AL: el reto de reimpulsar el crecimiento

La capacidad productiva de la región aumentó durante la década pasada, dice Alfredo Coutiño; los Gobiernos tienen que aprobar reformas estructurales para superar el golpe de la crisis.
columna coutino  (Foto: Archivo)
Alfredo Coutiño*
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

Durante la última década, la capacidad de crecimiento de América Latina aumentó principalmente como resultado de la apertura económica y la desregulación, lo cual atrajo flujos importantes de inversión productiva.

El reciente auge en las materias primas permitió que la región aumentara sus niveles de ahorro y de acumulación de capital, una de las fuentes fundamentales de crecimiento permanente.

Sin embargo, la crisis global de 2008-2009 generó una destrucción masiva del capital en todo el mundo, lo que también afectó a la capacidad productiva de la región. Esto explica la pérdida de un punto porcentual en la tasa de crecimiento potencial de América Latina a lo largo de los últimos años.

Con la finalidad de reforzar la capacidad productiva, la región requiere la profundización de las reformas estructurales.

Las fuentes fundamentales del crecimiento

El producto potencial se define como la máxima producción que se puede lograr al nivel de pleno empleo de los recursos disponibles.

Esto implica que el estado estacionario se alcanza en el punto en el que la tasa de crecimiento es constante y la economía crece sin desequilibrios. Por ende, cualquier desviación de la situación estacionaria es resultado mayormente de un choque interno o externo.

Un exceso de demanda interna siempre pone a la economía en una situación de sobreuso de recursos, lo que lleva a la generación de desequilibrios mayores. Mientras que una subutilización de recursos pone a la economía en niveles inferiores a su producto potencial. La diferencia entre el producto observado y el potencial se conoce como la brecha de producto.

En términos generales, la capacidad de crecimiento de una economía está determinada por la infraestructura de producción instalada y la mano de obra disponible.

En términos macroeconómicos, la producción está determinada por la disponibilidad de capital, trabajo y tecnología. En términos reducidos, la capacidad potencial de crecimiento depende del ahorro y la inversión, la productividad y el cambio tecnológico.

La prolongación de un crecimiento por encima de la capacidad productiva generalmente lleva a desequilibrios, por lo que la única manera de generar un crecimiento sostenible más alto es reforzando las fuentes fundamentales del crecimiento, lo cual aumenta la capacidad productiva.

De aquí resulta evidente que las políticas económicas expansivas no generan crecimiento permanente, sino sólo transitorio. De hecho, las autoridades sólo deberían utilizar la política económica para reducir la volatilidad del crecimiento con respecto al nivel potencial. En otras palabras, las políticas expansivas deberían utilizarse para compensar a la economía cuando la producción sea menor al nivel potencial y las políticas contra-accionarias cuando la producción sea superior al nivel potencial.

Debido a que la población no cambia significativamente en el corto plazo y la productividad depende en gran medida de la inversión en tecnología y educación, la acumulación de capital se convierte entonces en el factor más importante en la determinación de la capacidad productiva de una economía y, en consecuencia, del producto potencial.

De aquí que, dada la disponibilidad de mano de obra, la aceleración de la inversión permite no sólo aumentar la infraestructura sino también tener acceso a una mejor tecnología y mejorar la educación, lo que, en última instancia, ampliará el potencial productivo de la economía.

Esto explica el porqué países con una alta proporción de inversión a producto (China, India y Chile) han sido capaces de mantener tasas de crecimiento altas a lo largo del tiempo. Para poder aumentar la inversión, un país necesita fomentar el ahorro en los sectores público y privado, así como atraer flujos de inversión directa del extranjero, lo que se puede lograr mediante la combinación de reformas estructurales y disciplina económica.

Capacidad potencial en la región

La tasa de crecimiento potencial en América Latina alcanzó un máximo de 4.4% durante la última década, lo que coincidió con una mayor apertura económica y desregulación, así como con el auge de las materias primas.

De hecho, durante el más reciente episodio favorable para las materias primas, los Gobiernos latinoamericanos se vieron en posibilidad de aumentar tanto el ahorro como la inversión y, en consecuencia, el acceso a mejor tecnología.

No cabe duda que el auge de las materias primas fue una bendición para la región, pero más importante es el hecho de que los Gobiernos se esforzaron por mantener la disciplina fiscal y ahorrar para el futuro.

Esto también explica por qué la inversión alcanzó su máximo nivel durante estos años. Nuestras estimaciones para el crecimiento potencial de la región (utilizando el filtro Hodrick-Prescott) indican que América Latina acumuló un nivel significativo de capacidad productiva durante la década pasada, alcanzando un crecimiento potencial promedio de 3.7% en el periodo 2003-2011, en comparación con 2.5% entre 1994 y 2002.

Por lo que el auge de las materias primas, que empezó en 2003 y se interrumpió en 2009, fue un evento importante en la expansión de la capacidad potencial de América Latina.

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        Fuente: Moody's

Sin embargo, de la misma forma en que los auges fomentan la inversión, las crisis la destruyen. Con la recesión global de 2008-2009 y el desplome de los mercados accionarios, muchos ahorros desaparecieron tanto para empresas como para particulares, llevando a muchos negocios a desaparecer.

Es obvio que la crisis no sólo generó una destrucción de capital físico, sino también redujo la capacidad de realizar inversiones futuras. América Latina no se libró de la destrucción de capital, y las inversiones perdieron un par de puntos porcentuales del PIB en 2009. Con la prolongada volatilidad financiera de los últimos tres años y el deterioro de las condiciones externas, las posibilidades de realizar nuevas inversiones siguieron estando limitadas.

Como resultado, el crecimiento potencial de la región se redujo de un máximo de 4.4% en 2006 a 3.4% en 2009, permaneciendo alrededor de ese nivel entre 2010 y 2011.

El producto potencial se redujo en todos los países de América Latina durante la recesión de 2009, precisamente debido a las pérdidas financieras que afectaron la acumulación de capital.

Sin embargo, durante el auge de las materias primas (2003-2008), la mayoría de los países experimentaron un incremento en su capacidad productiva, con sólo dos excepciones: Chile y México.

En el primer caso, Chile pareció beneficiarse del auge de las materias primas más a través de la acumulación de ahorro que de inversión, ya que mantuvo la inversión total en un nivel constante de alrededor de 25 por ciento del PIB. Esto también explica por qué Chile fue el país de América Latina con el mayor fondo soberano y con el poder contra-cíclico más fuerte en la política fiscal.

En el segundo caso, México perdió capacidad potencial no sólo debido a la ausencia de cambios estructurales, sino por su deficiente esfuerzo de ahorro e inversión que pudo haber hecho de sus exportaciones petroleras, lo cual limitó la acumulación de capital y restringió su capacidad productiva.

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         Fuente: Moody's

 

Los esfuerzos a futuro

A lo largo de la última década, la región aumentó su capacidad productiva gracias a los esfuerzos dirigidos al incremento del ahorro y la expansión de la inversión, principalmente como resultado de su apertura económica y las favorables condiciones del mercado de materias primas.

En ausencia de precios futuros de las materias primas permanentemente altos, la región necesariamente tendrá que recurrir a los cambios estructurales para ampliar su producción potencial.

La única manera de encaminar a una economía por una trayectoria de crecimiento sostenible es por medio del fortalecimiento de las fuentes permanentes del crecimiento (ahorro-inversión, productividad y cambio tecnológico). La región debe aprender que el problema fundamental no reside en crecer más, sino en aumentar la capacidad de producción de forma que la economía pueda crecer a tasas más altas con estabilidad macroeconómica.

Para aumentar el ahorro y la inversión, los Gobiernos de América Latina necesitan hacer dos cosas.

Primero, fortalecer la disciplina macroeconómica y ampliar el poder contra-cíclico de la política económica.

Segundo, continuar la profundización de los cambios estructurales para atraer más inversión, eliminar los cuellos de botella y crear una economía más resistente a los choques externos.

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Por lo anterior, los esfuerzos a futuro de América Latina deberían centrarse en la disciplina y las reformas.

* El autor es Director para América Latina Moody's Analytics.

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