales como analizar la compra de bienes muebles e inmuebles costosos y comparar esas adquisiciones con las declaraciones de impuestos de los compradores, entre otras ideas sumamente básicas que no se están llevando a cabo. En fin, el reto es grande, y no va a ser alcanzado sin la participación de todos, principalmente del ciudadano común.

* José Arellano Ramírez es Gerente Senior de Impuestos en Deloitte.

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