Urge un gasolinazo

La crisis petrolera es real, por lo que México debe prepararse para lo peor, dice Sergio Negrete; además del impacto económico mundial, el país sufrirá las consecuencias en el precio de la gasolina.
gasolina precios  (Foto: AP)
Sergio Negrete Cárdenas*

Un nuevo choque petrolero es ya una realidad. Imposible saber magnitud y duración, pero es imperativo prepararse para lo peor. Y lo peor para México, por paradójico que pueda parecer, es que siga subiendo el precio internacional de los hidrocarburos.  Por supuesto, en primer lugar destaca el impacto sobre la economía mundial, y el rebote inmediato de ésta sobre la mexicana. El peligro, como en 2008, es el de una desaceleración global. Las optimistas perspectivas de crecimiento para 2011 pueden quedar defraudadas (aunque lo increíble, en primer lugar, es que un alza de 4% tenga que ser catalogada en México como optimista).

Apenas en este mes de enero, el nivel acumulado de las exportaciones durante el año anterior superó el registrado en septiembre de 2008, llegando a los 304,000 millones de dólares, en buena parte impulsado por petróleo y ventas automotrices. El choque petrolero puede, una vez más, desbarrancar la tendencia exportadora al alza.

En las próximas semanas y meses quedará claro si el alza en los precios de alimentos y petróleo fue un chipote temporal, o si puede considerarse algo más permanente. De ser lo segundo, muchos bancos centrales se verán obligados a apretar su política monetaria. Muy probablemente, Banco de México entre ellos, subiendo las tasas de interés.

Pero todavía más preocupante que el precio internacional del petróleo es el precio nacional de la gasolina y el enorme subsidio que conlleva. No deja de ser peculiar que un Gobierno que prácticamente ha declarado una guerra al crimen organizado, y que constantemente presume de esa postura (y es reconocido internacionalmente por ella), clave con firmeza la cabeza en la arena cuando se trata de tomar al toro de la gasolina por los cuernos. Parece que no se tiene ningún miedo a los cárteles de la droga, pero un pánico cerval a que la oposición política grite con todas sus fuerzas "¡gasolinazo!"

Sería uno de esos raros momentos en que el nuevo presidente del PRI, Humberto Moreira, y el perenne cacique de la izquierda nacional, Andrés Manuel López Obrador, gritarían al unísono. Y parece que el Gobierno federal está aterrado del posible dueto.

Pero es imperativo hacer algo. Los pequeños incrementos de una o dos veces por mes a los precios de las gasolinas eran una salida relativamente adecuada, con un precio del petróleo más o menos estable en términos internacionales. La brecha se iba cerrando poco a poco. De hecho, en algún momento en meses recientes la gasolina mexicana estaba, por fin, en niveles similares a los registrados en los Estados Unidos. Ya los vecinos del norte no tendrían el incentivo de cruzar la frontera para llenar el tanque, con botes adicionales en la cajuela incluidos. Esto suponiendo, claro, que no hayan sido disuadidos de cruzar la frontera por el detalle de que les podía tocar una bala perdida en uno de los rutinarios enfrentamientos entre fuerzas de seguridad y bandas criminales.

Pero en meses recientes la brecha de la gasolina no sólo se ha vuelto a abrir, sino que se ha hecho un agujero de envergadura, y sucede que es también un agujero negro para las finanzas públicas, con el dinero desapareciendo por el mismo a raudales.

El reciente anuncio de la Secretaría de Hacienda sobre las finanzas públicas, en enero del presente año, tiene dos renglones llamativos en la segunda tabla del Anexo 1. Por un lado, reporta que los ingresos petroleros de Pemex se colapsaron nada menos que 45.7% en términos reales con respecto a enero 2010. Además, en el mismo apartado, se tiene la peculiaridad de un impuesto negativo (esto es, un subsidio).

Sólo durante enero, el Impuesto Especial de Producción y Servicios sobre productos petroleros registró un subsidio de -4,372 millones de pesos (unos 360 millones de dólares). El único consuelo que queda (si cabe) es que en enero de 2010 el subsidio correspondiente fue de 6,929 millones de pesos.

Regalar con munificencia miles de millones de pesos, o cientos de millones de dólares cada mes sería de escándalo en un país rico. Hacerlo en uno como México, y además beneficiando más a los que más tienen (esto es, por ejemplo, al potentado dueño de una Hummer) e incentivando una conducta contaminadora del ambiente (en un gobierno que presume de credenciales verdes), es digno de Kafka.

Es algo positivo que el Secretario de Hacienda haya declarado hace unas semanas que no ambiciona la presidencia. No tiene, pues, trabas políticas que puedan afectar una hipotética candidatura. Es hora de que, en nombre de su jefe, haga lo que no es popular, pero sí urgente: un fortísimo gasolinazo.

* Doctor en Economía por la Universidad de Essex. Investigador asociado del Centro de Estudios Espinosa Yglesias y Profesor de Tiempo Completo del ITESO. Entre 2004 y 2009 trabajó en el Fondo Monetario Internacional.

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