OPINIÓN: 'Kony 2012', la punta del iceberg del conflicto en Uganda

El conflicto que se vive en Uganda es mucho más de lo que representan Joseph Kony y la campaña de Invisible Children, dice Mareike Schomerus
Joseph Kony se entrevista  con funcionarios de la ONU
EFE. Koseph Kony-Ejército de Resistencia del Señor-Uganda  Joseph Kony se entrevista con funcionarios de la ONU  (Foto: )
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Por:
Mareike Schomerus
Autor: Mareike Schomerus | Otra fuente: 1
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Nota del Editor: Mareike Schomerus es directora del Justice and Security Research Programme en la London School of Economics and Political Science. Es autora de “Chasing the Kony Story” y “A terrorist is not a person like me: An interview with Joseph Kony” y muchas otras publicaciones acerca del conflicto de LRA.

(CNN) — “Estás complicando nuestra labor aquí”.

Es una observación aislada, totalmente política y callada. Lo dice un hombre casi al principio del video “Kony 2012”. Si has visto el video —probablemente ya lo has hecho—, a lo mejor te perdiste de esta interacción de apenas cuatro minutos en la película. El hombre, preocupado porque su trabajo se volverá más complicado, intenta interrumpir al director, quien entrevista a un niño en Gulu, una ciudad ubicada al norte de Uganda. No se quién era ese hombre, o qué trataba de hacer. Pero sus palabras resultaron proféticas: “Tú estás complicando nuestra labor aquí”.

Jason Rusell, el personaje más conocido del grupo Invisible Children, ha provocado que la tarea de lograr el cambio se convierta en algo realmente complicado. La campaña de Invisible Children es un llamado muy bien elaborado para dejar los asuntos de estado tal y como están. Sus mensajes parecen tan modernos porque sus herramientas lo son. Su postura es conformista: atacar a la violencia con violencia, dejar a un lado los complicados procedimientos del cambio social y practicar una ideología compatible con las masas, con la intención de que millones de personas que no cuestionan nada alcen sus puños en señal de apoyo. Para Estados Unidos, Europa y otros rincones del mundo que son generalmente apacibles, esta es una imagen preocupante de una cultura de masas que fácilmente cae en el nivel de propaganda.

Para los lugares del mundo menos apacibles, como en los que el Ejército de Resistencia del Señor (LRA por sus siglas en inglés) está activo, el apoyo masivo para mantener el status quo es una tragedia.

¿Entonces cuál es el status quo? Bueno, de hecho es complicado. Pero es suficiente decir que, por décadas, ésta ha sido una mezcla complicada de violencia que causa más violencia, un gobierno violento que obtiene el apoyo internacional difamando una parte del conflicto, y la atención internacional se limita, por lo general, a momentos en los que las celebridades —mal informadas—, manifiestan su inconformidad y horror por lo sucedido. Ha sido parte de la estrategia del gobierno de Uganda hacer parecer esta guerra como el viaje hacia la locura de un hombre: Joseph Kony. Es esta la percepción que debe ser modificada.

¿Qué es lo que hace la campaña de Invisible Children? ¿Aboga por combatir la violencia con más violencia? ¿Obteniendo el apoyo internacional para un gobierno violento? ¿Hacer que celebridades desinformadas expresen su shock y su horror? ¿Enfocar este conflicto en sólo una persona? ¿Hacer que millones de personas lancen consignas al aire? ¿Y con qué fin?

La campaña aboga por una visión del mundo que resulta muy limitada. También es una visión costosa. Del 2006 al 2008, la situación del conflicto del LRA con el gobierno era prometedora, al grado de que la violencia desapareció. El LRA dejó Uganda porque se comprometieron a sostener pláticas de paz, lentas, impredecibles y por lo general irritantes, que no garantizaban éxito alguno. Pero estas pláticas hicieron que la situación mejorara rápidamente. Dos años de diálogo costaron poco menos de $15 millones de dólares.

Las pláticas de paz se transformaron en guerra a finales del 2008: Kony no estaba seguro de firmar el acuerdo de paz mientras que Invisible Children apoyaba el involucramiento de EU, quienes apoyaron a la milicia de Uganda para aumentar la presión militar. La posibilidad de alcanzar un cambio social por la vía pacífica llegó a su fin cuando el ejército de Uganda usó la ayuda de EU para bombardear el campamento de LRA. La guerra estaba de regreso. En los primeros años de la pobre operación militar, un avión de guerra que valía millones de dólares se perdió y miles de personas desaparecieron o fueron asesinadas. La guerra es mucho más cara que la paz.

Abogar por la guerra a través de una campaña de este tipo ofrece pocos matices. Hacerse de publicidad a través de un video, sumado a los kits de información y ofrecer indicaciones sobre lo que se debe de hacer, deja poco espacio para el pensamiento y el análisis. Resulta miope el hecho de focalizar el problema en un hombre que no es el responsable absoluto del conflicto, tal y como pretende hacer Invisible Children.

Los cambios sociales se logran de forma paulatina. Debe haber espacio para la negociación, fijar compromisos y debatir. También se necesita hacer cosas aburridas: tediosos días para intercambiar puntos de vista y llegar a acuerdos, la poca atractiva tarea de aterrizar lo acordado, y mantener siempre la mente abierta. Se necesita también que gente de bajo perfil realice sus pequeñas pero importantes contribuciones. No son estas las personas que se hacen de un kit informativo o retuitean la información que se difunde. Son personas que, a raíz de la campaña de Invisible Children, creen que la mejor forma de contribuir al cambio social es colgando un cartel y usando una pulsera, en lugar de entender que el contexto político es más complicado de lo que parece, ya que incluye riesgos y gastos, y va más allá del simple hecho de abogar por el derrocamiento de una persona. 

"Estás complicando nuestra labor aquí", dice el hombre al principio del video de Kony 2012. Y vaya que estaba en lo cierto.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Mareike Schomerus.

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