Los Himalayas, inspiración para un líder

Es un error etiquetar a los colaboradores, se debe reconocer su desempeño, dice Claudia González; sigue día a día un seminario a más de 2,900 metros de altura organizado por la Wharton University.
Himalaya

Hoy nos despertamos a las 4:50 am para ascender y ver el amanecer a 4,600 metros de altura.

A las 6 de la mañana fuimos a la ceremonia budista tibetana con los monjes cantando. Nunca tuve una meditación tan profunda e interesante en mi vida. De hecho, es la primera meditación en la que no me duermo. Fue i-n-c-r-e-í-b-l-e.

Todo el día  fue en el monasterio. Hay algunas cosas que me llamaron la atención. Para el budismo, contrario al cristianismo, el cielo y el infierno no son permanentes. Se puede mover de uno a otro a través del quemar o ganar karma -tanto para bien como para mal. 

De la misma forma, los líderes tienen que reconocer que el desempeño de sus empleados también fluctúa y puede ser moldeado. Etiquetar a empleados como "buenos" o "malos" puede ser una categorización superflua.

Por la tarde, nos dio audiencia el Rambuche Lama, quien es la autoridad máxima tibetana de esta región.  A él lo eligieron cuando tenía tres años, como en la película. 

Durante una hora, el Lama nos habló de las características necesarias de una persona, un padre de familia, un líder de empresa y hasta de un político.

Le dije que en mi país habría próximamente elecciones. El Lama dijo que el rol de los políticos y los Gobiernos es antes que nada saber "qué es lo que están haciendo" y después poner a personas que saben sobre algo a cargo (por ejemplo: Un experto en educación a cargo de la Secretaria de Educación). 

No ahondé en el tema de México, pero sí nos dio bendiciones y entre mis pensamientos pasó pedir por el futuro de mi país.

Un día interesante y de descanso; ahora listos para los que siguen, que serán de frío, nieve y mucho reto físico y mental.

 *Claudia González es directora de Marketing  de Global Fund (Fondo Mundial) el mecanismo financiero más grande e importante del mundo, que se dedica a combatir el SIDA, el paludismo y la malaria, tres enfermedades que tienen mayor impacto social, político y económico en todos los países. Durante dos años fue directora de relaciones públicas y proyectos especiales en la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados y luego trabajó ocho años en el Foro Económico Mundial. Fue diplomática y corresponsal de prensa.

 

 

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