OPINIÓN: Las redes sociales, ¿un asteroide para el 'dinosaurio' Google?

Los esfuerzos de la compañía por competir con las redes sociales le han traído más episodios vergonzosos que beneficios
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Andrew Keen
Autor: Andrew Keen | Otra fuente: 1
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Nota del Editor: Andrew Keen es un empresario británicoamericano y un escéptico profesional. Es autor de los libros The Cult of the Amateur y de Digital Vertigo, próximo a ser publicado. Este es el más reciente de sus comentarios para CNN acerca de cómo las tendencias de internet influencian la cultura social. Síguelo en Twitter en @ajkeen.

(CNN) — De toda la destrucción creativa que Internet ha desatado en la última década, ha habido una constante: el increíble dominio de Google en la economía del internet.

En el mundo de la web 2.0 dominado por las búsquedas y las ligas, Google y su algoritmo artificial han tenido el reinado supremo desde el lanzamiento al mercado bursátil de la compañía, del que tanto alardearon en agosto del 2004.

Pero ahora que vamos de la economía web 2.0 a la web 3.0, hasta Google que era invulnerable, puede estar en problemas.

Sí, por primera vez en la década, la dominación global de Google en la economía del internet parece estar en peligro. Este reto de Google tiene dos caras, el mercado y el gobierno.

La amenaza del mercado nace de la creciente presencia de las redes sociales. La economía de los links está siendo remplazada por la economía de los likes en un mundo de la web 3.0 descrito por Reid Hoffman, cofundador de LinkedIn, como “identidades reales que generan cantidades masivas de información”.

Y el surgimiento de las redes sociales con su avalancha de información personal es, por supuesto, manejado principalmente por Facebook, la locomotora de la economía de los likes, con casi 1,000 millones de miembros y su esperada oferta pública inicial en la bolsa de valores que será de 100,000 millones de dólares más adelante este año.

El cambio dramático de la búqueda tradicional a las redes sociales, fue señalado la semana pasada en un discurso de Tanya Corduroy, la directora de desarrollo digital del diario británico The Guardian. Hace dieciocho meses, reveló Corduroy, las búsquedas en internet representaron el 40% del tráfico de del diario y las redes sociales solo hicieron un 2%. Sin embargo el mes pasado, ella reconoció un “cambio sistémico” en el tráfico de recursos de The Guardian, con Facebook manejando más tráfico que Google y produciendo más del 30% de los recursos de los periódicos.

Claro, Google no se ha quedado estático frente al tsunami de Facebook. Primero estuvieron los productos sociales del Buzz y del Wave, los cuales fueron un fracaso vergonzoso. Y después, el año pasado Google lanzó el “casi competidor de Facebook” Google+, un producto que un ex trabajador de Google cree que ha arruinado a la compañía al tratar de convertir todos los productos de Google en servicios sociales. De hecho Google acaba de lanzar un nuevo producto de búsqueda llamado Search Plus Your World (SPYW), probablemente el movimiento más radical en la historia de la compañía, que determina los resultados de búsqueda según criterios sociales, en lugar de algorítmicos.

Mientras, el público todavía no expresa su veredicto sobre el éxito de Google+, pero ya disponen de información que establece que los usuarios pasan un promedio de apenas 3.3 minutos en dicha red social, por lo que no queda duda de que Google es implacable en su deseo de ser el centro el mundo social de la web 3.0. Larry Page, el nuevo director ejecutiuvo de Google, ha atado el 25% de todos los bonos al éxito de la estrategia de la compañía en lo que corresponde a la red social.

Ciertamente, el problema puede ser que Google se esfuerza demasiado para transformarse en una compañía social. En enero, el anuncio de Google en el sentido de que buscaría consolidar la información personal mediante los diferentes productos y servicios, desde Gmail a YouTube pasando por Google+ y SPYW, incluyendo Google Maps y la búsqueda tradicional, provocó que un preocupado escritor de tecnología sugiriera que Google iba a saber más acerca de nosotros que nuestras esposas.

Y mientras los ejecutivos de Google como Vic Gundotra, el supremo de Google+, prometieron que no vulnerarían la confianza de sus usuarios, cada vez son más los expertos a los que preocupa la obsesión de Google por estar al nivel de Facebook.

Desde mi punto de vista, Google no es más o menos malvado que un banco multinacional o una compañía petrolera. Pero hay razones para temerle al apetito insaciable de la compañía por nuestra información personal en el mundo de la web 3.0. Eso es porque el modelo de negocio de Google se basa principalmente en la venta de anuncios alrededor de sus productos gratuitos. Así que el deseo de Google de conocernos íntimamente es guiado principalmente por el objetivo base de su negocio de venderle ese conocimiento a los anunciantes, de una manera u otra.

Esta amenaza fue expuesta fríamente por el Centro de Democracia Digital en una queja acerca de su política de privacidad en la Comisión del Tratado Federal de Estados Unidos (FTC, por sus siglas en inglés): “En particular, Google falla para informarle a sus usuarios de que su nuevo régimen de políticas se basan en los imperativos de su negocio: hacerse cargo de la competencia de Facebook, para aumentar su capacidad para hacer un perfil y ubicar finamente a través de las compras de la audiencia; recolectar, integrar y utilizar la información del usuario para expandir su medio social, su búsqueda social y actividades de mercado …”

Los gobiernos alrededor del mundo están, sin embargo, despertando a esta amenaza. Un número de legisladores, por ejemplo, cuestionaron el impacto de esta nueva política en la privacidad de los usuarios.

A principios de esta semana, el FTC publicó un reporte de 57 páginas de recomendaciones de privacidad que incluían la adición de un sistema de “no rastreo”,e con la intención de darnos más control de nuestra información que está en línea. Y el mes pasado, la Casa Blanca propuso su propia “Ley de derechos de privacidad”, que depende de compromisos voluntarios tanto de Google como de Facebook.

Pero Google, motivado por la envidia que le tiene a Facebook, no está de humor como para comprometerse voluntariamente para proteger nuestra privacidad. A pesar de la presión evidente de los gobiernos de EU y de varios países europeos para no implementar una política que consolide toda nuestra información personal a través de todos los productos y servicios de la compañía, Google lo materializó el primero de marzo, al poner en práctica su controvertida nueva política de privacidad.

Yo sospecho que es aquí donde radica la vulnerabilidad de Google. A finales del mes pasado, la Comission Nationale de l’Information et des Libertes (CNIL9, la autoridad de protección de información de Francia), le escribió a Larry Page advirtiéndole que la nueva política de privacidad de Google podría ser ilegal en la Unión Europea. La carta del CNIL fue muy apoyada por Viviane Reding, Comisionado de Justicia de la Unión Europea, quien también pidió que Google retrasara la implementación de la política.

El próximo mes, reguladores del bloque europeo, guiados por Joaquín Almunia, Comisionado de Competencias, anunciarán sus planes para perseguir una investigación de falta de confianza en las extensas prácticas empresariales de Google, particularmente las acusaciones de varias compañías, incluyendo a Microsoft, Travelocity, Expedia y Kayak, que dicen que ha abusado de su posición dominante en las búsquedas.

Dada toda la controversia alrededor de la nueva política de privacidad de la compañía, no te sorprendas si esto contribuye a que Almunia formalice los cargos de falta de confianza en contra de Google.

Sospecho que el 2012 será recordado como el año en que las fortunas de Google empezaron a decaer. Claro que la compañía no va a desaparecer. Pero con un nuevo director sin experiencia, una nueva política de privacidad mal hecha, un marcado declive de la confianza del público y una investigación por falta de confianza de parte de la Unión Europea, es difícil ver a Google dominando el mundo web 3.0 de la misma posición libre de riesgos con la que alguna vez controló la economía de la web 2.0.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Andrew Keen.

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