Crimen y violencia: un freno en AL

Ambos preocupan más a la gente que el desempleo o la corrupción, dice Rodrigo Serrano-Berthet; una solución regional y la difusión de experiencias exitosas son fundamentales, agrega.
armas  (Foto: Notimex)
Rodrigo Serrano-Berthet*
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

Más empleo, más educación, mejoras policiales y en justicia. La lista de sugerencias del público para enfrentar la ola de violencia y crimen que azota a América Latina -Centroamérica en particular- es corta, pero da en el blanco.  

Los cuatro elementos han sido mencionados por expertos -incluido el Banco Mundial -  como parte del menú  que debe incluir toda estrategia contra la violencia que ya ha costado miles de vidas y millones de dólares a los países, afectando al desarrollo mismo de la región.

Para que este tipo de intervenciones logren prevenir la violencia en el corto y mediano plazo, la clave es que se orienten hacia los lugares y personas con mayores riesgos de involucrarse en situaciones de crimen y violencia. Y que sean parte de un enfoque integral más amplio que combine prevención, disuasión y el cumplimiento de la ley.

"Necesitamos más educación y un sistema de justicia que realmente funcione", dijo Verónica Aguirre V. en una conversación sobre el tema en la página de Facebook del Banco Mundial.

Antonio Chiriboga, también usuario de la red social, la secunda: "En el mediano y largo plazo, (es necesaria la) educación para guiar a las futuras generaciones a un mejor futuro, con más puestos de trabajo".

Cuando se le pregunta a los ciudadanos de América Latina y el Caribe cuál es el problema más importante que enfrentan sus países, el crimen y la violencia aventajan al desempleo, la crisis económica o la corrupción en sus respuestas.

Desde México hasta Argentina, el flagelo de la inseguridad afecta a toda la región, aunque sus causas y manifestaciones varíen de país en país.

En lugares como Honduras, El Salvador o Jamaica las altísimas tasas de homicidio son el resultado de un cóctel explosivo que combina debilidades institucionales y deudas sociales, con la violencia generada por el narcotráfico y la guerra entre cárteles o pandillas.

En Argentina, por contraste, el aumento en la delincuencia común, por motivos económicos (robos, asaltos), parece explicar que el país tenga la  segunda tasa de inseguridad más alta de la región, pese a tener la segunda tasa de homicidios más baja del continente.

Un estudio reciente del Banco Mundial sobre crimen y violencia en Centroamérica destaca los efectos negativos que tienen sobre el tejido social, las instituciones, el clima de inversión y las posibilidades de los gobiernos de atender otras necesidades sociales.

Estima, por ejemplo, que en los países del istmo con altas tasas de crimen, su costo ascendería a 8 o 10% del PBI, cifra superior al gasto que se dedica a los sectores sociales. Por otro lado, una reducción del 10% en la tasa de homicidios de estos países llevaría a un aumento del 1% en el ingreso per cápita.

A nivel mundial, 11 de los 13 países donde las empresas se ven más afectadas por el crimen y la violencia están en América Latina y el Caribe, e incluyen a México, Colombia y Venezuela, según un ranking de 142 países elaborado por el Reporte de Competitividad Global 2011-2012 del Foro Económico Mundial (WEF, según siglas en inglés).

Los pobres también sufren desproporcionadamente. Las desventajas iniciales que enfrentan se profundizan con la llegada del crimen. Éste limita la movilidad urbana, impone "impuestos de guerra" a toda la actividad económica local, agrega un estigma a las mayorías honradas, limitando sus oportunidades de  trabajo, y vuelve las acciones integradoras del Estado más difíciles y complejas de realizar.

Para  reducir la pobreza y promover el desarrollo económico es necesario enfrentar el desafío del crimen y la violencia.  Sabemos que es un problema complejo sin soluciones fáciles. La respuesta debe ser integral y atender las causas que llevan al problema.

Este modelo de trabajo se viene aplicado progresivamente en toda la región. En Río de Janeiro, por ejemplo, los esfuerzos de gobiernos estatales y municipales por retomar el control de las "favelas" de las manos del narcotráfico incluyen, por ejemplo, iniciativas sociales orientadas a consolidar la paz luego de la pacificación inicial realizada por la Policía y un esfuerzo conjunto del sector privado, la sociedad civil y el Estado para integrar a las favelas al resto de la ciudad.

Si bien gran parte de la criminalidad se concentra en ciertas ciudades y barrios, en muchos casos existe un fuerte componente transnacional, como en Centroamérica. Por ello, es esencial la estrategia regional de seguridad para Centroamérica, elaborada por todos los países del istmo y respaldada por importante número de países vecinos y de fuera de la región.

Difundir las experiencias exitosas de reducción del crimen y la violencia es fundamental. Colombia ha sido fuente de innovaciones promisorias. El "urbanismo social" de Medellín, los experimentos de cultura de paz y convivencia de Bogotá, los observatorios de violencia a nivel municipal, y la restitución de derechos a poblaciones desplazadas por el conflicto, son sólo algunos ejemplos.

La inseguridad es un problema de todos y su solución también requiere del aporte colectivo: el Gobierno, el sector privado, la sociedad civil y los organismos transnacionales y multinacionales a nivel global. Si la violencia y el crimen no tienen fronteras, tampoco lo debe tener el esfuerzo para detenerlas.

*El autor es especialista senior en desarrollo social del Banco Mundial.

Los interesados en la discusión pueden unirse a la página de Facebook del Banco Mundial.

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