Nostalgia por la peseta, franco y dracma

¿Qué buscan los electores o las alianzas oscilantes entre la derecha y la izquierda en la UE?; la salida a la crisis en Europa debe surgir del binomio política-economía, dice Iliana Rodríguez.
franco suizo  (Foto: AP)
Iliana Rodríguez Santibáñez*
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

Mientras gobiernos de derecha sufren la crisis económica en la Unión Europea (UE), la izquierda regresa con el discurso prometedor del desarrollo social ante la austeridad fiscal que prevalece.

En España, el presidente Rajoy de derecha (PP) llama a su opositor de izquierda, Alfredo Pérez Rubalcaba (PSOE), a dialogar frente a la crisis; mientras en Francia, François Hollande del Partido Socialista (PS) desbanca en mayo de este año a Nicolás Sarkozy que presidía a la derecha en la Unión por un Movimiento Popular (UMP); y por último el Partido Unión Demócrata Cristiana de Merkel va perdiendo ventaja frente al partido Socialdemócrata.

¿Qué buscan los electores o las alianzas oscilantes entre la derecha y la izquierda en la UE?

Atenuar el impacto de la crisis en la calidad de vida de los europeos, buscando el justo medio entre austeridad y sacrifico son panoramas desalentadores, pero a largo plazo permitirán que subsista no sólo el euro sino la misma UE, sin tener que expulsar a ninguno de sus miembros o condonar sus deudas por una quiebra inevitable.

¿La UE es sólo movida por el factor económico?

Europa es el resultado de siglos de historia compartida. Su unión puede ser resultado de ideas recogidas desde Julio César hasta Napoleón, si así se desea observar. En todos los casos, la guerra siempre ha sido un detonante para pensar en esta unión, tal y como sucedió en los orígenes de la UE durante la etapa posterior a la Segunda Guerra Mundial, cuando Francia y Alemania buscaron "integrar la totalidad de la producción franco-alemana de carbón y acero bajo una Alta Autoridad común abierta a los demás países europeos" a través de lo que sería el Tratado de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero.

En esta etapa Alemania era una amenaza exponencial para la paz, la única solución era mantenerla dentro de mecanismos de paz y cooperación. He aquí el factor político y luego el económico de la UE.

La idea de la actual UE nació en 1957 con el Tratado de la Comunidad Económica Europea (CEE), que a partir de 1972 amplió el número de sus miembros con la presencia de dos países de renta y capacidades económicas importantes, como el Reino Unido y Dinamarca.

Por otra parte, aceptó a países como Grecia que ingresó en 1979 y que no alcanzaba ni el 50% del PIB medio de la comunidad, pero que era aliado natural del Reino Unido por su posición geográfica (frenó a migraciones turcas entre otras razones).

La crisis actual exhibe a países como España y Portugal; su ingreso muestra por qué hoy padecen más que otros países. Ambos ingresaron hasta 1985 con su adhesión al Tratado de Lisboa, con una clara vocación por los sectores primario y terciario de la economía. Tenían un desarrollo bajo en el sector de servicios y técnicas de producción así como niveles de renta inferiores a la media comunitaria. Tanto Grecia y España, que hoy penden bajo la espada de Damocles, entraron al modelo integracionista con esta asimetría respecto del resto de miembros de la UE, esta es una de las razones para comprender por qué hoy son de las economías más vapuleadas por la crisis. El tiempo suele ser un duro verdugo.

La entrada a partir del 2004 de ocho países del antiguo bloque comunista trajo consigo otra dinámica singular. Además cambiaría la dirección del Tratado de Maastricht a través del concepto de Comunidad Europea que conduce al de Unión Europea.

Todo un complejo sistema de intercambio ya no sólo de mercancías, sino de servicios y del tránsito de personas. Era un modelo aparentemente perfecto de integración económica, que nunca imaginó que la burbuja inflacionaria resultado de la crisis hipotecaria de los Estados Unidos del 2005 y sus secuelas en el 2008, la arrastrarían a la crisis actual por esta interdependencia de capitales, que no es exclusiva de un continente pues su movilidad es la que permite su rentabilidad, pero también el descontrol financiero.

No se debe perder de vista que el incremento de precios en los energéticos afecta a economías emergentes como China e India que son proveedores no sólo de la UE sino de Estados Unidos. Esto provoca el incremento de precios en la industria, lo que encarece el precio de los alimentos en desproporción a los niveles de ingreso por país. No hay armonía entre crecimiento económico y desarrollo social en todos los casos. Esto lleva a la desesperación a las poblaciones afectadas de un Estado.

Francia es aliado natural de Alemania, veremos si continúan siéndolo, pues Hollande presiona por medidas para fomentar el crecimiento económico y el desarrollo social, mientras que Merkel rechaza la emisión de eurobonos, que no son la solución para generar crecimiento y en cambio pueden atomizar los incipientes resultados del plan de austeridad y acarrear problemas legales y económicos.

La UE es producto del interés integracionista de los mercados por crear una región altamente competitiva frente a otros bloques o regiones económicas, pero lo cierto es que el binomio economía-política va de la mano. La crisis en Europa nos permite ver cómo interactúan ambos factores para encaminar este movimiento integracionista hacia el objetivo inicial del mismo: un área geopolítica que conlleve a la seguridad regional bajo la estabilidad económica que hoy es incierta.

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La nostalgia, y en ocasiones añoranza por la peseta, el franco, el dracma o cualquiera de las antiguas monedas y sus valores en Europa, son sólo eso, pues la historia si bien debe considerarse, no debe ignorar el grado de integración y progresividad que las políticas económicas de los Estados miembros han generado en los últimos años, la crisis es circunstancial no permanente.

*Profesora-investigadora. Departamento de Estudios Jurídicos y Sociales del TEC de Monterrey Campus ciudad de México.

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