No es el peso, es el dólar

La recuperación de la divisa mexicana obedece a factores ajenos a México, afirma Alfredo Coutiño; el director de AL de Moody´s Analytics dice que la razón está más en la debilidad del dólar.
dólar  (Foto: Thinkstock)
Alfredo Coutiño*
WEST CHESTER, Pensilvania (CNNExpansión) -

Los mercados están eufóricos con la fuerte revaluación del peso en las primeras cinco semanas del año, incluso hablan del "regreso del súper peso". Dado que nada ha cambiado estructuralmente en la economía mexicana en estas pocas semanas que justifique la euforia con el peso, su fortaleza se debe más a eventos externos y ajenos al propio peso. La revaluación cambiaria no es un evento exclusivo para la moneda mexicana, sino más bien es un evento generalizado para prácticamente el resto de las monedas emergentes, lo cual implica que la razón de la fortaleza cambiaria está más en la debilidad del dólar frente al resto del mundo. Efectivamente, el peso mexicano está entre los que más ganancias han logrado, incluso comparado con el "súper real brasileño", pero esto no hace al peso mejor que a otras monedas.

Existen dos factores detrás de la fuerte revaluación del peso, los cuales tienen que ver con eventos externos. El primero es la prolongación de las condiciones monetarias expansivas en los Estados Unidos, lo cual automáticamente implica debilidad del dólar al mantenerse o incluso ampliarse los niveles de excesiva liquidez en dólares suministrados por la Reserva Federal de aquí hasta el 2014. Lo anterior hace más fuertes a prácticamente todas las monedas emergentes, incluyendo al peso mexicano.

El hecho de que el peso sea de las monedas más fortalecidas se explica por el segundo factor: la mejoría en las perspectivas de recuperación económica estadounidense, que implica efectos positivos para la economía mexicana dada su alta dependencia del ciclo económico norteamericano. De hecho, este segundo factor puede ser la "excusa perfecta" para que algunos participantes del mercado empiecen a justificar su cambio de pronósticos con respecto al crecimiento de la economía mexicana en el presente año, para empezar a decir que México no crece menos, sino más que el año pasado.

Así pues, dado que la recuperación del peso no se debe a una mejor fortaleza económica interna, sino a la debilidad del dólar que al parecer se mantendrá por al menos los dos próximos años, la trayectoria del peso a lo largo del año dependerá prácticamente de factores fundamentales.

Es decir, considerando que la balanza comercial se deteriorará al ya no tener los mismos precios del petróleo y al aumentar las importaciones ante un mayor crecimiento económico, entonces el peso podría empezar a debilitarse, sobre todo durante la segunda mitad del año.

Otro factor que podría afectar al peso es el retiro preventivo de algunos capitales especulativos después de las elecciones presidenciales de julio, ante el inminente cambio de administración política en el país.

Por último, si los capitales especulativos se movieran buscando los mejores rendimientos de corto plazo, entonces preferirían ir a Brasil antes que a México, dado que el país sudamericano no sólo mantiene los rendimientos reales más altos, sino que incluso mantiene perspectivas económicas muy prometedoras. Por lo que es posible anticipar que la vida del "súper peso" no llegó para quedarse a lo largo de todo el año.

Por otro lado, la fortaleza del súper peso ya ha empezado a elevar la especulación en el mercado con respecto a un inminente recorte de tasas por parte del Banxico, ahora bajo el argumento de pretender combatir una excesiva revaluación cambiaria que afectará la competitividad industrial.

En primer lugar, por mandato constitucional el tipo de cambio no le debería quitar el sueño a las autoridades monetarias. En segundo lugar, una manera más efectiva y transparente de reducir las presiones revaluatorias sin generar otras distorsiones, como sí las generaría una baja de tasas, es a través de una acumulación más acelerada de reservas internacionales combinadas con un proceso de esterilización monetaria que permita mantener el control de la inflación.

Además esta medida presenta la gran ventaja de que ante una entrada masiva de capitales especulativos, la autoridad monetaria se previene retirando el exceso de dólares en el sistema para después poder hacerle frente al retiro masivo de dichos capitales en algún momento en el tiempo.

Así, la recomendación de los mercados para una baja de tasas no solo tendría consecuencias desequilibradoras en la demanda agregada, sino que incluso iría en contra del mandato anti-inflacionario de la política monetaria, porque para poder sostener tasas bajas se necesita que el banco central inyecte liquidez al sistema, lo cual alimentaría más a la inflación. Una vez más los mercados dan evidencia de responder a sus propios intereses.

*El autor es director para América Latina de Moody's Analytics.

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