Las trampas de Cordero

La reciente Convención Bancaria pone al titular de Hacienda en tela de juicio, dice Sergio Negrete; Ernesto Cordero es aspirante a la nominación presidencial de su partido y muestra su favoritismo.
Ernesto Cordero  (Foto: archivo NTX)
Sergio Negrete Cárdenas*

Decía Mark Twain que hay tres clases de mentiras: las mentiras, las grandes mentiras y las estadísticas. Es de suponerse que el escritor se habría impresionado con la presentación del Secretario de Hacienda ante los asistentes a la reciente Convención Bancaria. Que el titular de las finanzas nacionales se suba al ring de la política electorera ya es preocupante. Puede ser algo entendible cuando se presume que Ernesto Cordero es uno de los varios suspirantes por la nominación presidencial de su partido. Pero faltar a la honestidad intelectual para tratar de ganar algunos puntos políticos al PRI, muestra un problema grave.

Tuvo razón Cordero al presumir los bajos niveles de inflación y de depreciación cambiaria registrados en la última década, esto es, bajo los gobiernos panistas. Si bien puede decirse que Vicente Fox y Felipe Calderón recibieron una herencia sólida por parte de Ernesto Zedillo en ambos aspectos, ciertamente la consolidaron. Pero para realizar comparaciones, Cordero se lanza hasta un pasado ya algo lejano, contrastando ambas estadísticas (inflación y pérdida de valor nominal del peso) con todos los gobiernos priistas desde Luis Echeverría (1970-76).

Posteriormente, el secretario de Hacienda sacó a colación el crecimiento económico. Sin embargo, la pasión por la historia que había exhibido lo abandonó al tocar ese tema, y sólo mencionó el registrado en 2010 y el esperado para 2011. Con respecto al segundo, en cuestión de meses el pronóstico oficial ha ido en constante aumento. Del 3.8% que se estimaba hace algunos meses, ya Cordero propuso ante los banqueros que dicha cifra puede llegar hasta 5%. Y, por supuesto, presumió el 5.5% alcanzado en 2010. Sin embargo, se olvidó del colapso de -6.1% registrado en 2009 y de los mediocres resultados obtenidos en años anteriores durante el actual sexenio y el precedente.

De hecho, de acuerdo con estadísticas del FMI, el crecimiento del PIB per cápita de México acumulado (no promedio, sino acumulado) entre 2000 y 2009 alcanzó la irrisoria cifra de 3.0% (las cifras de 2010 no están disponibles todavía). Esto es, fue el país que creció menos de América Latina (no hay datos para Nicaragua, país que quizá habría permitido a México lograr el penúltimo lugar). El crecimiento acumulado más elevado lo alcanzó Panamá (45.0%), seguida por Perú (38.2%).

Los datos del FMI inician en 1980, pero se puede afirmar (no hubo recesiones ese decenio) que el crecimiento acumulado de México en 1970-79 fue muy superior al registrado en los últimos 10 años. En 1980-89 se observó una pavorosa contracción de -5.3%, y en 1990-99 un aumento respetable (aunque tampoco espectacular, salvo cuando se compara con los años más recientes) de 13.6%. Esas comparaciones brillaron, pero por su ausencia, en las diapositivas que Cordero mostró a los banqueros.

Pero la trampa más grave vino después. El Secretario de Hacienda presentó una gráfica que mostraba un aumento casi constante de la recaudación tributaria no petrolera, entre los años 2004 y 2011 (este último, por supuesto, siendo una cifra estimada). ¿Por qué ya no mostró lo logrado durante el decenio panista? Porque dicha recaudación fue más elevada en los años anteriores a 2004 (el máximo histórico se alcanzó en 2002). Esto es, en dicha materia, el gobierno calderonista ni siquiera ha alcanzado lo logrado por Fox.

Peor todavía, ¿por qué presentó Cordero la recaudación tributaria sin petróleo? Un observador inocente pensaría que, simplemente, para no tomar en cuenta los vaivenes causados por los cambiantes precios del crudo internacional y la gasolina nacional. La realidad es que, en todos los años del calderonismo, con la única excepción de 2009, no ha entrado un peso en las arcas nacionales por concepto del impuesto especial sobre producción y servicios (IEPS) a la gasolina. Lo que ha habido ha sido lo contrario: un subsidio.

Esto es, en 2006, 2007, 2008 y 2010, la recaudación tributaria real (con petróleo) fue inferior a la presentada en la gráfica de Hacienda. La mayor diferencia tuvo lugar en 2008, cuando el subsidio al consumo de la gasolina (que, dicho sea de paso, favorece a los más ricos, aparte de ser contaminante) alcanzó un escandaloso 1.8% del PIB. Esto es, la recaudación tributaria, sin petróleo, de 10.0% del PIB presentada por Cordero fue, en realidad, de 8.2%. Sólo en enero y febrero de 2011 (las cifras más recientes), dicho subsidio alcanzó 11,085 millones de pesos, por lo que todo indica que este año se repetirá la historia.

La desfachatez de Cordero con esta última trampa es particularmente notable porque, precisamente, es responsabilidad de la Secretaría de Hacienda el fijar el precio de la gasolina; escondiendo el subsidio en su gráfica, el titular de la SHCP estaba, de hecho, ocultando una grave consecuencia de sus propios actos.

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Es muy probable que Twain habría escrito una crónica fascinante de la reciente Convención Bancaria.

* Doctor en Economía por la Universidad de Essex. Investigador asociado del Centro de Estudios Espinosa Yglesias y Profesor de Tiempo Completo del ITESO. Entre 2004 y 2009 trabajó en el Fondo Monetario Internacional.

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