OPINIÓN: La 'violación legítima', un discurso para educar a los jóvenes

Amitai Etzoni dice que la falla del político republicano es una oportunidad para combatir la ignorancia entre las nuevas generaciones
La violación legítima no causa embarazo: congresista
Autor: Amitai Etzioni | Otra fuente: 1

Nota del Editor: Amitai Etzioni, profesor de Relaciones Internacionales y director del Instituto de Estudios de Política Comunitaria en la Universidad de George Washington, es autor de “Hot Spots: American Foreign Policy in a Post-Human-Rights World”, que será publicado por Transaction este otoño.

(CNN)  Tanto republicanos como demócratas castigaron al legislador estadounidense Todd Akin por su comentario sobre la  “violación legítima", el cual insinuaba que no todas las violaciones son "injustificadas", como cuando un hombre casado forza a su mujer a tener relaciones sexuales. Desde entonces Akin ha intentado enmendar el error sin dejar de tropezar al decir que él solo se opone a la "violación forzada". Los críticos dicen que existe solo un tipo de violación, una de manera violenta. La violación es, por definición, una forma de asalto con agravantes.

Lo que los medios no saben es que la opinión de Akin acerca de la violación no es única. Es consecuencia de la agenda educativa a la que todos nos enfrentamos y eso es mucho más preocupante y desafiante que exhibir a un congresista que sufre la enfermedad de la "boca floja".  

El conocimiento de los jóvenes a cerca de la violación no ha cambiado mucho a través de los años. 

De acuerdo con algunas estadísticas, en el libro de 1988, I Never Called It Rape de Robin Warshaw, el 84% de los hombres universitarios que cometieron una violación afirmaron que no se trató de una violación como tal. Uno de cada 15 estudiantes masculinos reportaron que habían violado a alguien o que habían intentado hacerlo. Y “cerca de un tercio de hombres universitarios dijo que podría tener sexo con una persona a pesar de que esta no lo deseara".

En un estudio más reciente, publicado en el Diario de Psicología Clínica y Social de 1998, le preguntaron a los estudiantes hasta qué punto era aceptable que un hombre presionara verbalmente o forzara a su pareja a tener relaciones sexuales. Las respuestas mostraron que el 17% de los hombres consideró que usar la fuerza era una estrategia aceptable para obtener lo que desea.

Necesitamos utilizar el reciente escándalo en contra de Akin como una oportunidad de enseñanza.

Un buen lugar para empezar es con la gente joven en las preparatorias y universidades. Las asambleas pueden ser un punto de partida, especialmente si las voces de las víctimas son escuchadas y están dispuestas a contar su historia sobre cuáles son las cicatrices psicológicas que quedan por años y años. Lo mejor que puede hacerse después son discusiones abiertas entre hombres y mujeres en pequeños grupos.

Mejor aún, yo recomiendo un cambio de roles. Antes me burlaba de ese tipo de actividades porque los consideraba una mala broma hacia la educación. Cambié mi manera de pensar al ver cómo funcionaba.

Observé a un esposo hacer el papel de esposa, y la esposa actuaba como si fuera el hombre de la casa. Ella le preguntó a su esposo: “¿Qué hiciste todo el día?” y “¿Por qué llora el bebé y por qué está sucia la ropa?”.

Después el marido contó que por primera vez en su vida, sintió realmente lo que es quedarse en casa todo el día, hacer que todo funcione, lidiar con los niños y después ser tratado como si uno no trabajara.

Si a los hombres, quienes después de todo son el 99% de los violadores, se les pidiera que intercambien roles como si ellos hubieran sido violados por una mujer, es muy poco probable que funcione. Sin embargo, mis colegas en el Departamento de Psicología me dicen que los hombres, especialmente los jóvenes que no son particularmente atléticos, son muy sensibles hacia la idea de que puedan ser violados por otro hombre.

El provocar que un hombre se sienta acorralado por alguien que pretende ser, digamos, un entrenador de futbol o alguien con más poder y mejor imagen, puede evocarles lo que las mujeres sienten cuando son intimidadas.

No aseguro que esta acción, o cualquier otra herramienta o programa educativo, convencerá a uno o a todos de que la violación es un vergonzoso acto violento (y, por supuesto, una violación a la ley).

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Pero al menos deberíamos utilizar el incidente de Akin para generar una discusión acerca de lo que es y no una manera aceptable de tener sexo con alguien. Entender que cualquier uso de la fuerza lastima profundamente a aquellos que son víctimas del abuso e insistir en que el violador no es "más hombre" por sus actos.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Amitai Etzioni.

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