Falta de flexibilidad derribará a México

Nuestra política restrictiva provoca peores caídas en crisis que las de EU, comenta Alfredo Coutiño; un gasto acorde al crecimiento potencial y no a la volatilidad del avance cíclico es la meta.
billetes de mexico  (Foto: Photos to Go)
Alfredo Coutiño*
WEST CHESTER, Pensilvania -

México ciertamente se encuentra en una posición mucho mejor que en otras crisis del pasado; sin embargo, si el choque externo se presenta fuerte, la economía mexicana va a sufrir un nuevo golpe que la va a mandar al piso nuevamente. Esto porque, a pesar de todas las medidas correctivas y todos los blindajes construidos, la economía mexicana todavía no logra reducir su vulnerabilidad dada por la inflexibilidad de su política económica, lo cual hace que México siempre amplifique las caídas que se dan en el ciclo económico estadounidense. Nada indica que la realidad pueda ser diferente para México si la economía estadounidense se vuelve a caer otra vez. Para bien y para mal, el destino de la economía mexicana está altamente atado al de los Estados Unidos.

Dada la alta dependencia de la economía mexicana con respecto al ciclo económico estadounidense, a México le va de maravilla cuando a Estados Unidos le va bien, pero México se hunde cuando Estados Unidos se cae. El último episodio recesivo es una ilustración más de que el "destino mexicano está irremediablemente atado al de los Estados Unidos". Así, durante la recesión del 2009, a pesar de que por primera vez las autoridades mexicanas anunciaron y estuvieron dispuestas a utilizar política económica contracíclica, la economía mexicana se hundió 6.1% cuando la estadounidense solo se cayó 3.5%. 

Son dos los factores que hasta ahora han hecho, y posiblemente seguirán haciendo, que la economía mexicana continúe ampliando las caídas que suceden en la economía estadounidense, a menos que se tomen medidas de cambio estructural en la política económica. El primer factor es la alta dependencia del comercio mexicano con respecto al mercado estadounidense, lo cual fortalece a uno de los canales tradicionales de transmisión del choque externo. Pero esto sólo haría que la economía mexicana se cayera cuando mucho lo mismo que se cae el vecino del norte, si no es que menos. Sin embargo, lo que hace que México siempre se caiga en mayor medida es el hecho de que siempre, y sin excepción, durante una crisis el país tiene irremediablemente que aplicar políticas restrictivas. 

El manejo restrictivo, y de hecho prudente, de la política económica en épocas de crisis no está mal; sin embargo, en lugar de ayudarle a la economía a defenderse mejor del vendaval externo, la debilita y hace que su caída sea más profunda. Por un lado, ante la extrema volatilidad financiera que se presenta, las tasas de interés siempre tienden a aumentar al inicio de la crisis como una medida para intentar regresar la estabilidad a los mercados y evitar movimientos bruscos en las variables financieras, particularmente en el tipo de cambio. Por otro lado, a pesar de que el Gobierno tenga buenas intenciones de aumentar el gasto público para ayudarle a la economía, al final termina imponiendo recortes al presupuesto porque la caída en los ingresos no le da para cumplir con sus promesas contracíclicas. De lo contrario, el Gobierno incurría en una aceleración del desequilibrio fiscal que al final resultaría más costoso para la economía. 

Pero este carácter restrictivo, de hecho procíclico, sucede así por la naturaleza misma de la política fiscal, lo cual le da poca flexibilidad para responder oportunamente y en la medida necesaria ante eventos externos. Dicha inflexibilidad fiscal está determinada por dos factores: insuficiencia de ahorros públicos y por el hecho de que la política fiscal está atada a un objetivo de déficit público como proporción del PIB. En el primer caso, México es uno de los países que poco ahorro genera en épocas de bonanza petrolera o auge económico, lo cual no le da margen para gastar más en épocas de crisis.

En el segundo caso, a pesar de los buenos deseos gubernamentales por gastar más durante una recesión, al final tiene que revertir el gasto con tal de cumplir con el objetivo de déficit fiscal aprobado por el Congreso, ya que si el PIB se cae más de lo esperado, entonces el mismo nivel de déficit se incrementa como proporción de un PIB menor, por lo que siempre es necesario meter el freno fiscal. 

El hecho de que la política fiscal esté atada al objetivo de déficit fiscal relativo, no absoluto, tampoco está mal porque con ello se evita que haya una aceleración del desequilibrio fiscal; sin embargo, esto la hace más inflexible. Para solucionar esta inflexibilidad no se necesita cambiar dicho objetivo fiscal, sino más bien atacar el problema por el lado de generar ahorros en épocas de auge para poder gastarlos en tiempos de crisis, cosa que México solo ha hecho de manera tímida. Pero también se necesita darle más flexibilidad estructural a las finanzas públicas a través de la adopción de una regla fiscal más eficiente de la que hasta ahora existe: una regla fiscal estructural que ate el nivel de gasto al crecimiento potencial de la economía y no a la volatilidad del crecimiento cíclico. 

Por el lado monetario, se necesita que a la política monetaria se le dote de un mandato dual que le permita resolver un problema de optimización matemática al conseguir el máximo crecimiento con el mínimo de inflación. Se requiere entonces que el crecimiento económico deje de ser un "objetivo implícito" de la política monetaria, para pasar a ser un mandato constitucional. Esta es tarea de los políticos en el Congreso, no de los economistas. 

Dada la ausencia de estos elementos o cambios estructurales, los cuales le darían flexibilidad a la política económica, nada indica que la economía mexicana pueda salir mejor librada ante la eventualidad de una recesión en Estados Unidos, a pesar de todos los blindajes que sólo ayudan al ambiente financiero pero que poco aíslan a la economía real. En el mejor de los casos, si Estados Unidos se cae 1% en el 2012, México se contraería alrededor de 2%; pero si la caída en el vecino del norte alcanza 3%, entonces que no nos sorprenda que México repita su historia del 2009. Es indudable que la economía mexicana está más sólida comparada con las crisis del pasado, pero el golpe externo puede venir muy fuerte y nos va a doblar una vez más, con la economía amplificando la caída que se presente en Estados Unidos. 

* El autor es director de la empresa para América Latina. Este artículo es producido por Moody's Analytics, una empresa subsidiaria de Moody's Corporation (MCO) y encargada de producir análisis económico. Estos comentarios son independientes y no reflejan la opinión de Moody's Investors Service, Inc., la agencia calificadora de riesgo, también subsidiaria de MCO.

 

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